Mostrando entradas con la etiqueta derecho internacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derecho internacional. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de diciembre de 2019



¿Multilateralismo o ‎Derecho Internacional?‎

Al contrario de lo que todo el mundo cree, el multilateralismo que promueven ‎los europeos no se opone al bilateralismo que hoy practica Estados Unidos. ‎En realidad se opone al Derecho Internacional. El “Foro de París sobre la Paz”, ‎organizado por el presidente francés Emmanuel Macron no permitió vislumbrar ningún ‎método sobre cómo evitar los conflictos. Cuando más, sólo pudo tratar de salvar ‎lo que queda de 4 siglos de hegemonía europea. ‎



JPEG - 53.7 KB
‎¿Qué decir sobre el “Foro de París sobre la Paz”? Como siempre, el espectáculo estuvo muy ‎bien montado, al igual que la actuación del presidente Emmanuel Macron. Pero, ¿al servicio ‎de qué contenido? ‎
Francia acaba de organizar en París el “2º Foro de París sobre la Paz” [1]. Según el presidente francés Emmanuel Macron, ‎lo que se busca es promover el multilateralismo que el presidente estadounidense Donald Trump ‎supuestamente está destruyendo. ‎
‎¿De verdad? ¿Es ese el problema? ‎
Los hechos hacen pensar, por el contrario, que las potencias occidentales, entre ellas Francia, ‎están realizando, desde el derrumbe de la URSS, una acción de fondo contra el Derecho ‎Internacional y las Naciones Unidas y que este Foro de París sobre la Paz sólo fue para ellas una ‎ocasión para salvar el poder que ejercen sobre el resto del mundo desde hace 4 siglos. ‎
Para entender qué está pasando, volvamos atrás en el tiempo: ‎
El presidente Bill Clinton y su secretaria de Estado, Madeleine Albright, reescribieron ‎pacientemente, uno por uno, todo tipo de tratados de la ONU, sustituyendo en ellos el lenguaje del ‎Derecho Internacional por las fórmulas del derecho anglosajón. Esta «modernización» no era ‎una simple traducción. En realidad es la aplicación de la «doctrina Korbel», tendiente a modificar ‎toda la jurisprudencia en beneficio de los anglosajones. El presidente George Bush hijo y su ‎secretaria de Estado Condoleezza Rice, hija adoptiva del profesor Josef Korbel, padre biológico de ‎Madeleine Albraight, la predecesora de Rice en el Departamento de Estado [2], dieron continuación a aquel proceso. ‎
El propio Bill Clinton aceptó un compromiso favorable a Israel y forzó su validación en el Consejo ‎de Seguridad de la ONU. Debido a ello, ya no se habla de un solo Estado en Palestina, en base ‎al principio de «un hombre, un voto» sino de dos Estados separados, según el modelo de los ‎bantustanes del apartheid sudafricano. ‎
También bajo la influencia del presidente estadounidense Bill Clinton y del primer ministro ‎británico Tony Blair, la OTAN se autoproclamó «defensora de los perseguidos», condenó a la ‎‎“malvada” Serbia y desató contra ese país una «guerra humanitaria» (sic). En vez de invocar ‎el Derecho, se invocó la moral… para que la OTAN violara el Derecho. ‎
El mismo razonamiento ha sido utilizado después contra Afganistán, contra Irak, contra Libia y ‎contra Siria. La esposa del presidente George Bush hijo, Laura Bush, afirmaba que había que ‎atacar Afganistán porque allí las niñas no podían pintarse las uñas; según Colin Powell, había que ‎derrocar a Saddam Hussein porque estaba implicado en los atentados del 11 de septiembre; ‎el presidente francés Nicolas Sarkozy decía que tenía que derrocar a Muammar el-Kadhafi porque ‎este último iba a masacrar a su propio pueblo; Laurent Fabius llegó a declarar que Bachar al-Assad ‎‎«no tenía derecho a estar sobre la tierra». ‎
El argumento humanitario o la invocación de los Derechos Humanos no logran disimular el ‎profundo desprecio de Occidente por la Humanidad y los Derechos Humanos. Basta recordar que ‎la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce un orden de jerarquía entre esos ‎derechos [3]. En ella se estipula que los tres derechos ‎fundamentales son el «derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona» ‎‎(Artículo 3). ‎
Es por eso que la «Declaración» establece, como primera aplicación concreta de los derechos ‎humanos, la lucha contra la esclavitud al precisar en su Artículo 4 que «Nadie estará sometido a ‎esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus ‎formas.». Sin embargo, las potencias occidentales propiciaron el restablecimiento de la esclavitud en Libia y apoyan Estados esclavistas, como Arabia Saudita. Occidente también tiene ‎las peores credenciales en materia de tortura ya que, a principios del actual siglo XXI, 80 000 ‎personas fueron secuestradas y torturadas por Estados Unidos en barcos de la US Navy estacionados ‎en aguas internacionales [4].‎
La retórica humanitaria, la constante invocación de los «derechos humanos», hacen recordar ‎como el Reino Unido atacó el Imperio Otomano, supuestamente para salvar a los griegos de la ‎opresión, cuando en realidad la Corona británica ambicionaba controlar Grecia. Así que, ‎en 1827, el Reino Unido invitó a Rusia y Francia a reconocer la independencia de Grecia y ‎después, basándose en ese reconocimiento y violando las reglas del Congreso de Viena, ‎organizó contra Constantinopla una guerra previamente convertida en «legítima» para ‎concretar dicha «independencia». O sea, se trata siempre de hacer ver que se respeta el ‎derecho, ¡cuando en realidad se viola!‎
Desde que la OTAN desató la guerra contra Yugoslavia, la ONU ha venido cediendo su lugar en la ‎escena internacional. A la OTAN ya no le interesa lo que piensen el Consejo de Seguridad y la ‎Asamblea General de la ONU. En pocos años, y en violación de la Carta de la ONU, las «fuerzas ‎de interposición» de la ONU se han convertido en «fuerzas de mantenimiento de la paz». Ya ‎no se trata de supervisar la aplicación de un alto al fuego entre beligerantes sino de imponer una ‎solución a beligerantes que en ocasiones son incluso partidos políticos de un mismo país. Y, ‎hasta ahora, la OTAN es la única alianza militar en ser invitada a «mantener la paz». ‎
La administración misma de la ONU, antes al servicio de los Estados miembros, ha pasado a ‎estar al servicio de la OTAN. Así hemos podido ver al director de Asuntos Políticos de la ONU, el estadounidense Jeffrey Feltman, promoviendo un plan de capitulación incondicional para la ‎República Árabe Siria, cuando debería estar trabajando en la promoción de la paz [5]. ‎
Los miembros occidentales del Consejo de Seguridad dicen ser protectores del Derecho ‎Internacional. Pero, en vez predicar con el ejemplo, no tienen ningún reparo en expresar su ‎desdeño por el Derecho Internacional cuando este no les resulta favorable. Por ejemplo, el ‎Reino Unido acaba de afirmar que está ejerciendo su soberanía sobre el archipiélago de Chagos, ‎a pesar del veredicto de la Corte Internacional de Justicia a favor de la población de ese territorio ‎y de la resolución de la Asamblea General de la ONU en la que se estipula que Londres está obligado a ‎restituir el archipiélago a la República de Mauricio [6]. ‎
El Derecho Internacional actual se origina en la Conferencia de La Haya de 1899. Convocada por ‎el zar Nicolás II, la Conferencia de La Haya reunió a las potencias de aquella época para plantear ‎la posibilidad de un tratado de desarme. El francés Leon Bourgeois propuso entonces la creación ‎de un mecanismo, una cámara de arbitraje internacional para evitar nuevas guerras, dado ‎el hecho que la única manera de prevenir los conflictos armados es llegando a arreglos que ‎respeten los intereses de las partes, exactamente como debería hacerse entre individuos ‎civilizados. La diferencia entre un tribunal y una cámara de arbitraje es que esta no se impone y ‎sólo es competente si las partes la reconocen previamente como tal. ‎
Aquella cámara de arbitraje se incorporó a la Sociedad de Naciones (SDN) y posteriormente a ‎la ONU. Hoy sigue existiendo y funciona bien, como lo demuestra el actual procedimiento sobre ‎la resolución del conflicto entre Ucrania y Rusia en el Mar de Azov. ‎
Poco a poco se formaron la SDN, primeramente, y después la ONU. A pesar de la creencia ‎generalizada, el fracaso de la Sociedad de Naciones no se debió al régimen imperial japonés, al ‎fascismo italiano y al nazismo alemán sino a que Estados Unidos decidió no formar parte de ella ‎y a que el Reino Unido se negó a reconocer la igualdad entre los pueblos, rechazando la ‎proposición japonesa, respaldada incluso por Leon Bourgeois. ‎
El abandono actual del Derecho Internacional se hizo flagrante con la reforma de la Organización ‎para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) propuesta por Francia [7]. ‎Supuestamente para incrementar su «eficacia», la OPAQ tomará en lo adelante las decisiones ‎por mayoría simple y podrá designar culpables al final de sus investigaciones técnicas. ‎
El problema es que la OPAQ comenzó siendo una agencia técnica encargada de verificar que los ‎firmantes de la Convención sobre la Prohibición de Armas Químicas realmente respeten ese ‎documento. Por esa razón, la OPAQ está habilitada para investigar –siguiendo procedimientos muy ‎estrictos y aprobados por todos los firmantes– y comprobar hechos que posteriormente somete a ‎la consideración de la asamblea de firmantes. En derecho criminal, ningún país del mundo admite ‎que los policías actúen como jueces y verdugos, sólo investigan, señalan a los posibles culpables y ‎‎–sólo después de la decisión de los jueces– se recurre nuevamente a la policía para garantizar que ‎los culpables sean castigados. Pero la absurda reforma impulsada por Francia convierte a la OPAQ ‎en policía y juez. Además, como esa misma reforma estipula que las decisiones se toman por ‎mayoría simple de los firmantes, la OPAQ se convierte en instrumento de la política de las ‎potencias occidentales. ‎
Hace años que las potencias occidentales vienen retirando de sus declaraciones y comunicados ‎toda referencia al Derecho Internacional. Sólo predican un «multilateralismo basado en reglas». ‎‎¿Qué reglas? Las del más fuerte. ‎
En todo caso, este 2º Foro sobre la Paz –obsérvese que no es un Foro por la Paz– no fue ‎precisamente un éxito. Participaron dos veces menos jefes de Estado y/o de gobierno que en la ‎primera edición [8].‎
[1] Paris Peace Forum, sitio ‎web oficial.
[2] «La fulgurante integración de Condoleezza Rice», por Arthur Lepic y Paul Labarique, Red Voltaire, 25 de febrero de 2005.
[3] «Teoría y práctica de los ‎Derechos Humanos», por Thierry ‎Meyssan, Red Voltaire, 1º de octubre de 2019.
[4] «17 cárceles secretas ya reemplazaron a Guantánamo», Red Voltaire, 28 de mayo de 2009; «El secreto de Guantánamo», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 6 de noviembre ‎de 2009.
[5] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), ‎‎Red Voltaire, 28 de enero de 2016.
[6] «Desafío británico a la Asamblea General ‎de la ONU y su tribunal», Red Voltaire, 24 de noviembre de 2019.
[7] «Francia propone cambiar los estatutos de la OPAQ», Red Voltaire, 6 de mayo de 2018.
[8] «Emmanuel Macron au Forum de Paris sur la Paix», por ‎Emmanuel Macron, Réseau Voltaire, 12 de noviembre de 2019.
FUENTE: RED VOLTAIRE

martes, 17 de abril de 2018

¿Se acabó el Derecho Internacional?


La guerra contra el Medio Oriente ampliado debería terminarse con la retirada de las fuerzas estadounidenses en los 6 próximos meses. Pero nada demuestra que la paz volverá a instalarse en cada uno de los países agredidos. Hoy estamos viendo lo que parece ser un intento de acabar con el derecho internacional. ¿Consolidará esto una división del mundo en dos bandos o será el inicio de un conflicto generalizado?

JPEG - 57.7 KB
¿Están tratando las potencias occidentales de acabar con las obligaciones implícitas en el Derecho Internacional? Esa es la pregunta que planteó el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, en la Conferencia de Moscú sobre la Seguridad Internacional [1].
Durante los últimos años, Washington ha promovido el concepto de «unilateralismo». El Derecho Internacional y las Naciones Unidas deberían ceder el paso a la fuerza de Estados Unidos.
Esta concepción de la vida política proviene de la historia misma de Estados Unidos: los colonos que llegaban a América pretendían vivir allí a su antojo y hacer fortuna. Cada comunidad elaboraba sus propias leyes y rechazaba la intervención del gobierno central en sus asuntos locales. El presidente y el Congreso federal se encargan de la Defensa y de las Relaciones Exteriores, pero –al igual que los ciudadanos– no aceptan una autoridad superior a la suya.
El presidente estadounidense Bill Clinton atacó Yugoslavia violando alegremente el Derecho Internacional. George Bush hijo hizo lo mismo contra Irak y Barack Obama también lo hizo al agredir sucesivamente Libia y Siria. Donald Trump, por su parte, nunca ha escondido su desconfianza hacia las reglas supranacionales.
En alusión a la doctrina Cebrowski-Barnett [2], Serguei Lavrov declaró:
«Tenemos claramente la impresión de que los estadounidenses tratan de mantener un estado de caos controlado en ese inmenso espacio geopolítico [el Medio Oriente], con la esperanza de utilizarlo para justificar la presencia militar de Estados Unidos en esa región sin límite de tiempo para promover su propia agenda.»
El Reino Unido es otro país que se ha tomado libertades en materia de Derecho. El mes pasado, Londres acusó a Moscú, sin presentar la menor prueba, en el «caso Skripal» y trató de reunir una mayoría en el Asamblea General de la ONU para excluir a Rusia del Consejo de Seguridad. Por supuesto, para los anglosajones resultaría mucho más fácil reescribir unilateralmente el Derecho sin tener que tomar en cuenta las opiniones de quienes se atreven a enfrentárseles.
En Moscú no creen que Londres haya sido capaz de emprender esa iniciativa y consideran que sigue siendo Washington quien dirige la orquesta.
La «globalización», o sea la «mundialización de los valores anglosajones», ha creado entre los Estados una sociedad clasista. Pero no hay que confundir este nuevo problema con la existencia del derecho de veto. Es verdad que la ONU, aunque proclama la igualdad entre los Estados –independientemente de su extensión geográfica–, reconoce en el Consejo de Seguridad 5 miembros permanentes con derecho de veto. La existencia de ese directorio, conformado por los principales vencedores de la Segunda Guerra Mundial, es necesaria para que esos mismos Estados acepten el principio mismo de un Derecho supranacional. Pero cuando ese directorio no logra pronunciarse sobre la manera de aplicar ese Derecho, la Asamblea General puede hacerlo en su lugar… al menos teóricamente ya que los Estados pequeños que se atreven a votar contra una potencia saben que van a ser objeto de represalias.
La «mundialización de los valores anglosajones» deja de lado el honor y valoriza la ganancia, de manera que lo único que determina hoy el peso de las proposiciones de un Estado es su nivel de desarrollo económico. Pero 3 Estados han logrado en los últimos años hacer oír sus voces gracias al contenido de sus proposiciones y no en función de sus economías. Esos 3 Estados son el Irán de Mahmud Ahmadineyad (actualmente bajo detención domiciliaria en su propio país), la Venezuela de Hugo Chávez y la Santa Sede.
La confusión engendrada por los valores anglosajones ha conducido a financiar organizaciones intergubernamentales con dinero privado. Como una cosa lleva a la otra, en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), por ejemplo, los Estados han ido abandonando poco a poco su poder de proposición… en beneficio de los operadores privados de telecomunicaciones, reunidos en un Comité «de consulta».
La «comunicación», nueva manera de llamar lo que antes se denominaba «propaganda», se impone en el campo de las relaciones internacionales. Desde el secretario de Estado estadounidense agitando ante el Consejo de Seguridad de la ONU una probeta con falso ántrax hasta el ministro británico de Exteriores mintiendo sobre el origen del novichok de Salisbury, la mentira ha sustituido al respeto, dejando espacio a la desconfianza.
En los primeros años de su creación, la ONU trataba de prohibir la «propaganda de guerra» pero hoy en día son precisamente varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad quienes se dedican a ese tipo de propaganda.
Lo peor ha sido lo sucedido en 2012, cuando Washington logró imponer a uno de sus peores halcones, Jeffrey Feltman, como número 2 de la ONU [3]. Desde aquel momento, las guerras se organizan en Nueva York, precisamente en la sede de la institución que debería evitarlas.
Rusia se interroga en este momento sobre la posible voluntad de las potencias occidentales de bloquear las Naciones Unidas. En ese caso, podría crear una institución alternativa pero ya no habría un foro donde los dos bloques pudieran sentarse a conversar.
Una sociedad sin Derecho se convierte en un caos donde el hombre vuelver a ser el lobo del hombre. Exactamente de la misma manera, el mundo se convertirá en un campo de batalla si abandona el Derecho Internacional.
[2] «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Haïti Liberté (Haití) , Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.
[3] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire; «ONU: Prórroga para el estadounidense Feltman como director de Asuntos Políticos», Red Voltaire, 28 de enero de 2016 y 16 de febrero de 2017.

domingo, 9 de abril de 2017

Presidente venezolano condena ataque de EEUU a Siria y asegura que es ilegal

CARACAS (Sputnik) — El ataque de misiles estadounidenses a una base militar en la ciudad siria de Homs es "ilegal" y viola el derecho internacional, aseguró el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien manifestó su absoluto rechazo a tal suceso.

"Ahí está el ataque que han hecho contra el pueblo de Siria, un ataque ilegal, violando las leyes internacionales, violando los procedimiento del Consejo de Seguridad de la ONU, del derecho internacional… rechazamos el ataque que ha habido contra la soberanía y la dignidad de la República árabe socialista de Siria", expresó.

La bandera de Venezuela
Maduro aseguró durante un acto en Caracas, transmitido por el canal del Estado, Venezolana de Televisión, que su Gobierno "jamás va a guardar silencio frente a la injusticia, frente a la guerra, frente a la muerte".

Además, advirtió que si las potencias del mundo se abrogan el derecho de atacar a los menos poderosos, el destino de la humanidad será la barbarie, el saqueo y la muerte.
"Ellos bombardean los países para defender la civilización, ¿qué civilización es esa que bombardea, destruye y mata pueblos en el mundo?", cuestionó.
El presidente venezolano recordó que en el año 2013, también se acusó al presidente sirio Bashar Asad de usar armas químicas contra la población y se confirmó que era el grupo terrorista Daesh (proscrito en Rusia y otros países), tras la mediación de Naciones Unidad y el presidente ruso, Vladímir Putin.
Consecuencias del ataque de EEUU contra la base de la Fuerza Aérea siria Shairat
© Sputnik/ Mikhail Voskresenskiy

En ese momento, "se pretendió una invasión de Siria, y la ONU y el presidente Putin como líder del mundo de la paz, detuvieron esa invasión, y se estableció un mecanismo de investigación y se estableció que las armas químicas fueron usadas por grupos terroristas", acotó.
La madrugada del viernes EEUU lanzó 59 misiles de crucero Tomahawk desde los buques de guerra emplazados en el Mediterráneo contra la base aérea de Shairat en la provincia siria de Homs.
De acuerdo con el gobernador de Homs, el ataque causó siete muertos, incluidos dos civiles.
Bandera de Siria
© REUTERS/ Omar Sanadiki

La Casa Blanca considera que desde esta instalación se lanzó el martes el supuesto ataque químico a la ciudad de Jan Sheijun que se saldó con 84 muertos y 545 heridos.
Rusia condenó el bombardeo de EEUU como acto de agresión y anunció que suspende el memorando firmado con Washington para prevenir incidentes aéreos en el país árabe.