martes, 17 de abril de 2018

Ataque a Siria: “Justicia” por conveniencia


Estados Unidos, junto a sus aliados franceses y británicos, lanzó un ataque con misiles contra instalaciones de las fuerzas armadas y la infraestructura civil de Siria. Esto lo hizo sin la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU).
En este artículo pretendemos estudiar esta agresión, considerando la situación en Siria, el deber de la ONU y el doble estándar de Occidente respecto a los derechos humanos, como muestran los casos de Arabia Saudí en Yemen e Israel en Gaza.
Situación en suelo sirio antes del ataque
Este ataque tripartito se produjo en momentos en que las tropas sirias estaban eliminando los últimos rastros de los terroristas en su país, tras el anuncio de la derrota de Daesh en sus territorios. Además, hace una semana, lograron retomar el pleno control de la ciudad siria de Duma, su último bastión en el enclave de Guta Oriental, a las afueras de Damasco, la capital de Siria. Teniendo en cuenta esta situación que se presenta en suelo sirio, huelga decir que a Damasco no le hace falta lanzar un ataque químico, más aun cuando está recuperando las últimas zonas de Duma, y menos para dar una excusa a sus enemigos para que se involucren en una guerra. Además hay que señalar que el Gobierno sirio, bajo la supervisión del Consejo de Seguridad de la ONU y la coordinación de Rusia y EEUU, entregó en 2013 todo su arsenal químico, y según los observadores carece de este tipo de armas.
Ataque sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU
Justo coincidiendo con estas victorias y avances del Ejército sirio, EEUU planteó el alegato del uso de armas químicas en Duma. Pidió una reunión de emergencia en el Consejo de Seguridad para recibir así su autorización y proceder a una intervención en Siria. Cuando vio fracasar su plan, debido al veto de Rusia, trató de convencer a sus aliados para hacerlo. De esta manera recibió el visto bueno del Reino Unido y Francia, haciendo oídos sordos del anuncio de Damasco de su plena disposición para colaborar con la Organización para la Prohibición de Armas Químicas en aras de despejar cualquier duda al respecto. Washington afirmó que con o sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU reaccionaría ante este caso. Lo sorprendente radica en que ni siquiera los propios EEUU tienen pruebas fehacientes de que sí ha habido un ataque químico ni quién ha sido su autor. En este contexto, el jefe del Pentágono, James Mattis, admitió en el Congreso: "Ha habido varios ataques de este tipo. En muchos casos, usted sabe que no tenemos tropas, no estamos involucrados en el terreno allí, así que no puedo decir que tegamos pruebas, a pesar de que contamos con muchos indicios de medios y redes sociales de que se usó cloro o sarín". Sin embargo, ignorando a la ONU y las advertencias de Rusia, los tres países atacaron diferentes puntos del territorio sirio con misiles que impactaron en centros de investigación y militares del país árabe.
El ataque se llevó a cabo como había prometido EEUU, sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, situación que pone en cuestión, una vez más, el rol de este consejo cuyo principal deber es mantener la paz y salvaguardar la soberanía de los países miembros e independientes.
Actuar a favor de la “justicia” para Siria, no para Arabia Saudí e Israel
Después del comienzo de los ataques, el mandatario de EEUU, Donald Trump, y la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, ofrecieron sendos discursos en los que hablaron de ética y de la necesidad imperante de actuar para salvaguardar la vida de los inocentes, especialmente de los civiles, en Siria. May insistió en los más de 70 muertos en el supuesto ataque químico del pasado sábado en Duma, y lamentó que entre las víctimas hubiera muchos civiles. Sus palabras acerca de la moral y la ética de EEUU y sus aliados se producen cuando, a varios kilómetros de distancia, en el otro extremo de Oriente Medio, Arabia Saudí masacra al pueblo más pobre del mundo árabe, Yemen, y ha dejado más de 13 mil muertos.
Según Unicef, entre las víctimas mortales de este conflicto, los niños son 5 mil, y de acuerdo con la ONU, la vida de unos 20 millones de personas está en peligro. Arabia Saudí utiliza allí armas prohibidas, pero no solo no tocan este tema de la pérdida de vidas humanas, sino que también le venden armas modernas en plena guerra. Además, Siria mantiene una dura lucha contra los terroristas dentro de su propio territorio y está dispuesta a colaborar con las organizaciones competentes. Riad, por su parte, está invadiendo otro país soberano y ni siquiera hace caso a las demandas de la comunidad internacional y de la ONU.
Lo mismo pasa con el régimen israelí que está masacrando, desde hace semanas, a los ciudadanos palestinos en la Franja de Gaza, y ya ha dejado decenas de muertos y miles de heridos, sin recibir amenazas por parte de los “defensores” de los derechos humanos.
Resulta curioso que, por casualidad, estos tres países que atacaron Siria sean los mismos que hace poco recibieron la visita del príncipe heredero saudí, Bin Salman. ¿Acaso no son los petrodólares saudíes los que inician o provocan una guerra? O ¿Sigue siendo Siria el ring de las potencias mundiales?

Los Cascos Blancos: Artistas del montaje


Tras el bombardeo del sábado, efectuado por EE.UU., Francia y el Reino Unido contra Siria, acusando a su gobierno de un ataque químico, me parece relevante el reflotar un trabajo efectuado el año 2017 sobre la organización denominada Los Cascos Blancos y su papel como instrumento de la agresión occidental.
Una entidad, de las llamadas No Gubernamentales, que cumplió un rol relevante en la denuncia del supuesto ataque con gas Cloro en la ciudad de Duma, en la región de Guta Oriental contra la población civil siria y que habría generado medio centenar de muertos. Acusación desmentida por Siria y sus aliados y que la  Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) recién comenzó a investigar el domingo 15 de abril, con pesquisas en Duma con el fin de determinar si hubo o no ataque con sustancias tóxicas. Esto, cuando ya Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña habían bombardeado el país levantino.
Premio al Mejor Montaje
Un año atrás y en virtud de la entrega de los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos  —los denominados Premios Oscar—  publiqué un artículo en el portal www.islamoriente.com relacionado con la organización signada con el nombre de Los Cascos Blancos. En dicho portal consigné que este premio mostraba el poder de las agencias de relaciones públicas occidentales y la estrecha relación que estas tienen con el mundo político y los medios de comunicación  a la hora de enaltecer y mostrar como héroes a aquellos que son más bien cómplices de la agresión contra otras sociedades.
Así, el documental de los Cascos Blancos fue nominada  a los premios de la famosa estatuilla de la cultura cinematográfica estadounidense y sin mayor sorpresa, visto el interés político en desacreditar al gobierno sirio, esta creación audiovisual  ganó el premio al mejor cortometraje documental “The White Helmets”. Una exposición mediática que significó tener un público cercano a los 300 millones de televidentes en todo el mundo, que por obra y gracia del “Show Bussines” derramaron más de una lágrima frente a un guión melodramático del director británico Orlando Von Einsiedel.
Ha transcurrido algo más de un año de aquella premiación y los Cascos Blancos siguen siendo presentados como una especie de héroes anónimos, que se juegan la vida por rescatar a víctimas de ataques aéreos e intercambio de fuego entre el gobierno sirio y las bandas extremistas. Su lavado de imagen es evidente, a pesar de las denuncias sobre la falsedad de su actuar y un origen que hunde sus raíces fuera de Siria. Los Cascos Blancos realizan operaciones de rescate montadas ex profeso, con puestas en escena fabricando falsos positivos, en el mismo sitio donde las bandas takfirí ejecutan sus acciones. Con eso se genera una matriz de opinión de condena al gobierno sirio, justificando acciones de represalia.
Consigné en aquella oportunidad, que medios como la cadena de noticias Rusia Today  denunció que “la página web de los “Cascos Blancos” pertenece al grupo de abogados The Syria Campaing, registrada en el Reino Unido, que ha expresado en reiteradas oportunidades su activa oposición al gobierno de Bashar al-Asad – Este grupo de jurisconsultos señala en su página, que cuentan con dos líneas principales de acción: la creación de campañas por todo el mundo y la creación de reportes, infografías y videos”. En los hechos, efectivamente, Los Cascos Blancos son una empresa audiovisual, conformada por actores, diseñadores y otras especialidades vinculadas al mundo del espectáculo. Nada ha cambiado desde su nacimiento mientras siga recibiendo el apoyo occidental.
Resulta  interesante recordar, que cuando los Cascos Blancos recibieron el Oscar, la portavoz de la Cancillería Rusa, María Zajárova sostuvo, que ya en noviembre del año 2016 dicha repartición predijo que el documental sobre los Cascos Blancos – que estaba siendo postulado al Premio Nobel de la Paz - obtendría un Oscar “estas personas nos aseguran que salvan miles de vidas pero al mismo tiempo hacen videos falsos e incluso no se avergüenzan de publicar sus obras en Internet. ¿Qué es esto: estupidez, rutina diaria, o ambiciones enfermizas…estas grabaciones son una muestra de cómo pueden imitar la tragedia. Y, con ese talento deben ser nominados al Oscar y no al premio Nobel”. Buen anticipo de Zajárova.
El Show Sigue
Un año después de haber recibido el premio estrella de Hollywood, los Cascos Blancos han vuelto a las tablas con una operación de montaje, que superó todos los límites. Ello en un marco de debilidad para occidente y sus aliados: Siria recuperando el control de su territorio en manos del terrorismo. Un entorno regional donde la entidad sionista seguía masacrando a la población palestina en la Franja de Gaza. Acusaciones contra Donald Trump por pagar 130 mil dólares a una actriz porno, para silenciar una relación extramarital. Descubrimiento de contradicciones y engaños de las acusaciones de Gran Bretaña contra Rusia, por el envenenamiento del doble agente Sergei Skripal.  Era necesario agredir a Siria, inventar excusas, generar desinformación y un ambiente de amenazas. Los Cascos Blancos estaban listos para la acción y besar la mano que los alimenta generosamente.
El día 7 de abril en Duma, en la provincia de Guta Oriental miembros de este grupo ingresaron a un hospital en Duma y grabaron escenas de ciudadanos sirios recibiendo ayuda ante una hipotética contaminación con un agente tóxico – gas cloro – supuestamente lanzado en un barril bomba sobre la ciudad por un helicóptero  del ejército sirio. Imágenes que mostraban a personas siendo rociadas con agua, para paliar los supuestos efectos del agente tóxico: Gritos, carreras, llantos, terror,  presentados en todos los medios internacionales. La acusación no se dejó esperar “el gobierno sirio era culpable de haber lanzado un agente químico a la población de Duma”. El Centro Ruso para la Reconciliación en Siria aseguró que la acusación era falsa y que todo se trató de un plan de las potencias occidentales, para trabar la evacuación con el grupo Yeish al-Islam, atrincherado en la ciudad.
Estados Unidos  Francia, por arte de magia, anunciaron que tenían las pruebas que acusaban a Siria y que ello podía implicar el bombardeo de blancos que serían determinados. Los  medios de comunicación, dominados por los grandes consorcios internacionales occidentales – y con ello al poder financiero del sionismo – se sumaron al coro condenatorio, sin un mínimo de duda. En Chile, España, Corea del Sur, México, Egipto, entre otros países, los medios de comunicación no hacían más que repetir como grabadoras lo que salía de las agencias informativas occidentales. La acusación no merecía dudas, los analistas en general verbalizaban aprobación a la condena contra Siria, los escasos críticos que ponían en duda este evidente montaje eran abruptamente censurados.
El plan para atacar Siria y con ello seguir presionando a Rusia e Irán estaba en marcha. El aparataje militar comenzaba a moverse, los Cascos Blancos habían hecho su tarea. El día 14 de abril, en la madrugada Siria, un centenar de  misiles, entre ellos misiles de crucero Tomahawk, fueron lanzados por aviones Británicos, Barcos franceses y desde bases estadounidenses en el propio territorio sirio, sobre objetivos definidos por esta triada de países “como centros de investigación y producción de armas químicas”. La defensa antiaérea siria respondió bien y un 70% de los misiles lanzados fueron derribados. Trump se manifestó satisfecho de una acción contraria al derecho internacional. “Misión Cumplida” afirmó ufano el multimillonario presidente estadounidense por medio de su arma preferida, el Twitter.
La misión de bombardeo no sólo fue ilegal sino concretada en base a falsedades, pues ya a fines del año 2013 el arsenal de armas químicas de Siria —supuesto objetivo del ataque del 14 de abril—  comenzó su proceso de destrucción, en una operación conjunta entre Estados Unidos, Rusia, el control de las Naciones Unidas y la participación de países como China, Dinamarca, Noruega, Gran Bretaña e Italia,  como lo recordó este domingo 15 de abril el viceministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Riabkov “el proceso de destrucción se llevó a cabo en estrecha cooperación con los países involucrados, incluido EE.UU. Todo el arsenal químico de Siria fue destruido bajo el más estricto control internacional" incluso, el plan inicial tenía previsto llevar a esas armas a Italia y entregarlo a militares estadounidenses, que procederían a su destrucción a bordo de una nave especial.

Cascos Blancos: Padre Británico y Madre Turca
Volvamos a Los Cascos Blancos, uno de los denominados “Tontos Útiles” en las maniobras de montaje contra Siria. Esta organización n surge en Siria, sino que en territorio turco, específicamente en la ciudad de Estambul, en marzo del año 2013, bajo la guía de un ex Militar británico con experiencia en las guerras de agresión contra Serbia en Kosovo, Irak, El Líbano y la propia Palestina en apoyo a las fuerzas sionistas. Un militar que ha pasado por puestos de mando en el Ministerio de Relaciones  Exteriores de Gran Bretaña, la Unión Europea e incluso la ONU: James Le Mesurier quien dejó sus labores en los Emiratos Árabes unidos y se traslado a Turquía a preparar las operaciones de este nuevo testaferro.
Los Cascos Blancos, según datos entregados por el diario inglés Daily Telegraph está vinuclado a organizaciones estatales y privadas inglesas,  que la han dotado de 60 millones de dólares desde el año de su creación hasta la fecha de su informe. Desde Estados Unidos, el apoyo a los Cascos Blancos también ha sido multimillonario. La Agencia de Estados Unidos Para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), involucrada en cuanta intentona golpista y golpes efectivos se ha dado en el mundo – también  ha sido un soporte financiero fundamental. ¿Sabe el pueblo estadounidense que sus impuestos van a financiar este tipo de entidades? ¿Conocen los ciudadanos estadounidenses, franceses y británicos que los Cascos Blancos cuentan en su seno, como miembros directivos más conocidos, a personajes que no pueden pisar territorio estadounidense, por ser militantes de organizaciones terroristas, como es el caso de Raed Saleh y Jaled Jatib?
En el artículo que escribí hace un año, sostuve que en base a la información recopilada en diversos medios internacionales, denuncias e investigaciones periodísticas, se conocía que la  Oficina de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, además de los fondos entregados, la labor de su agencia de seguridad MI6,  ha usado de tapadera a la firma InCOStrat, encargada de elaborar todo la comunicación y propaganda, no sólo de los Cascos Blancos, sino también para diversos grupos terroristas takfirí, que operan en Siria e Irak. Sumemos el aporte financiero a través de la firma Mayday Rescue, con sede en Amsterdam, pero con oficinas en Jordania, Turquía y Dubái. Adicionemos la fundación privada estadounidense Chemonics International. La ONG turca Akut  y la Agencia Analysis, Research and Knowledge que opera desde los Emiratos Árabes Unidos. Junto al actuar del Mossad israelí.
Así, se aclara que estos Cascos Blancos, no sólo han falseado la realidad de su labor, sino que se presentan como uno  más de los elementos de lucha empleados contra la sociedad siria. Sus 3 mil miembros declarados, no operan en el total del territorio sirio como sí lo hace la verdadera Defensa Civil Siria, que merecería más que un Oscar a una labor anónima y heroica pero que occidente no le dedica una mísera línea. Los protegidos de occidente, los elegidos por Hollywood, los financiados por Washington, Londres y entidades vinculadas al magnate George Soros operan en las zonas controladas por sus socios terroristas de Fath al-Sham —la franquicia de Al-Qaeda en Siria—.
Los Cascos Blancos se inscriben así, en la serie de creaciones de organismos de fachada de las potencias occidentales, como ha sido el caso del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, especializado en la entrega de información que ni siquiera las fuerzas gubernamentales del gobierno sirio u otras potencias presentes en la zona pueden dar con tanta precisión. Un Observatorio con sede en la ciudad de Coventry, Reino Unido y cuyas informaciones son  recogidas por gran parte de los medios occidentales y que el periódico The Guardian, califica a su representante como “un simple vendedor de ropa, solitario, viviendo en Inglaterra y posando como parte de una organización con un nombre grandilocuente” con la sospecha que detrás de él se encuentran los servicios secretos de Gran Bretaña, Estados Unidos , Turquía e Israel.
Tanto este Observatorio como los “Cascos Blancos” se inscriben en los objetivos planteados  por el denominado RICU - Research, Information, and Communications Unit – fundado el año 2012  creado por el gobierno inglés, destinado a supervisar todo tipo de propaganda y acciones comunicacionales dirigidas contra Siria y que se ha infiltrado, según señala en una interesante investigación el analista Thierry Meyssan “en todo tipo de asociaciones  humanitarias, para recoger información, poder enviar armamento a Siria y así fabricar todo tipo de falsedades sobre lo que sucede en el terreno”. Los Cascos Blancos cumplieron así, el día 7 de abril,  el trabajo por el cual reciben un multimillonario financiamiento: montar una operación de bandera falsa que se suma a la serie de acciones destinadas a seguir destruyendo Siria.

Pablo Jofre Leasl

Fuente: hispantv

El imperio estadounidense de Occidente en crisis


Manlio Dinucci interpreta las mentiras británicas sobre el caso Skripal y la Ghouta Oriental como el equivalente europeo de lo que fueron las mentiras de Estados Unidos sobre Irak. Y observa que en ambos casos las potencias occidentales trataban de mantener su dominación sobre el resto del mundo ante el nuevo poderío de Rusia y China.

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En 1991, el secretario de Estado estadounidense Colin Powell se presentaba ante el Consejo de Seguridad de la ONU con la misión de mentir en nombre del gobierno de Estados Unidos. Aquellas mentiras, que el propio Powell reconoció posteriormente como tales –sólo a título privado–, sirvieron como pretexto para invadir Irak y destruir tanto el país como el Estado iraquí.
La guerra aduanal que Estados Unidos ha iniciado contra China y las nuevas sanciones contra Rusia son muestra de una tendencia que va más allá de los acontecimientos actuales. Para entender de qué se trata hay que remontarse a una treintena de años atrás.
En 1991, Estados Unidos, que acaba de salir vencedor de la guerra fría y de la primera guerra de la postguerra fría –la primera guerra del Golfo–, declara haber quedado como «el único Estado con una fuerza, un alcance y una influencia en todas dimensiones –política, económica y militar– realmente mundiales» y afirma que no existe en todo el mundo «nada que sustituya el liderazgo estadounidense». Confiado en la hegemonía del dólar, en el alcance mundial de sus transnacionales y de sus grupos financieros, en su control sobre las organizaciones internacionales (FMI, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio), Estados Unidos instaura el «libre intercambio» y el «libre movimiento de los capitales» a escala mundial, reduciendo o eliminando derechos de aduana y regulaciones. Las demás potencias occidentales siguen sus pasos.
La Federación Rusa, en profunda crisis después del derrumbe de la URSS, será vista en Washington como tierra fácil de conquistar y desmembrar en aras de controlar mejor sus grandes recursos.
China, que ha decidido abrirse a la economía de mercado, parece también fácil de conquistar con los capitales y productos estadounidenses y al mismo tiempo fácil de explotar como gran reserva de fuerza de trabajo a bajo costo.
Treinta años más tarde, resulta que el «sueño americano» de dominación mundial se ha desvanecido.
Rusia logró constituir un frente interno en defensa de su soberanía nacional y ha salido de la crisis, recuperando incluso el estatus de gran potencia.
China, la «fábrica del mundo» donde producen hasta las grandes transnacionales estadounidenses, se ha convertido en el primer exportador mundial de bienes de consumo, hace inversiones cada vez más importantes en el exterior y hoy desafía la supremacía tecnología de Estados Unidos. Su proyecto de creación de una nueva «ruta de la seda» (una red de carreteras, vías férreas y rutas marítimas entre China y Europa a través de 60 países), pone a la República Popular China a la vanguardia del proceso de globalización, mientras que Estados Unidos trata de atrincherarse erigiendo barreras económicas.
Washington ve con creciente preocupación la asociación económica y política entre Rusia y China, que incluso desafía la hegemonía misma del dólar. Al no lograr contrarrestar ese proceso con instrumentos económicos, Estados Unidos recurre ahora a los instrumentos militares. El golpe de Estado en Ucrania y la subsiguiente escalada –incluso de carácter nuclear– en Europa, el desplazamiento estratégico estadounidense hacia Asia, las guerras en Afganistán y en Siria son componentes de la estrategia mediante la cual Estados Unidos y las demás potencias de Occidente tratan de preservar la dominación unipolar en un mundo que se hace cada vez más multipolar.
Pero esa estrategia está sufriendo toda una serie de fracasos. Sometidas a una creciente presión militar, la reacción de Rusia y China ha sido fortalecer su cooperación estratégica. No sólo ha sido imposible arrinconar a Rusia sino que ese país –actuando de manera sorpresiva– intervino militarmente en apoyo del Estado sirio, que –según los planes del binomio Estados Unidos-OTAN– estaba llamado a acabar como el Estado libio. En Afganistán, Estados Unidos y la OTAN siguen empantanados en una guerra que ya dura más de 17 años.
En reacción a esos fracasos, se intensifica la campaña tendiente a presentar a Rusia como un peligroso enemigo. Y para lograrlo se llega al extremo de inventar las «fake news» de los ataques químicos en el Reino Unido y en Siria. La técnica es la misma que se utilizó para justificar la guerra contra Irak, en 2003, cuando el secretario de Estado Colin Powell presentó al Consejo de Seguridad las «pruebas» de que Irak tenía armas de destrucción masiva.
Años más tarde, en 2016, el propio Colin Powell confesó que aquellas armas nunca existieron. Pero, en 15 años, la guerra ha costado más de un millón de muertos.
red voltaire

Declaración de Federica Mogherini a nombre de la Unión Europea sobre el ataque contra Siria



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La Unión Europea reitera su condena más firme al uso repetido de armas químicas por parte del régimen sirio, como ha confirmado el mecanismo conjunto de investigación de la OPAQ y las Naciones Unidas y según se ha informado continuamente en los últimos meses, en Guta Oriental y otras regiones de Siria, en particular, más recientemente, en los informes acerca de un ataque devastador con armas químicas en Duma.
En este contexto, la Unión Europea ha sido informada de los ataques aéreos selectivos por parte de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido a instalaciones de armas químicas en Siria, medidas concretas adoptadas con el único objetivo de prevenir nuevos usos de armas químicas y de sustancias químicas empleadas como armas por parte del régimen sirio para matar a su propia población.
La Unión Europea apoya todos los esfuerzos encaminados a la prevención del uso de armas químicas, y considera profundamente escandaloso que la comunidad internacional se enfrente aún al uso de armas químicas, como ha confirmado la misión de determinación de los hechos de la OPAQ. Los informes del Grupo de Evaluación de las Declaraciones evidencian que no puede comprobarse plenamente que la declaración siria sea exacta y completa con arreglo a lo establecido en la Convención sobre las Armas Químicas.
La rendición de cuentas es imprescindible. El uso de armas químicas o de sustancias químicas empleadas como armas es un crimen de guerra y un delito de lesa humanidad. Quienes los cometan deberán rendir cuentas por esta violación del Derecho Internacional. Por lo tanto, la UE lamenta profundamente que el mandato del mecanismo conjunto de investigación creado por la Resolución 2235 (2015) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, destinado a determinar la autoría de ataques químicos, no fuera renovado en noviembre de 2017. En este sentido, resulta profundamente lamentable que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas haya sido incapaz hasta ahora de adoptar una resolución firme que restablezca un mecanismo de atribución independiente para velar por la rendición de cuentas de los responsables de ataques con armas químicas en Siria.
En julio de 2017 y en marzo de 2018, la UE impuso medidas restrictivas adicionales contra altos funcionarios y científicos sirios por su papel en la fabricación y el uso de armas químicas, y está dispuesta a plantearse medidas adicionales en cualquier momento si procede.
La UE insta a todos los países, en particular a Rusia e Irán, a hacer uso de su influencia para impedir cualquier nuevo uso de armas químicas, en especial por parte del régimen sirio, y apoya la asociación internacional contra la impunidad del uso de armas químicas.
La UE reitera que la única solución posible al conflicto sirio es una solución política. Compartimos el objetivo común de evitar una escalada de la violencia que pueda convertir la crisis siria en una confrontación regional a mayor escala, con consecuencias incalculables para Oriente Próximo y, de hecho, para todo el mundo. La UE pide a todas las partes en el conflicto, especialmente al régimen sirio y sus aliados, que pongan en práctica inmediatamente el alto el fuego y garanticen el acceso de la ayuda humanitaria y las evacuaciones médicas, de acuerdo con lo aprobado por unanimidad en la Resolución 2401 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU). La UE reitera que toda solución duradera del conflicto exige una auténtica transición política en consonancia con la Resolución 2254 del CSNU y el Comunicado de Ginebra de 2012.
La segunda Conferencia de Bruselas sobre Siria, que se celebrará los días 24 y 25 de abril bajo la presidencia conjunta de la UE y las Naciones Unidas, constituirá una oportunidad para que toda la comunidad internacional reactive su apoyo uniforme al proceso político y asuma nuevos compromisos para ayudar a las víctimas de este conflicto en curso, es decir, los ciudadanos sirios tanto en el interior como en el exterior de Siria.
Fuente: red voltaire

¿Se acabó el Derecho Internacional?


La guerra contra el Medio Oriente ampliado debería terminarse con la retirada de las fuerzas estadounidenses en los 6 próximos meses. Pero nada demuestra que la paz volverá a instalarse en cada uno de los países agredidos. Hoy estamos viendo lo que parece ser un intento de acabar con el derecho internacional. ¿Consolidará esto una división del mundo en dos bandos o será el inicio de un conflicto generalizado?

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¿Están tratando las potencias occidentales de acabar con las obligaciones implícitas en el Derecho Internacional? Esa es la pregunta que planteó el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, en la Conferencia de Moscú sobre la Seguridad Internacional [1].
Durante los últimos años, Washington ha promovido el concepto de «unilateralismo». El Derecho Internacional y las Naciones Unidas deberían ceder el paso a la fuerza de Estados Unidos.
Esta concepción de la vida política proviene de la historia misma de Estados Unidos: los colonos que llegaban a América pretendían vivir allí a su antojo y hacer fortuna. Cada comunidad elaboraba sus propias leyes y rechazaba la intervención del gobierno central en sus asuntos locales. El presidente y el Congreso federal se encargan de la Defensa y de las Relaciones Exteriores, pero –al igual que los ciudadanos– no aceptan una autoridad superior a la suya.
El presidente estadounidense Bill Clinton atacó Yugoslavia violando alegremente el Derecho Internacional. George Bush hijo hizo lo mismo contra Irak y Barack Obama también lo hizo al agredir sucesivamente Libia y Siria. Donald Trump, por su parte, nunca ha escondido su desconfianza hacia las reglas supranacionales.
En alusión a la doctrina Cebrowski-Barnett [2], Serguei Lavrov declaró:
«Tenemos claramente la impresión de que los estadounidenses tratan de mantener un estado de caos controlado en ese inmenso espacio geopolítico [el Medio Oriente], con la esperanza de utilizarlo para justificar la presencia militar de Estados Unidos en esa región sin límite de tiempo para promover su propia agenda.»
El Reino Unido es otro país que se ha tomado libertades en materia de Derecho. El mes pasado, Londres acusó a Moscú, sin presentar la menor prueba, en el «caso Skripal» y trató de reunir una mayoría en el Asamblea General de la ONU para excluir a Rusia del Consejo de Seguridad. Por supuesto, para los anglosajones resultaría mucho más fácil reescribir unilateralmente el Derecho sin tener que tomar en cuenta las opiniones de quienes se atreven a enfrentárseles.
En Moscú no creen que Londres haya sido capaz de emprender esa iniciativa y consideran que sigue siendo Washington quien dirige la orquesta.
La «globalización», o sea la «mundialización de los valores anglosajones», ha creado entre los Estados una sociedad clasista. Pero no hay que confundir este nuevo problema con la existencia del derecho de veto. Es verdad que la ONU, aunque proclama la igualdad entre los Estados –independientemente de su extensión geográfica–, reconoce en el Consejo de Seguridad 5 miembros permanentes con derecho de veto. La existencia de ese directorio, conformado por los principales vencedores de la Segunda Guerra Mundial, es necesaria para que esos mismos Estados acepten el principio mismo de un Derecho supranacional. Pero cuando ese directorio no logra pronunciarse sobre la manera de aplicar ese Derecho, la Asamblea General puede hacerlo en su lugar… al menos teóricamente ya que los Estados pequeños que se atreven a votar contra una potencia saben que van a ser objeto de represalias.
La «mundialización de los valores anglosajones» deja de lado el honor y valoriza la ganancia, de manera que lo único que determina hoy el peso de las proposiciones de un Estado es su nivel de desarrollo económico. Pero 3 Estados han logrado en los últimos años hacer oír sus voces gracias al contenido de sus proposiciones y no en función de sus economías. Esos 3 Estados son el Irán de Mahmud Ahmadineyad (actualmente bajo detención domiciliaria en su propio país), la Venezuela de Hugo Chávez y la Santa Sede.
La confusión engendrada por los valores anglosajones ha conducido a financiar organizaciones intergubernamentales con dinero privado. Como una cosa lleva a la otra, en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), por ejemplo, los Estados han ido abandonando poco a poco su poder de proposición… en beneficio de los operadores privados de telecomunicaciones, reunidos en un Comité «de consulta».
La «comunicación», nueva manera de llamar lo que antes se denominaba «propaganda», se impone en el campo de las relaciones internacionales. Desde el secretario de Estado estadounidense agitando ante el Consejo de Seguridad de la ONU una probeta con falso ántrax hasta el ministro británico de Exteriores mintiendo sobre el origen del novichok de Salisbury, la mentira ha sustituido al respeto, dejando espacio a la desconfianza.
En los primeros años de su creación, la ONU trataba de prohibir la «propaganda de guerra» pero hoy en día son precisamente varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad quienes se dedican a ese tipo de propaganda.
Lo peor ha sido lo sucedido en 2012, cuando Washington logró imponer a uno de sus peores halcones, Jeffrey Feltman, como número 2 de la ONU [3]. Desde aquel momento, las guerras se organizan en Nueva York, precisamente en la sede de la institución que debería evitarlas.
Rusia se interroga en este momento sobre la posible voluntad de las potencias occidentales de bloquear las Naciones Unidas. En ese caso, podría crear una institución alternativa pero ya no habría un foro donde los dos bloques pudieran sentarse a conversar.
Una sociedad sin Derecho se convierte en un caos donde el hombre vuelver a ser el lobo del hombre. Exactamente de la misma manera, el mundo se convertirá en un campo de batalla si abandona el Derecho Internacional.
[2] «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Haïti Liberté (Haití) , Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.
[3] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire; «ONU: Prórroga para el estadounidense Feltman como director de Asuntos Políticos», Red Voltaire, 28 de enero de 2016 y 16 de febrero de 2017.

¿Cómo pueden los periodistas provocar guerras?

por Thierry Meyssan

El bombardeo perpetrado contra Siria el 14 de abril de 2018 pasará a la historia, además de todo, como un ejemplo de las consecuencias del periodismo amarillo. Thierry Meyssan aborda nuevamente el uso del sensacionalismo en la propaganda de guerra.
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En diciembre de 2016, los Cascos Blancos –presentados como una “organización humanitaria” o de “defensa civil”– firmaban este documento junto a los yihadistas que asediaban Damasco y que cortaron el suministro de agua a la población de la capital siria. Privar de agua a los civiles es un crimen de guerra. ¿Dónde estaban entonces la “comunidad internacional” y los grandes medios de prensa occidentales?
Estados Unidos, Francia y el Reino Unido bombardearon Siria en la noche del 13 al 14 de abril de 2018. Esta operación militar, una agresión en términos de Derecho Internacional, es presentada como una «respuesta» de «los aliados» al supuesto uso de armas químicas por parte de la República Árabe Siria.
El secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, declaró ante el Congreso que no dispone de pruebas que demuestren esa acusación pero que se basa en «artículos de prensa creíbles». En 2011, cuando el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, lanzó una orden internacional de arresto contra el líder libio Muammar el-Kadhafi, también lo hizo basándose en artículos de la prensa… cuya veracidad –hoy está demostrado– era nula. Pero justificó así la intervención de la OTAN contra Libia.
En 1898, el gobierno de Estados Unidos también se basó en los «artículos de prensa creíbles» de los periódicos del magnate de la prensa William Randolph Hearst [1] para iniciar la Guerra Hispano-Americana [2]. Posteriormente, los artículos de los diarios de Hearst resultaron ser totalmente inventados [3].
En cuanto a los «artículos de prensa creíbles» a los que se refiere el general Mattis, estos se basan en las declaraciones de la ONG británica White Helmets (Cascos Blancos). Presentados como una «asociación humanitaria», los «Cascos Blancos» en realidad son parte del conflicto ya que han participado oficialmente en varias operaciones de guerra, como la que cortó el abastecimiento de agua a los 5,6 millones de habitantes de Damasco, la capital siria, durante unos 40 días [4].
Varias horas antes del bombardeo occidental, Rusia y Siria habían publicado las revelaciones de dos testigos oculares, presentes en el hospital de Duma durante el supuesto ataque químico. Estos testigos revelan que todo fue un montaje y que el «ataque químico» nunca tuvo lugar [5].
Exactamente igual que en siglo XIX, hoy es perfectamente posible encontrar periodistas que se presten para manipular los Estados o un tribunal internacional y para empujarlos a derrocar gobiernos o a bombardear otros Estados.
Es por eso que una parte de la prensa reclama el título de «Cuarto Poder», aunque se trata de un poder que, al no provenir de ninguna elección, es ilegítimo.
Los medios de difusión que disponen de esa capacidad pertenecen a grandes magnates capitalistas que además están estrechamente vinculados a los políticos, quienes afirmarán después haber sido engañados por sus «artículos creíbles». Por ejemplo, el ya mencionado magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst mantenía estrechas relaciones con el presidente William McKinley, quien ambicionaba iniciar la guerra contra España para arrebatarle el control de Cuba y de Filipinas, lo cual hizo finalmente.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética y Francia lograron que la Asamblea General de la ONU adoptara una serie de resoluciones que condenan la propaganda de guerra [6]. Los países miembros de la ONU incluyeron el contenido de esas resoluciones en el derecho nacional de sus Estados. Por consiguiente, los periodistas que se dedican a la propaganda de guerra deberían ser enviados a los tribunales… teóricamente. Pero en la práctica sólo los Estados pueden iniciar ese tipo de acciones judiciales.
En definitiva, la propaganda de guerra está prohibida… pero el derecho nacional aplica esa regla sólo a los periodistas de oposición incapaces de desatar conflictos y no a los Estados que los emprenden.
[2] El autor se refiere a la intervención de Estados Unidos en la guerra de independencia de Cuba contra el colonialismo español. Contrariamente a la visión vehiculada por los historiadores estadounidenses, aunque Estados Unidos se puso del lado de los independentistas cubanos, la intervención estadounidense arrebató a los patriotas cubanos la victoria militar que ya habían garantizado sobre España. La intervención estadounidense frustró la proclamación en Cuba de una República basada en los ideales que los independentistas cubanos, reunidos alrededor del Partido Revolucionario Cubano, habían enunciado en el Manifiesto de Montecristi. Para más detalles ver Guerra hispano-cubano-estadounidense. Nota de la Red Voltaire.
[3] Public Opinion and the Spanish-American War: a Study in War Propaganda, Marcus Wilkerson, Russell and Russell, 1932. The Yellow Journalism USA, David R. Spencer, Northwestern University Press, 2007.
[4] «Una “ONG humanitaria” corta el agua a 5,6 millones de civiles», Red Voltaire, 7 de enero de 2017.
[5] «Testigos oculares revelan montaje del “ataque químico” de la Ghouta», Red Voltaire, 13 de abril de 2018.
[6] «Los periodistas que practican la propaganda de guerra tendrán que rendir cuentas», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 14 de agosto de 2011.

Washington impone la bipolaridad del mundo a sus aliados

por Thierry Meyssan

Al disparar misiles contra Siria, en una operación coordinada con sus aliados de Francia y el Reino Unido, el extraño presidente Donald Trump impone a las potencias occidentales el fin del dominio unilateral que ejercieron sobre el mundo. El resultado insignificante de esta demostración de fuerza obliga a la OTAN a mirar frente a frente la dura realidad. Sin haber disparado un tiro, Rusia toma el lugar que antes ocupó la Unión Soviética en el equilibrio del mundo.
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Durante las últimas semanas y por primera vez en la historia de ambos países, Estados Unidos y Rusia se amenazaron mutuamente con una nueva guerra mundial. El carácter totalmente desproporcionado de la crisis en relación con el tema de la disputa muestra que lo que hoy está en juego ya no tiene mucho que ver con lo que sucede en el Medio Oriente ampliado desde el año 2001 y que es exclusivamente un intento de mantener el actual Orden Mundial.
Después de la gigantesca masacre que ha costado millones de vidas en 17 años, desde Afganistán hasta Libia, las potencias occidentales se horrorizan con la muerte de unas 50 personas en la Ghouta Oriental, a las puertas de la capital siria. Y es ese el pretexto que Washington, París y Londres invocaron para desatar la agresión tripartita perpetrada contra Siria el 14 de abril.
No debemos dejarnos distraer par las circunstancias sino concentrarnos en el fondo del problema: las potencias occidentales tratan de mantener su dominación sobre el resto del mundo mientras que Rusia y China se emancipan de esa dominación.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no vaciló en espetarle a Rusia –en su cuenta de Twitter– que iba a lanzar sus misiles de nueva generación contra sus soldados en Siria. El embajador ruso en Beirut, Alexander Zasypkin, respondió inmediatamente que esos misiles serían derribados y que, además, los aviones y navíos que los lanzaran serían destruidos. El primer ministro de Turquía, Binali Yildirim, expresó su asombro ante estas bravatas callejeras y lanzó un llamado a la cordura. A partir de ese momento, todos los actores comenzaron a dar marcha atrás.
El grupo naval encabezado por el portaaviones USS Harry S. Truman zarpó de su base en Norfolk, aparentemente para posicionarse frente a Siria. Pero necesitará varias semanas para desplegarse en esa zona. Habrá que ver si la cuestión del enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia, o sea del inicio de la Tercera Guerra Mundial, vuelve a plantearse en ese momento.
Es evidente que la preparación de esa fuerza naval y de sus 6 500 efectivos comenzó mucho antes del asunto de la Ghouta, utilizado como pretexto para su despliegue.
La cuestión es entonces saber si, al desatar una lluvia de misiles sobre unos cuantos edificios abandonados, Washington y sus aliados han pospuesto el enfrentamiento para posicionarse mejor o si, por el contrario, han renunciado a la prueba de fuerza y se preparan para otra forma de conflicto.
El balance militar del bombardeo del 14 de abril es, cuando menos, sorprendente. Las tres potencias occidentales lanzaron 103 misiles, 71 fueron destruidos en vuelo por la defensa antiaérea de Siria, un laboratorio militar –que ya estaba desmantelado– fue arrasado y en 2 aeródromos algunas instalaciones se vieron afectadas. Todo ese diluvio de fuego dejó no más de 3 heridos y ningún muerto. Si Donald Trump, Emmanuel Macron y Theresa May querían hacer una demostración de fuerza, lo único que lograron fue poner en evidencia su impotencia.
Visto desde Damasco, el mensaje era claro: Siria está liberándose de los yihadistas, pero eso no le garantizará la paz y no podrá contar con ayuda occidental para su reconstrucción.
Las potencias occidentales afirmaron que Siria conservaba armas químicas a pesar de su adhesión a la Convención que las prohíbe. Afirmaron que sólo apuntarían a objetivos vinculados a esas armas. Pero, por ejemplo, lanzaron 4 misiles contra el aeropuerto comercial internacional de Damasco, un blanco exclusivamente civil. Felizmente, la defensa antiaérea siria logró interceptar esos 4 misiles.
En total, el Ejército Árabe Sirio –que sólo disponía de S-125, de S-200, de Buk, de Kvadrat y de Osa como medios antiaéreos– logró derribar, sin ayuda de nadie, dos tercios de los misiles occidentales. En definitiva, muy a su pesar, las potencias occidentales acaban de librar la primera batalla de su historia en la que no han matado a nadie. Francia, que por primera vez utilizó en situación de combate su nuevo misil crucero naval, no logró un éxito capaz de atraer a los posibles clientes.
Es cierto que las tres potencias occidentales que participaron en este bombardeo contra Siria se impusieron ciertos límites. Tuvieron mucho cuidado en no tocar objetivos rusos ni iraníes y tanto Rusia como Irán se mantuvieron al margen de la batalla. Pero no es menos cierto que las impresionantes fuerzas armadas de Occidente ya no cuentan con la capacidad necesaria para imponer su voluntad a las potencias medias cuando estas cuentan con la protección de Rusia.
Todos han entendido que, en lo adelante:
- Estados Unidos y Rusia –como antes lo hicieron Estados Unidos y la URSS– evitarán todo enfrentamiento directo en aras de prevenir la guerra nuclear;
- y que las potencias occidentales ya no “lesionarán” significativamente a las potencias medias aliadas de Rusia.
- La única forma de superioridad militar de Washington, Londres y París reside ahora en su capacidad de manipular grupos armados y de utilizarlos como “pantalla” en sus guerras a través de intermediarios.
Al arrastrar en su estela a Francia y al Reino Unido, el presidente Donald Trump los ha obligado a aceptar la realidad que hasta ahora rechazaban.
El gran show de la madrugada del 14 de abril de 2018 sólo fue una manera de salvar las apariencias. Luego de un cuarto de siglo de dominación occidental unilateral, las tres principales potencias militares que bombardearon Siria acaban de perder su posición predominante. El mundo ha regresado a una situación bipolar de guerra fría, cuyas reglas del juego están por definir. Así que la Tercera Guerra Mundial tendrá que esperar.
red voltaire