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lunes, 18 de mayo de 2020

Desglobalización en marcha: ¿China podrá salvar al mundo otra vez?

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Después de casi medio siglo de expansión ininterrumpida del comercio mundial, los viajes y la interconexión, la pandemia de coronavirus asesta un durísimo golpe a la globalización. Pero a diferencia de la crisis de 2008-2009, China no estará en condiciones de salvar al mundo por segunda vez en lo que va del siglo.
La crisis económica, política, social y sanitaria mundial que estamos viviendo es la más grave en casi un siglo, y para algunos analistas superará la Gran Depresión de 1929. Martin Wolf, editor del Financial Times de Londres, dijo que es "el colapso de la pax americana", que "se está rompiendo el orden del sistema mundial de la posguerra", y que es un "colapso sin precedentes de la economía mundial".

Según los pronósticos más optimistas del FMI, en 2020 la economía va a caer tres veces más que en la crisis de 2008-2009, un 3%, como mínimo. Esto significaría tanto como la producción de un año del Reino Unido. Para el Banco de Desarrollo de Asia la economía podría perder dos o tres veces más, entre un 6,4 y un 9,7% del producto bruto global. Algo así como toda la producción de Francia y el Reino Unido.

  • La economía de los países europeos caerá alrededor del 7,4%, según previsiones de la Comisión Europea, como toda la producción de España en un año.
  • La caída de EEUU fue casi 5% el primer trimestre y puede llegar hasta un 40% en el segundo.
  • América Latina caerá este año más del 5%, la mayor desaceleración desde 1960, según la ONU, el equivalente a la producción de Perú en un año.
  • China, que creció 6% en 2019, se contrajo 6,8% el primer trimestre y se calcula que su crecimiento anual será, con suerte, del 1%.
Como todas las crisis agudas, el mecanismo para salir de ella es una fenomenal destrucción de riqueza:
  • El indicador más claro es la caída del precio del petróleo, que se hundió por debajo de 0, es decir, menos que mantenerlo en un depósito, porque ya hay tal sobreproducción que no hay dónde guardarlo.
  • La Organización Mundial del Turismo (OMT) calcula que el turismo internacional podría caer hasta un 60-80% en el año. Esto implicó, por ahora ahora, 67 millones menos de turistas internacionales hasta marzo es decir, 80.000 millones de dólares menos.
  • Según la IATA, las empresas de aviación podrían perder 314.000 millones de dólares, algo así como toda la producción anual de Chile, llevando a una quiebra masiva, la desaparición de miles de empresas y la concentración en unas pocas.
  • Se fabricaron casi 2,5 millones de vehículos menos en estos meses en la Unión Europea. Solo en abril, las exportaciones de automotores de México cayeron 90%.
  • En Brasil, la venta diaria cayó 80% entre finales de marzo y abril.
  • Millones de pequeños negocios y empresas no volverán a abrir sus puertas.
  • El modelo se agotó

    El sistema económico mundial está, desde hace más de medio siglo, en una crisis crónica de la que no logra recuperarse, que lleva a crisis agudas periódicas, la una más grave que la otra.
    El mundo salió —a medias— de la crisis de 2008-2009, la más profunda desde 1929,  gracias a la infusión masiva de créditos y subsidios estatales a los bancos y a la masiva inyección de dólares y euros para sostener el consumo. Pero lo fundamental fue el crecimiento de China, que se convirtió en la locomotora del planeta y se hizo cargo del 40% del crecimiento mundial en esta última década.

    Frente a la actual crisis, muchos se preguntan si China volverá a salvar al mundo tras la rápida recuperación después de contener el virus.

    Pero ese modelo se agotó. Por primera vez desde 1970, la economía china decreció este primer trimestre y lo mejor que se puede esperar para el año es un crecimiento del 1 o el 2%.
    Esto implicará que su clase media consumirá menos, que el país exportará menos porque caerá el comercio mundial, y por lo tanto el país comprará menos hierro, soja, carne, cobre, litio. Esto golpeará de lleno a Latinoamérica, en especial a los países que tienen a China como su principal cliente comercial, como Brasil, Perú o Chile.
    Además del comercio, América Latina recibió 160.000 millones de dólares de inversiones chinas entre 2005 y 2018 y préstamos por 140.000 millones de dólares, en la etapa más dura de la anterior crisis mundial, pero estas inversiones y créditos, que ya venían bajando, ahora se verán seriamente afectados.

    La desglobalización


    La pandemia aceleró las tendencias proteccionistas, la caída de las inversiones extranjeras directas y del comercio mundial, transformando al mundo para siempre.
    Hace pocos días Donald Trump criticó el acuerdo comercial firmado con China en enero para frenar la guerra comercial entre los dos países y amenazó con suspender su relación con China: "Vamos a traer la manufactura de vuelta", advirtió.

    "La era de exportar trabajos de EEUU se ha terminado", escribió el Secretario de Comercio de EEUU, Robert Lighthizer en The New York Times. "Todos los días hablo con empresarios que reconocen que subestimaron el riesgo de llevar al exterior sus producción o depender de la producción de partes esenciales en algunos países muy lejanos".

    "Las empresas podían evitar los estándares laborales y ambientales de EEUU llevando su producción al exterior y gozando de un acceso libre de impuestos a nuestro mercado. Los salarios bajos les dieron ganancias altas, pero para EEUU el efecto fue traumático: EEUU perdió cinco millones de empleos manufactureros", agrega en su comentario, y concluye: "Traigamos los empleos a EEUU otra vez".
    La pandemia acelerará esta tendencia. La Organización Mundial de Comercio estima que el comercio mundial caerá entre 10 y 30% y las inversiones extranjeras se reducirán en todo el mundo. Según The Economist, las inversiones chinas en EEUU fueron este primer trimestre un 60% menos que hace dos años y Washington ordenó al principal fondo de pensiones de EEUU no comprar más acciones chinas.

    ¿Hacia un capitalismo más humano?

    Está de moda hablar de que, como resultado de la pandemia, puede resurgir un "capitalismo más humano", pero eso no va a suceder. Por el contrario, millones de empresas quebrarán, cientos de millones de personas quedarán sin empleo, los salarios caerán, aumentará la concentración monopólica, la miseria y la desigualdad. Esto ya está sucediendo:
    • Según la OIT, la mitad de la fuerza laboral del mundo verá destruido su modo de vida, es decir, 1.600 millones de personas. De 3.300 millones de trabajadores, 2.000 millones son informales.
    • Solo en EEUU, al 8 de mayo, más de 20 millones de trabajadores perdieron sus empleos en abril, llevando la tasa de desempleo al 14.7%, 33.5 millones de desempleados en dos meses. A comienzos de año el desempleo era de  3.5%.
    • Algunas categorías de trabajadores sufrirán más que otros, en primer lugar los trabajadores de la salud. A fines de abril los trabajadores de la salud eran el 20% de los contagios en España, 10% en Italia, 14% en Argentina, y los sindicatos estiman que son muchos más.
    • En Europa, la OMS denunció que la mitad de los casos fatales son mayores que murieron en las residencias para adultos.
    • En el Reino Unido, la tasa de muertes entre los negros es de 56 cada 100.000 habitantes y entre los blancos es 33 cada 100.000.
    • En Nueva York, un tercio de los infectados son latinos y los negros mueren el doble que los blancos, situación que se reproduce en los demás estados. Según el Centro de Control de Enfermedades de EEUU, la mayor cantidad de víctimas entre los negros se explica porque la tasa de diabetes es 66% más alta en los negros, la hipertensión es 49% más, la expectativa de vida es 3.5 años menor.
    • La cuarentena es un privilegio para los que tienen un trabajo asalariado y pueden cobrar mensualmente. En EEUU los que ganan más de 70.000 dólares al año pueden hacer el 70% de su trabajo en casa. Los que ganan menos de 40.000 solo el 40%. 
    • A medida que la crisis se traslada de lleno a América Latina, las poblaciones de Guayaquil, el Amazonas, de los barrios pobres de Bogotá, las villas miseria de Argentina y las favelas de Brasil, tienen tasas de contagios y de muertes alarmantes en relación con los barrios ricos y de clase media.

    Coronavirus
    © REUTERS / Dado Ruvic/Illustration
    La respuesta de los gobiernos agrava la carga para los más pobres. Los planes de salvataje son en su mayoría para salvar los bancos, las compañías de aviación y grandes empresas.

    Obligados por el temor a un estallido social, algunos gobiernos han repartido dinero o pagan un porcentaje de los salarios. Pero en lugar de garantizar el 100% de los ingresos, están utilizando la crisis para provocar una brutal caída de las remuneraciones.
    En Perú y Chile, los gobiernos autorizaron suspensiones laborales hasta por tres meses sin pago de salarios. En Brasil se autorizó a empresas a suspender trabajadores sin pago. En Argentina el Gobierno prohibió los despidos por tres meses, y garantiza hasta un 50% del salario de las pequeñas empresas, pero los trabajadores solo cobrarán 75% de sus sueldos.
    Esto, sin hablar de los cientos de millones en el empleo informal que no recibirán nada, de los que perderán sus casas, sus autos, sus ahorros y su nivel de vida.

    ¿Vendrá un mundo mejor?


    Para nada. El mundo que veremos será muy distinto. Los viajes internacionales se reducirán al mínimo, las conferencias se harán por Zoom, las enormes oficinas se vaciarán por el trabajo a distancia, los aeropuertos quedarán vacíos como símbolos de una globalización que ya fue.

    Los países buscarán relocalizar la producción de los bienes más indispensables en sus propias fronteras o cerca de ellas y se irá a un mayor proteccionismo, que favorecerá a regiones integradas, las más ricas, pero que desfavorecerá al resto del mundo.
    Esta vez, nadie vendrá para salvarnos. Como dijo el expresidente uruguayo Pepe Mujica, el mundo "va a cambiar para peor porque estos fenómenos críticos por un lado crean pobreza y, por otro, tienden a concentrar la riqueza". Ese es el mundo salvaje, y para nada humano, que nos espera.
    FUENTE: SPUTNIK 

viernes, 15 de mayo de 2020

Ataques de Occidente contra China son ‘un gran error estratégico, huelen a macartismo y son muy peligrosos’

Ex embajador de EU en China advierte que los ataques a China son macartismo y ‘muy peligrosos’

El ex embajador de Estados Unidos en China (de 2014 a 2017), Max Baucus, le dijo el 6 de mayo a CNN que la campaña de ataques a China que proviene del gobierno de Trump y más allá, es “muy peligrosa” y huele a macartismo.
Como lo informó la agencia china Xinhua el 7 de mayo, Baucus advirtió que la retórica contra China del gobierno de Trump “es tan fuerte… fuera de todo límite. Estamos entrando a un tipo de era similar a cuando Joe McCarthy, en aquel entonces, andaba dando la carnada roja al Departamento de Estado para atacar al comunismo”. La falta de voces públicas en contra de esto, dijo, “es un poco como Hitler en los años treinta. Mucha gente sabía que lo que sucedía estaba mal… pero no se pusieron de pie y no dijeron nada al respecto. Se sintieron intimidados. Y ahora en Estados Unidos, si cualquier persona dice algo razonable sobre China, se siente intimidada, con miedo a que le vayan a cortar la cabeza”.
En la década de 1930 en Alemania, explicó Baucus, “la gente responsable en Estados Unidos, y en especial la gente responsable en Alemania, no podían hablar. Me preocupa que algo como eso este sucediendo ahora, y es muy peligroso”. Baucus explica también que la crisis económica en Estados Unidos es también un factor en los ataques del Presidente Trump a China. “Trump sabe que hay un problema”, así que “tienen buscar un pivote, tienen que culpar a alguien y culpan a China”. Pero, advirtió, va a ser muy difícil corregir el rumbo después de las elecciones, “cualquiera que resulte electo”.
Pe preguntaron que si su comparación del ambiente actual en Washington con el de Alemania en los años treinta no era “provocadora”, y Baucus ofreció esta salvedad: “Yo creo que nos movemos en esa dirección, y no digo que ya estemos allá, pero hay muchas personas responsables en Estados Unidos que saben que estos ataques a China son irresponsables y que vamos a pagar un costo entre más siga”.

Peter Navarro desatado con sus mentiras contra China, y en Alemania Der Spiegel también

El rabioso fanático contra China, Peter Navarro, que ahora es el asesor comercial de Trump, se fue al programa dominical de la cadena de TV Fox News, “Sunday Morning Futures», para propalar todas las calumnias viejas y nuevas contra China, muchas de las cuales se ha comprobado públicamente que son invenciones salidas de los servicios de inteligencia del imperio británico y que repiten sus títeres anglófilos en Estados Unidos.
«China le ocultó el virus al mundo, lo escondió detrás del escudo” de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desvarió Navarro, “y mientras hacían eso enviaron relucientes jets de pasajeros, no al resto de China, sino a lugares como Nueva York y Milán, sembrando al mundo con lo que se volvió una pandemia. Ellos se hicieron de casi todo el equipo de protección, unas dos mil millones de mascarillas, y están sentados encima de de un acopio de EPP [equipo de protección personal] para venderlo a precios excesivos a algunos países, y le ponen presión a los países para negar que el virus vino de China”.
Luego de echarle la culpa a China por todos los problemas que tiene Estados Unidos, dijo que “Trump construyó la economía más poderosa y hermosa en el mundo en tres años, y el Partido Comunista chino lo derrumbó en 60 días”.
El semanario alemán Der Spiegel le agregó su propio veneno a la propaganda de guerra contra China, con un comentario de la agencia de inteligencia alemana BND: “El 21 de enero, el líder de China, Xi Jinping, le pidió al jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que retuviera la información sobre la transmisión de humano a humano y que retrasara la advertencia de pandemia. El BND estima que la política informativa de China hizo perder cuatro a seis semanas para combatir al virus en el mundo”.
La Organización Mundial de la Salud publicó de inmediato una declaración donde afirma que esa imputación “es infundada y falsa”.

Xinhua advierte que los ataques a China son ‘un gran error estratégico’

La agencia china Xinhua publicó el 9 de mayo un comentario titulado “China estimula el orgullo nacional en la lucha contra el coronavirus, pero no exporta el ‘modelo chino’ ”, que empieza por señalar: “Hay un consenso nacional de que China ha puesto bajo control la epidemia en el país y que la tendencia ascendente de casos importados de COVID-19 va en declive, en tanto que el orden de trabajo y la vida cotidiana se ha reanudado a un ritmo más rápido. Para un país con 1,400 millones de personas, estos son logros obtenidos con esfuerzo que son un orgullo nacional”.
Según los resultados de una encuesta nacional que realizó la agencia Blackbox Research, con sede en Singapur, el pueblo chino ha expresado que está muy satisfecho con la respuesta de su gobierno ante la crisis de la COVID-19, y que seguirá respondiendo a cualquier crisis de salud pública en el futuro.
El comentario de Xinhua destaca que, “ese valor para identificar y solucionar defectos en la gobernanza es un marcado contraste con las tácticas que han adoptado los políticos de algunos países que intentan encubrir su incompetencia y culpan a otros. En la medida en que mejora la situación de China, esos políticos andan ahora difundiendo el odio hacia China predican que se debe tratar a China como el desafío principal. Los ataques que han lanzado los políticos occidentales contra el sistema político de China, donde el blanco definitivo de su bombardeo es el PCC [Partido Comunista de China], han resultado infundados y fútiles. Es un gran error estratégico y muestra una mentalidad obsoleta al hacerlo”.
“China no tiene ninguna intención de cambiar el orden mundial actual, ni tampoco busca imponer su modelo en otros países del mundo. Más bien, China defiende la visión de una comunidad con un futuro compartido para la humanidad y seguirá comprometida con la paz mundial, el desarrollo global y el orden internacional”, concluye el comentario.

Fuentes:
MENTE ALTERNATIVA

miércoles, 6 de mayo de 2020

China impulsa la pérdida hegemónica de Estados Unidos


El poderío chino en materia económica y su influencia política internacional sitúan al gigante asiático como blanco de ataques permanentes de Washington.

El poderío chino en materia económica, influencia política internacional y sobre todo al prestigio que obtiene en su pugna contra Estados Unidos, sitúa hoy al gigante asiático como blanco de ataques permanentes de Washington, que constata inevitablemente, que la otrora supremacía global va cuesta abajo en la rodada.

Desde el renacimiento hasta el inicio de este siglo XXI, tomando en ello el calendario occidental, la hegemonía de Occidente se había mantenido sin grandes sobresaltos – tal vez con algo de disputa en la supremacía desde fines de la segunda guerra mundial (SGM) cuando la ex Unión Soviética adquirió el rango de superpotencia, hasta la caída de los socialismos reales, Pero, eso sólo fue un lapso, efímero en el conjunto del dominio occidental.

Durante el último medio milenio, el trono hegemónico se ejerció, principalmente,por un número muy reducido de naciones occidentales. Primero, en el marco atlantista europeo, con predominio en amplios y extensos territorios, en todos los continentes, a manos de España, Francia y que en el caso del Imperio británico logró mantener cierta supremacía hasta la segunda década del siglo XX. En esa etapa, marcada por el fin de la SGM comienza, con todo su ímpetu económico y militar, a imponerse Estados Unidos, que consolida, tras el derrumbe de Europa y Japón, la impronta de superpotencia y con ello encabezarla conformación de un Nuevo Orden Mundial, centrado en intereses y valores emanados de una visión de mundo imperialista, en grados jamás vistos en la historia de la humanidad.

Efectivamente, esa omnipotencia se verifica en múltiples aspectos: número de bases militares en el mundo, que en el caso estadounidense alcanza las 800 bases militares y bases Navales en todos los continentes. Invasiones, ya sea para derrocar o afianzar gobiernos afines. Procesos de desestabilización, para concretar el dominio de recursos naturales como petróleo, gas, uranio, rutas de navegación. Instalación de entidades políticas, como es el caso del sionismo, para así crear cabezas de playa en Asia Occidental. Conformación de bloques regionales, dominio de instituciones y recursos financieros, que le permiten diversificar como no lo habían hecho imperios anteriores, la sujeción de gran parte de países dependientes. Manejo de medios de información y el encauzar el proceso de globalización, como la expresión máxima de un modelo neoliberal y una fase de Macdonalización del mundo (1) que expresa la ideología dominante.

En todo caso, hablo de una cultura mediocre, basada, principalmente en el consumo y donde elementos como la posesión de armas, el hedonismo, la ignorancia social suelen imponerse. Resulta sintomático, por ejemplo, el desprecio del presidente estadounidense Donald Trump a los intelectuales, los científicos, todo lo que huela a cultura. Un ejemplo de ello es su consejo que para “desinfectarse” del virus COVID-19 había que tomar productos desinfectantes como Lysol y otros productos de limpieza, que matarían en el interior del organismo a los contagiados.Los medios consignaron que “pese a las alertas lanzadas por médicos y expertos estadounidenses, algunos ciudadanos se tomaron al pie de la letra las palabras del magnate neoyorquino, pensando que así se curarían, cuando en realidad se estaban envenenando.

Esa misma ignorancia,en un país donde sus mandatarios no suelen brillar por su altura intelectual, permite que se acusa China por ejemplo de ser el causante de la pandemia global producto de la COVID-19 . El presidente Donald Trump, cuyo país al cierre de este artículo exhibe cifras gigantescas, en cuantos a contagiados, un millón doscientas mil personas y 70 mil muertes, en una treta dirigida a desviar la atención sobre la inoperancia de su administración en el combate al virus, asignándole a China la responsabilidad de un mal que aqueja al conjunto del planeta.
Trump acusa a China de haber creado la COVID-19 en un laboratorio de Wuhan (ciudad donde se sitúa el origen del primer contagio), llamándolo incluso Virus Chino y sumando en esta línea confrontación a LOS países aliados como Francia y el Reino Unido. Igualmente,Trump se ha enfrascado en una agria disputa con la Organización Mundial de Salud (OMS) a la cual acusa de haber actuado en forma complaciente con el gobierno de Pekín y dar malos consejos de cómo enfrentar la pandemia. Tanto a China como a la OMS, el Gobierno estadounidense responsabiliza de la pandemia y la crisis sanitaria en su país, no hay autocrítica respondan de sus actos, una vez terminada la pandemia, amenazando incluso con medidas judiciales pues las económicas, en el caso de la OMS ya las tomó al suspender el aporte financiero que Estados Unidos realiza y que representa el 16% del presupuesto total de este organismo internacional.

China, a través de una declaración pública, no se guardó palabras ni historia para responder a Trump. Lo pudo en su lugar en materia sanitaria y criticando su línea de andar exigiendo responsabilidades, como si el Gobierno chino tuviese un plan destinado a perjudicar a Estados Unidos.El Portavoz de la cancillería china, Geng Shuang sostuvo que “Hemos declarado en varias ocasiones que el tema de la COVID-19 es una cuestión que se debe estudiar por los médicos y los científicos y no debe ser politizada. Por ahora la OMS y la mayoría absoluta de los expertos consideran que no existe ninguna prueba de que el nuevo coronavirus fuera inventado en un laboratorio”.

Geng Shuang trajo a colación temas que el oportunismo de Trump oculta. El alto funcionario chino afirmó con contundencia “¿Alguien culpó a Estados Unidos por el SIDA? El año 2009 la gripe HINI estalló en una gran área de los Estados Unidos y se propagó por una decena de países causando la muerte de 200 mil personas. ¿Alguien pidió a Estados Unidos que pagase por ello? En la década de los 80 del siglo XX el SIDA se detectó por primera vez en los Estados Unidos y se extendió por el mundo. ¿Cuántas personas padecen SIDA hoy? ¿Alguien culpó a Estados Unidos por eso? Los virus son enemigos comunes de toda la humanidad y pueden aparecer en cualquier país en cualquier momento. China, como otros países ha sido atacada por el virus. China es una víctima no una cómplice del virus. Todos deben tener claro que el enemigo es el virus, no China”.

El temor estadounidense a China

¿Por qué ese empecinamiento de Estados unidos por desacreditar a China, por responsabilizarla de una pandemia cuyo origen merece ser estudiado sin prejuicios?China ha señalado, por ejemplo, que soldados estadounidenses que asistieron a los V Juegos Militares mundiales en octubre del año 2019 en la ciudad de Wuhan fueron los portadores del virus, cuya traza se ha encontrado en fallecidos y examinados post mortem por causas respiratorias en los Estados Unidos. Por más solicitudes que se han hecho, Washington no ha dado respuesta a esta información. Se habla de laboratorios vinculados a la guerra biológica y una alianza entre Washington y el régimen de Tel Aviv para propagar el virus, que tampoco ha sido desmentida por el binomio mencionado. Conjeturas hay muchas y “lo claro es la poca claridad” existente frente al origen primario de este la COVID-19. Sobre acusaciones se puede escribir varios tomos.

La respuesta a tanto empecinamiento estadounidense en culpar a China radica en factores políticos, económicos y de fuerte confrontación hegemónica, en momentos que el predominio estadounidense está siendo cuestionado en todo el planeta. Una preeminencia que sucumbe a la par del deterioro de la autoridad del mandatario estadounidense convertido en una caricatura de sí mismo. China está golpeando las bases de lo que ha sido el poderío estadounidense tras el fin de la SGM. Estableciendo alianzas comerciales con gran parte de los países del mundo, sin invasiones, ni agresiones militares ni chantajes en el seno de los organismos internacionales.

China ha entrado de lleno en África, con 250 mil trabajadores de esa nacionalidad, miles de empresas. Con inversiones que han pasado de 85 millones el año dos mil a 400 mil millones de dólares en la actualidad, considerando en ello sólo en los países subsaharianos, diversificado en infraestructura ferroviaria, represas, oleoductos, carreteras y donde los llamados metales estratégicos son una fuente valiosísima para las industrias tecnológicas modernas: oro, coltán, vanadio, manganeso, uranio, cromo, entre otros. Una presencia marcada además por diferencias notables con relación a las antiguas metrópolis y la de Estados Unidos. La diplomacia china “en medio siglo ha dado un cambio notable respecto a su relación con África. Se ha desprendido del pasado ideológico para acometer con enorme pragmatismo y un marcado sesgo económico su política exterior en el continente sobre principios como la confianza mutua, beneficio recíproco, igualdad de las partes, la no injerencia en asuntos internos y la coordinación”. Frente a ello Estados Unidos tiene muy poco que ofrecer.

Una forma de trabajo similar es la que ha llevado a cabo la República Popular China en Latinoamérica. Un Estados Unidos que tras la guerra civil estadounidense en la segunda mitad del siglo XIX comenzó a penetrar en los países al sur del Río Grande, hasta consolidar su poderío político, económico y militar tras el fin de la primera guerra mundial, convirtiendo a Latinoamérica en lo que despectivamente se denominó “el patio trasero estadounidense”. Un mercado como plaza de negocios privilegiada para Washington, cerrada para cualquier eventual competidor. Y, sin embargo, sobre todo en la última década China ha entrado de lleno en materia de inversiones, infraestructuras e incluso en apoyo a gobiernos enemigos de Estados Unidos como es el caso de la República Bolivariana de Venezuela, con la cual mantiene fluidas relaciones políticas, comerciales y estratégicas, vinculadas a la industria del petróleo y el oro.

En un artículo escrito hace un lustro mencionaba el inmenso empuje que China estaba impulsando con Latinoamérica y que significó, que entre los años 2005 al 2014 la República Popular China otorgara 120 mil millones de dólares a países de la zona, estableciendo además un fondo de inversión para la cooperación bilateral en áreas de biotecnología, minería y proyectos de infraestructura que superaron los 15 mil millones de dólares. En el decenio 2016 al 2026 se definió un proceso de inversión de 250 mil millones de dólares. Un crecimiento de inversiones de un 70% frente al 20% menos de Estados Unidos que va en franco retroceso y menor influencia.China ocupa hoy el espacio que Washington ha dejado en función de sus propias realidades, ya sea porque sus preocupaciones de superpotencia lo tienen con la mira puesta en sus intereses en Europa, Asia occidental y la zona en disputa del mar meridional de la China. Una visión estratégica de los gobernantes estadounidenses con una miopía en aumento tan grande como sus desafortunadas intervenciones en guerras de agresión en el Magreb y Asia Occidental. Unido a sus problemas internos, con una sociedad dividida y un presidente que genera tensiones y desconfianza en todos los continentes.
Es esta pérdida de influencia global, junto a la necesidad de desviar la atención sobre sus problemas sanitarios y políticos internos el que explica la política de Trump y su administración de enfocar la dirección de sus críticas contra China. País al cual Washington responsabiliza de la producción y propagación del Virus. Una acusación que se da, además, en el marco de guerra comercial y un fuerte cuestionamiento a la hegemonía en decadencia estadounidense. Un país más empeñado en cercar a la República Islámica de Irán, imposibilitar el desarrollo y ampliación a occidente de la Federación Rusa y tratar de impedir el desarrollo de China en el comercio global, tratando de sumergirla en conflictos como es el caso del Mar Meridional de la China, donde ha incitado a sus socios de la región, para presionar y tensar las relaciones con Pekín.
Donald Trump, al ser electo, dejó claramente establecido que “nuestro enemigo es China” y así lo ha concretado en su mandato, incluso generando un fuerte sentimiento antichino en la población, generando querellas impulsadas por abogados estadounidenses, que pretenden hacer pagar a China millonarias indemnizaciones por “propagar el virus y ser culpables de miles muertes en Estados Unidos”. Se ha generado, igualmente, la petición por los sectores más extremistas de la sociedad estadounidense de imponer decisiones migratorias, que impidan la entrada de estudiantes y trabajadores chinos. El llamado viene de políticos influyentes, como es el caso de Tom Cotton senador republicano por Arkansas, que ha llamado al gobierno a impedir no sólo que las mentes más brillantes de China sean entrenadas por Estados Unidos, sino que se impida que Pekín robe la vacuna contra la COVID-19 en una acusación que demuestra el temor atávico que se tiene con China.
La sinofobia está desatada en Estados Unidos y el mismo Cotton ratificó sus denuncias estereotipadas y que hunden sus raíces desde que los primeros inmigrantes chinos se instalaron en el oeste norteamericano a mediados del siglo XIX. Cotton afirma que "los servicios de inteligencia chinos están tratando activamente de robar la propiedad intelectual de Estados Unidos en lo que se refiere al virus que lanzaron al mundo, porque, por supuesto, quieren ser el país que atribuya el mérito por encontrar los fármacos o la vacuna, y luego usarla como influencia contra el resto del mundo". A pesar de estos ataques, que esconden el profundo temor de Washington ante el avance global chino, el Dragón chino sigue despierto y con ansias de no dormirse en los laurales, que lo sitúan hoy como una de las principales potencias mundiales.
Geng Shuang, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, ha sido enfático en dar a conocer la posición de su gobierno: "Estas demandas estadounidenses son muy absurda y no tienen ninguna base legal. Desde que comenzó el brote, China ha actuado de manera abierta, transparente y responsable, y el gobierno de EE. UU. debería desestimar tales litigios vejatorios". Mientras los contagios y las muertes sean una constante en Estados Unidos los ataques contra China se van a intensificar, para Trump la búsqueda de un enemigo que oculte su pésima administración es prioritario.

FUENTE: HISPANTV

Kevin Barrett: ‘Trump preside una guerra mundial de bajo grado en nombre de los neocons’

Kevin Barrett: ‘Trump preside una guerra mundial de bajo grado en nombre de los neocons’. En un artículo publicado por Veterans Today, el académico estadounidense Kevin Barrett explica que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, actualmente preside lo que equivale a una especie de “pequeña guerra mundial controlada de bajo grado en varios frentes, no solo con Irán, sino también con China, en nombre de los neoconservadores”. Pero una de las características de esta “Tercera Guerra Mundial controlada” es que se trata de una guerra oculta que incluye agentes invisibles como el COVID-19.

Durante una conferencia de prensa de la Casa Blanca sobre la pandemia de COVID-19 el 20 de abril de 2020, Trump confesó la estupidez de la política estadounidense en el Medio Oriente. Refiriéndose a los billones de dólares gastados en las guerras interminables de Estados Unidos, Trump preguntó: “¿Cuán estúpidos hemos sido?” Sin embargo, dos días después, ordenó a la Marina de los EE.UU. que “derribara y destruyera” cañoneras iraníes que presuntamente acosaban a los buques de guerra estadounidenses en el Golfo Pérsico.
Los analistas han argumentado que las recientes amenazas del presidente de los Estados Unidos van en contra de sus frecuentes afirmaciones de que quiere poner fin a las guerras de los Estados Unidos en la región y también contradicen su reconocimiento de que las campañas militares de los Estados Unidos han sido “estúpidas”.
En declaraciones a Press TV, Kevin Barrett, autor, periodista y locutor de radio con un doctorado en estudios islámicos y árabes, dijo: “Trump dice que quiere poner fin a las guerras para siempre… pero su equipo de neoconservadores lo ha arrastrado a una situación de guerra”.
Dijo que “Trump sigue teniendo fama de ser alguien con una boca grande e incontrolada con sus amenazas de destruir pequeñas embarcaciones iraníes que han estado involucradas en algunas confrontaciones con grandes barcos militares estadounidenses en el Golfo Pérsico”.
“¿Cómo se supone que debemos interpretar esto? Bueno, Trump dice que quiere poner fin a las guerras para siempre. Recientemente habló sobre lo estúpidas que han sido las guerras estadounidenses en Medio Oriente desde el 11 de septiembre. Y, por supuesto, tiene razón en eso. Pero su equipo neoconservador lo ha arrastrado a una situación de guerra. Él representa al partido de guerra. Él no parece darse cuenta de eso; él no es la bombilla más brillante del paquete”, agregó.
“Y ahora, Trump está presidiendo lo que equivale a una especie de pequeña guerra mundial de bajo grado en varios frentes; no solo con Irán, por supuesto, donde el asesinato del general Qassem Soleimani fue equivalente al asesinato del archiduque Fernando, sino también en China, porque él es la herramienta del partido de guerra anti-China en los Estados Unidos”.
“Las mismas personas que enviaron ántrax al Congreso de los Estados Unidos en 2001, enviaron el coronavirus a China, a Irán y al mundo entero como parte de un intento de detener el ascenso de China al destruir la economía mundial interconectada que es el motor del ascenso de China”, señaló el analista.
“Whitney Webb también expone en un artículo reciente sobre tecno-tiranía en los Estados Unidos, cómo una agencia de seguridad nacional publicó un documento que señala que la única forma en que Estados Unidos tendrá la oportunidad de prevalecer sobre China en la próxima cuarta revolución industrial es si Estados Unidos se convierte de alguna manera en una distopía orwelliana como China, haciendo todo lo posible por la Inteligencia Artificial, el Big Data, las Telecomunicaciones de Quinta Generación, el marketing, la nanotecnología, biotecnología, robótica e Internet; pues en todas estas áreas, China tiene una gran ventaja por su sociedad controlada”, dijo.
“Y la única forma en que Estados Unidos podría esperar competir con China es tener una gran crisis, una pandemia, en la que de repente el gobierno pueda entrometerse en la vida de los estadounidenses comunes en la forma en que lo hace el gobierno de China”, observó.
“Entonces, la crisis de COVID-19 se fabricó en un laboratorio de guerra biológica de Estados Unidos como parte de la Tercera Guerra Mundial, que está en curso. Actualmente, los EE.UU. ahora se enfrentan con China en el Mar Meridional de China. Los chinos han arrestado a agentes estadounidenses en Hong Kong, y se supone que el mundo mira para otro lado y ni siquiera se da cuenta de lo que está sucediendo. Supongo que la Tercera Guerra Mundial no será televisada”, concluye el académico.

Fuente:
Kevin Barrett / Veterans Today — Trump presiding over low-grade simmering World War lll on behalf of neocons.
MENTE ALTERNATIVA.

¿Quiénes son los promotores británicos de la guerra con China y los idiotas útiles que los respaldan?

¿Quiénes son los promotores británicos de la guerra con China y los idiotas útiles que los respaldan? Las ideas que el estadounidense promedio tiene sobre China, en realidad no son suyas. Entonces, ¿cuál es el origen de los titulares y la narrativa anti-China que escupen los medios de comunicación de masas? Los responsables son los neoconservadores, el Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense, la Sociedad Henry Jackson, y las personas que nos trajeron la Guerra de Irak y el Russiagate, que son la cara visible de la facción británica de la nobleza negra internacional. Estas son las mismas personas contra las que se enfrentó el presidente Trump en 2016 y que desde entonces han estado tratando de derrocar su presidencia.

Trump y Xi Jinping habían avanzado mucho en el restablecimiento de las relaciones económicas entre Estados Unidos y China. Pero, ahora, la propagación de COVID-19 se está utilizando para destruir ese progreso y enfrentar a los dos poderes entre sí. Mientras tanto, la Reserva Federal continúa su compromiso de rescatar a los mayores especuladores de la economía.


¿Quién controla el entorno de Trump para provocar una guerra con China?

El ex embajador del Reino Unido en Washington, sir Kim Darroch, en un memo interno que terminó siendo público, utilizó la jerga deportiva que se refiere a rodear a un contrincante en el básquetbol (“inundar la zona” del contrario) para informarle a sus jefes en Londres que en Washington la embajada británica controla el entorno del Presidente Trump. Darroch tuvo que ser removido del puesto cuando sus nada diplomáticos comentarios se hicieron públicos en 2019, sin embargo es patente que sus directrices no solo siguen vigentes sino que se acatan con rigor. “Lo que se quiere es que, la mayoría posible de las personas a las que Trump consulte le den la misma respuesta”, aconsejaba Darroch. “Así que tenemos que ser creativos para utilizar todos los canales que tengamos disponibles a través de nuestras relaciones con su gabinete, el personal de la Casa Blanca, y nuestros contactos entre sus amigos de fuera” del gobierno.
Este comportamiento británico se puede ver muy claramente en los esfuerzos incesantes para crear en Estados Unidos una relación antagónica y conflictiva con China y su Presidente Xi Jinping.
El miércoles 29, la actual embajadora del Reino Unido que sustituyó a Darroch, la señora Karen Pierce, le dijo a los periodistas que “definitivamente es necesario” hacer una investigación al brote del coronavirus en China. “Este es el tercer virus, me parece, que sale de China antes de que el siglo llegue a su primer cuarto”, le dijo al diario Washington Post. “Yo creo que definitivamente tiene que haber algún tipo de revisión o investigación”, sentenció.
El jueves 30 una jauría de periodistas se lanzó sobre Trump para atacar a China. Uno de los periodistas utilizó la jerga de la comunidad de inteligencia para hacer una aseveración ambigua (pero “con mucha confianza”) con la que dicen sus mentiras, como la infame evaluación fraudulenta de enero de 2017 con la que se inició el cuento del “Rusiagate” pergeñado en la inteligencia británica. Le preguntó a Trump: “¿Ha visto usted hasta este momento algo que le de mucha confianza de que el Instituto de Virología de Wuhan fue el origen de este virus?”. Y Trump mordió el anzuelo y respondió tajante: “Si, si he visto. Si he visto. Y creo que la Organización Mundial de la Salud debería estar avergonzada porque se comportan como la agencia de relaciones públicas de China…”
Ahora consideren lo que dice Niall Ferguson (el británico nacionalizado estadounidense desde 2018), autor del libro Empire: How Britain Made the Modern World (Imperio: Cómo hizo Gran Bretaña el mundo moderno). El 5 de abril, Ferguson escribió en la edición dominical del Times de Londres, un artículo donde plantea 5 preguntas para el Presidente Xi Jinping. “Tercera, luego de que quedó claro que había una epidemia en estado avanzado que se propagaba desde Wuhan al resto de la provincia de Hubei, ¿por qué cortaron los viajes desde Huber al resto de China, el 23 de enero, pero no desde Hubei al resto del mundo?”. Desde entonces, esa mentira se ha amplificado al grado en que el propio Presidente Trump respondió a los pinchazos de los periodistas el jueves con una repetición de esa mentira promovida por los británicos: “¿Cómo es que pararon todos los aviones y todo el tráfico al interior de China, pero no pararon los aviones y el tráfico que iba a Estados Unidos y que iba a toda Europa?”
El investigador canadiense Daniel Bell, director de la Escuela de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad de Shandong y profesor de la Universidad Tsinghua, le dio seguimiento a la falacia de Ferguson. Bell se fue a revisar todos los registros de vuelos y demostró que lo que decía Ferguson es una mentira total, y que la supuesta evidencia que tenía (que le envió a Bell en un mensaje) no tenía nada que ver con las falsas imputaciones de Ferguson.
No cabe duda de que Trump está preocupado en el impacto del coronavirus en sus posibilidades de reelección, y corre el riesgo de morder el anzuelo que le ofrecen de todos lados en el ambiente configurado deliberadamente de su entorno para aceptar la plataforma de campaña contra China que le han ofrecido los senadores republicanos, mediante una firma de relaciones públicas que dirigen, irónicamente, dos ex asistentes del senador demócrata Chuck Schumer.
La única estrategia ganadora para el futuro se discutió en la reciente conferencia del Instituto Schiller del 25 y 26 de abril pasado, en torno a las perspectivas que planteó Lyndon LaRouche de una colaboración estrecha entre Estados Unidos, Rusia, China e India, para poner al mundo en una senda positiva, signada por principios de economía física y no de la economía financiera de Londres y Wall Street. Estados Unidos tiene que abandonar todo intento de salvar al actual sistema financiero en bancarrota, y dejar de pretender la ficción de que la economía estaba de maravillas antes que atacara el COVID-19; solo así podrá liberarse para participar en la necesaria cooperación entre las potencias de peso. Por otro lado, una cuerda de lunáticos que intenta “inundar la zona” en torno a Trump, están empeñados en ejecutar la política del imperio británico para impedir esa cooperación; si logran su cometido e imponen su visión como política de Estados Unidos, el mundo se dirigirá a una guerra que puede ser la última. No se les puede permitir eso.


Fuentes:
MENTE ALTERNATIVA