El aparato de propaganda creado para ahogar toda voz disidente ha pasado a una etapa superior. Ya no se trata sólo de afirmar que quienes se apartan del discurso oficial se basan en errores y en interpretaciones erróneas o mienten deliberadamente sino de presentarlos como «traidores» pagados por una potencia extranjera.
Según el sitio web oficial de la Unión Europea, la Red Voltaire es una banda de infames traidores pagados por Rusia para difamar al noble ejército de Estados Unidos.
El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) –también designado como «Servicio Exterior»– creó en 2015 la East StratCom Task Force, una unidad cuya misión consiste oficialmente en luchar contra la desinformación proveniente de los servicios secretos rusos. Esa unidad tiene en internet un sitio web llamado EUvsDisinfo.eu y divulga por correo electrónico un boletín semanal destinado a los periodistas de la Unión Europea, para que estos últimos se hagan eco de la verdad “correcta” que la UE quiere difundir. Ya señalamos en el pasado que esta unidad está estrechamente vinculada al Centro de Comunicación de la OTAN en Riga [1]
Ahora la East StratCom Task Force acaba de lanzar advertir a los periodistas de la Unión Europea, y de paso a todas las personas que reciben su boletín semanal [2], que el artículo de la Red Voltaire publicado el 31 de marzo bajo el título «Golpistas a la sombra del coronavirus» [3] es «desinformación rusa» [4].
En primer lugar, nos ofende aparecer –y no es la primera vez– en un sitio oficial de la Unión Europea encargado de denunciar la desinformación rusa. La Red Voltaire no tiene absolutamente nada que ver con las autoridades rusas ni con las de ningún otro país. Se trata de una simple difamación.
En segundo lugar, en su refutación la Unión Europea se limita a afirmar que nuestro trabajo sería «Una interpretación exagerada de un artículo de Newsweek de mediados de marzo. Newsweek describe el papel del ejército estadounidense en caso de incapacidad de los dirigentes politicos» (An exaggerated interpretation of a Newsweek article from Mid-March. Newsweek describes the role of the US military, should the political leadership be incapacitated). Sin embargo, nosotros habíamos citado parte del artículo de William Arkin sin deformarlo y analizando sus informaciones en relación con otras informaciones que tampoco han sido cuestionadas. Lo que molesta a la Unión Europea es que hayamos relacionado esos datos entre sí.
Hasta ahora, los poderes públicos habían financiado iniciativas privadas concebidas para restar credibilidad a las fuentes disidentes. Esa es la función, por ejemplo, de la rúbrica llamada «Decodex» en el diario francés Le Monde [5]. Ahora se trata de ir más lejos acusando a esas fuentes de traición.
¡Para distinguir entre lo cierto y lo falso, ejercite usted su propio espíritu crítico!
NewsGuard, una empresa de New York creada para evaluar la confiabilidad de los sitios web e incluir una calificación en los motores de búsqueda, se puso en contacto con Red Voltaire para preguntarnos, en primer lugar, qué relaciones tenemos con el Estado sirio. Sólo después de preguntar eso quiso saber «qué pensamos de esta crítica».
Por supuesto, la “neutralidad” de NewsGuard está por encima de toda sospecha. Para empezar, la composición de su consejo de administración es secreta. Pero en su consejo consultativo aparecen tanto uno de los cofundadores de Wikipedia (Jimmy Wales) como un ex director de la CIA y de la National Security Agency estadounidense (NSA), el general Michael Hayden; el ex secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen; un ex secretario del Departamento de Seguridad de la Patria estadounidense (Homeland Security), Tom Ridge; y un ex subsecretario de Estado para la “diplomacia pública” –o sea, la propaganda–, Richard Stengel [6].
En su sitio web en francés, NewsGuard pone especial cuidado en no identificar a los miembros de su consejo consultativo y cita a uno solo, el danés Anders Fogh Rasmussen. Pero, incluso en ese caso, NewsGuard no vacila en mentir presentándolo como alto funcionario de la ONU, cuando en realidad fue secretario general de la OTAN.
Según los tratados europeos, la OTAN protege la Unión Europea. Eso quiere decir que la Unión Europea es sólo la rama civil de un conjunto cuya rama militar es la OTAN.
Después de varios intentos de secuestro o de asesinato contra uno de mis colaboradores y contra mí mismo en 4 países diferentes, tenemos todas las razones del mundo para pensar que es la OTAN quien en varias ocasiones ha saturado e incluso hackeado el sitio web de la Red Voltaire. Nuestros adversarios también recurren a medios no letales: la mentira y la difamación.
La propaganda de guerra es un proceso que se desarrolla en 3 fases, para implicar al público en causas que normalmente reprobaría:
La primera fase consiste en mezclar lo falso y lo cierto mientras se acusa a quienes dicen la verdad de estar equivocados o de mentir (fake news).
La segunda fase consiste en marginar todo los discursos disidentes y crear así una apariencia de unanimidad alrededor de la verdad “arreglada”. En ese momento, ya no se tilda a los disidentes de locos iluminados sino que se les acusa de ser traidores.
La tercera fase es empujar a quienes son blanco de la propaganda a la realización de actos simbólicos de sumisión a la nueva ideología.
En este momento, la propaganda de guerra acaba de pasar a otra fase.
En un vídeo que se ha hecho viral, internautas italianos queman banderas de la UE en rechazo a la respuesta del bloque a la pandemia del COVID-19 en su país.
La respuesta negligente de la Unión Europa (UE) ante la crisis por el nuevo coronavirus, denominado COVID-19, y al llamado de auxilio de sus países miembros, en especial a los que se encuentran en el sur del continente verde, como es el caso de Italia, ha suscitado un malestar generalizado en una gran parte de esa nación, que incluso ha llegado a plantearse la posibilidad de la escisión.
Desde que a mediados de febrero, esta letal enfermedad iniciara su rápida propagación en el norte de Italia, en concreto en la región de Lombardía, provocando un estrago no visto desde la Segunda Guerra Mundial, son muchos los italianos que vienen reclamando a sus gobernantes tomar una postura más contundente respecto a Bruselas, después de comprobar cómo el bloque no responde tal y como debería hacerlo frente a una situación de emergencia sanitaria como la que están sufriendo en carne propia.
Los partidos políticos de corte euroescéptico de Italia aprovechan la coyuntura para volver a difundir sus anhelados reclamos de no seguir permaneciendo a la UE, un deseo que ha sido plasmado en los vídeos colgados por los citados usuarios de las redes sociales.
En esta línea, se encuentra el líder del partido La Liga, Matteo Salvini, quien tras presenciar el tira y afloja entre las dos partes de Europa, es decir la del norte y la del sur para adoptar medidas urgentes que palien la catastrófica situación que viven las naciones sureñas colapsadas por el COVID-19, no dudó en proponer la posible retirada de Italia de la UE.
“Europa debe demostrar que puede responder a esta llamada histórica de los italianos”, dijo el sábado el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, quien aseguró que la crisis del COVID-19 afecta a todos los sistemas económicos y sociales de los Estados miembros y, por ende, él está decidido a pelear “hasta la última gota de sudor, hasta el último gramo de energía, para conseguir una fuerte, vigorosa y cohesiva respuesta europea”.
España, Italia, Francia y otros seis Estados miembros de la UE insisten en un plan económico concreto y conjunto y, por ello, demandan al bloque de los 27 países que comparta la carga, emitiendo lo que los medios han apodado como “coronabonos”, para ayudar a combatir la enfermedad infecciosa, empero, la idea ha encontrado resistencias de otros miembros, liderados por Alemania y Países Bajos, cuyos Gobiernos se oponen y plantean una especie de sálvese quien pueda y como pueda.
Además, varios países europeos del norte se han resistido a compartir mascarillas y otros equipos médicos con sus vecinos del sur por temor a que pronto los necesiten ellos también en gran cantidad.
Ante esta situación, muchos países de la UE han acudido a China, hasta hace poco el epicentro del nuevo coronavirus, fletando aviones de mercancías para conseguir mascarillas y otros equipos de protección.
Mientras se agudiza este debate interno en Europa, resulta que China, Cuba y Rusia, estas dos últimas naciones estando bajo un régimen estricto de sanciones impuestas por parte de Bruselas y EE.UU., han extendido la mano brindando ayuda en el terreno a Italia y España, donde los hospitales están colapsados por la cantidad de pacientes con COVID-19.
Es de tal magnitud la sensación de frustración en Italia ante la “poca solidaridad” del bloque comunitario que en algunas instalaciones hoteleras se ha visto cómo se iza, junto a la bandera nacional de Italia, la de China en la asta destinada a la europea.
La bandera nacional de Italia ondea junto a la de China en una asta destinada a la de la Unión Europea (UE), según marcan las normativas europeas, en una instalación hotelera del país transalpino.
Esta imagen se repite en la entrada de muchos hoteles esparcidos en toda la península itálica, en señal de agradecimiento hacia uno de los pocos países que les han prestado apoyo sanitario en un momento tan crucial.
Los medios reportan que muchos europeos están retirando la bandera de la UE de los lugares públicos, e incluso algunos funcionarios la queman antes de reemplazarla por la bandera de la República Popular China.
Además, en las redes sociales circulan imágenes de los camiones del Ejército ruso entrando en Roma, capital italiana, después de recorrer toda Europa para transportar material sanitario ante la negativa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de permitir a los aviones rusos sobrevolar el espacio aéreo de Polonia en dirección a Italia para hacer entrega de un segundo lote de este tipo de material.
La periodista argentina Stella Calloni muestra un aspecto de la crisis del Covid-19 que la prensa mainstream prefiere pasar por alto. Las potencias occidentales, incluyendo a los países de la Unión Europea, adoptan una visión economicista y administrativa del problema y optan por replegarse sobre sí mismas, cerrando sus fronteras y restringiendo sus exportaciones de insumos médicos en espera de un remedio miligroso. Pero naciones más modestas apuestan por la solidaridad internacional. Sistemas sociales diferentes desarrollan visiones y reacciones también diferentes de los pueblos ante una crisis de envergadura mundial. La autora también observa que, ante la pandemia, las economías europeas se han puesto en pausa… pero las maniobras militares de Estados Unidos en Europa se mantienen.
Una brigada médica cubana de 52 doctores y personal sanitario llegó el 22 de marzo al aeropuerto de Milán para participar en la lucha contra la epidemia de Covid-19, en respuesta a la solicitud de ayuda enviada a Cuba por las autoridades regionales de Lombardía.
El coronavirus, nueva cepa del ya existente, cuya mutación está siendo investigada, puso al mundo entre las dignidades solidarias y la miserabilidad de un sistema que agoniza, capaz de utilizar los efectos de una pandemia para imponer un estado de terror a nivel global y justificar una crisis de las bolsas tanto en Estados Unidos, Japón, Europa y otros, mientras contradictoriamente concentran 37 000 soldados para desarrollar una maniobra en territorio europeo, violentando cuarentenas y toda medida de control de la pandemia reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Además de las severas acusaciones sobre la posibilidad de que este virus se haya producido en laboratorios y diseminado en el centro preciso de China –para irradiar hacia todo el país–, en Irán o Italia, por estas horas están llegando a varios países europeos 20 000 soldados estadounidenses, que se unirán a los 10 000 ya estacionados en las bases militares de Estados Unidos en Europa y a otros 7 000 militares que aporta esa región para una gran maniobra destinada a «mostrar músculos» ante Rusia y China.
Esta llegada de tropas estadounidenses para las maniobras «Defender Europa 20» pone en duda la efectividad de la cuarentena mundial y sorprende que, en las actuales circunstancias, no se hayan cancelado estos ejercicios, que suponen el traslado de soldados hacia el frente europeo.
A esto se añade una campaña mediática tan aterrorizante como la que se desarrolló en los días posteriores a los atentados contra las Torres Gemelas (2001), sobre los que subsisten serias dudas tanto con respecto a los presuntos responsables del hecho como sobre el efecto implosión que desplomó tan rápidamente las poderosas construcciones con bases de acero.
Desde un punto de vista de la utilización de la guerra biológica, a la que Estados Unidos ha recurrido varias veces –no olvidar el dengue hemorrágico, la fiebre porcina y otros utilizados contra Cuba [1]– y que apoya su socio israelí, esto podría ser el perfecto ensayo de cómo reaccionaría el gigante chino que obsesiona al poder imperial y de cómo actuaría el mundo frente a esta situación, que se caracteriza por un virus «incontrolable» pero menos letal que las comunes epidemias de gripes y neumonías.
Por lo pronto, los poderosos acusan a la pandemia de sus males económicos, pero «la economía ya estaba enferma. El coronavirus es una prueba más de que sólo se mantiene a base de un dopaje continuo», sostiene Eric Toussaint, cientista político, profesor de las universidades de Lieja y de París, quien está al frente del Comité para la Abolición de la Deuda Ilegítima (CADTM).
Toussaint analizó detalladamente todo lo sucedido en las caídas de las bolsas de esos grandes países, especialmente desde la última semana de febrero de 2020, la peor desde la crisis de octubre de 2008:
«Todos los factores para una nueva crisis financiera estaban y están presentes y juntos desde hace varios años, al menos desde 2017-2018. Cuando la atmósfera está saturada de materias inflamables, en cualquier momento, una chispa puede provocar una explosión financiera. Es difícil prever dónde puede producirse la chispa. La chispa es como si fuera un detonador pero no es la causa profunda de la crisis. Todavía no sabemos si la fuerte caída bursátil de fines de febrero de 2020 va a “degenerar” en una enorme crisis financiera. Pero es una posibilidad real.»
Eric Toussaint advierte asimismo que «es importante ver de dónde proviene realmente la crisis y no dejarse engañar por las explicaciones que constituyen una cortina de humo ante las causas reales».
En tanto, lo que se está viendo en Europa es nada más y nada menos que el desenmascaramiento de la destrucción del sistema de bienestar que, con sus bajas y sus altas, se había logrado instalar en esos países. Había una certidumbre –que no existió nunca en nuestra región [Latinoamérica]– de que ese sistema de bienestar había sido adquirido para siempre.
Nadie comenta el enorme desfalco que significaron para cada uno de los países europeos los gastos en las guerras coloniales de este siglo. Desde un principio, Estados Unidos fue claro con sus socios en la Organización del Atlántico Norte (OTAN): «Nosotros tenemos el armamento necesario, pero ustedes tienen que pagarlo.»
¿Cuánto sacrificó Europa para hacerse cargo de una guerra con invasiones y ocupación de países con los que habría podido negociar y obtener bienes, como el petróleo, pagados en euros, de manera conveniente para unos y otros y en paz?
Las guerras de ocupación colonial contra Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen (ambas aún en curso), y otras en preparación, no sólo han destruido países con la pérdida de millones de vidas, desastres humanitarios, destruyendo además sitios, ciudades que eran patrimonios de la humanidad, cunas de la civilización, violando todos los derechos de las naciones víctimas y las leyes internacionales, todo bajo una escandalosa impunidad.
Estas guerras coloniales declaradas unilateralmente han significado una tragedia para los pueblos de Europa, víctimas además de las imposiciones neoliberales. Para pagar las armas y equipos sofisticados de última tecnología es posible que hayan utilizado, los gobiernos europeos, los casi 290 000 millones de euros que robaron al Estado libio como chacales, ya que estaban depositados en bancos europeos ante el bloqueo de Estados Unidos.
Los mayores «beneficiados» en estas guerras coloniales de alta criminalidad son los fabricantes de armas y equipamiento militar en Estados Unidos e Israel.
Incluso economistas estadounidenses habían advertido que estas guerras, cuyas estrategias fueron trazadas en los salones del Pentágono, estaban también destinadas a acabar con el bloque capitalista competitivo que podía ser la Unión Europea. Además de significar también una «guerra contra el euro», defendido a capa y espada por la canciller alemana Angela Merkel, la gobernante capitalista más política de Europa.
Al final del desastre humanitario que significaron las invasiones y ocupaciones, estas guerras llevaron hasta las puertas de Europa millones de inmigrantes, desesperados, hambrientos sin hogar, sin país, sin patria. Sólo basta con mirar las cifras de organismos internacionales anteriores a estas invasiones brutales para entender que en Libia o en Siria la población tenía un nivel de vida a veces más alto que el de un ciudadano europeo común.
Huyendo de la guerra, desamparados por los organismos internacionales, miles de desesperados fueron tragados por el mar o se ven ahora destinados a vivir como mendigos maltratados en las fronteras del horror. ¿Qué ganó Europa en todo esto? ¿Quién lidera la ocupación de esos países? ¿Quién se apropió del petróleo y de otras riquezas existentes en esos territorios?
El virus que paralizó el mundo
Desde principios de marzo, el ministerio de Exteriores de China sostiene que el ejército de Estados Unidos podría haber llevado el coronavirus a la ciudad de Wuhan, la más afectada por el brote, donde soldados estadounidenses participaron en juegos militares en octubre de 2019.
«¿Cuándo apareció el paciente cero en Estados Unidos? ¿Cuántas personas están infectadas? ¿Cómo se llaman los hospitales? Podría ser el Ejército de Estados Unidos el que llevó la epidemia a Wuhan», dice un mensaje escrito en Twitter el pasado 9 de marzo por el portavoz de la cancillería china, Zhao Lijian.
Por su parte, Philip Giraldi, ex agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), entrevistado por HispanTV afirmó que su país podría haber creado este virus como un arma de guerra para dañar a China e Irán. En el caso de Italia, varios analistas remarcaron que este es el primer país europeo en firmar tantos acuerdos importantes con China, lo cual enojó a Washington.
Por su parte, militares iraníes también denunciaron que varios estudios demuestran que es posible que el COVID-19 sea una nueva estrategia y forma de guerra de Estados Unidos y sus aliados para «generar muertes, desestabilización e inestabilidad».
El analista internacional José Jofré Leal advirtió que no se trata de «nuevas estrategias y nuevas formas de guerra», ya que, de acuerdo con las investigaciones y estudios, en esta pandemia se combinan «elementos de guerra convencional, guerra irregular, guerra biológica y guerra cibernética».
También se refirió a las declaraciones del líder de la revolución islámica de Irán, el ayatola Alí Jamenei, quien ordenó movilizarse para enfrentar una guerra biológica ante la hipótesis de que el brote del COVID-19 sea un ataque de este tipo, argumentando que Estados Unidos estaría utilizando el nuevo coronavirus como un arma biológica. «Sobre todo, los propios chinos han admitido la posibilidad de que tropas estadounidenses hayan llevado el coronavirus a China», dijo José Jofré Leal en referencia a la presencia de militares estadounidenses en Wuhan.
Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, admitió públicamente el pasado 11 de marzo que algunos estadounidenses, que aparentemente habían muerto de influenza, dieron positivo en la prueba del nuevo coronavirus en el diagnóstico final.
De la misma manera, la portavoz del ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajarova, consideró como «deliberadamente falsas» las acusaciones de Estados Unidos a Rusia por el coronavirus, recordando que el secretario de Comercio, Wilbur Ross, dijo en febrero pasado al diario chino Global Times que veía el coronavirus como «una oportunidad», ya que podría ayudar a la recuperación de empleos en Estados Unidos en medio de la guerra comercial que Washington mantiene con Pekín.
En este mismo entorno, la OMS advirtió que se acortan los plazos para erradicar el coronavirus, que se convirtió en una pandemia –no tanto por las cifras de mortalidad, inferiores a las gripes y neumonías estacionales– sino por la cantidad de países afectados, manifestando especialmente su preocupación por los casos que se dieron en Italia ya que no tienen ningún «vínculo epidemiológico claro» con lo sucedido en China.
En este marco de situaciones múltiples, los medios del sistema ocultan verdades, y frente a una tragedia humanitaria no dudan en manipular las informaciones y utilizarlas también como armas de una guerra ciega.
Entre tantas sombras, desde una pequeña isla en el Caribe, como es Cuba, a pesar de encontrarse bloqueada por la mayor potencia del mundo (Estados Unidos), han partido los medicamentos que han hecho posible el control de esta enfermedad en China, asociada con el gobierno cubano para producir medicinas en un gran laboratorio chino.
Mientras los gobiernos de ultraderecha y golpistas en América Latina han despojado a sus poblaciones de la única medicina que han recibido a lo largo de sus vidas, la de los abnegados médicos cubanos, como ha sucedido en Brasil, Bolivia y otros lugares, condenando a los pueblos al abandono en materia de salud, Italia solicitó al gobierno cubano su ayuda médica.
Estas son las luces y sombras de un momento de suma fragilidad que vive el mundo y en el cual es evidente que la solidaridad es el mayor antídoto, pero también la certeza de que no podemos dejar que se continúe jugando a la guerra, que sabemos que significa el fin de la humanidad.
En este periodo de cambios acelerados en las posiciones internacionales, es importante no dejarse cegar por tal o mas cual elemento y mantener una visión de conjunto de todo lo que va aconteciendo. Observando simultáneamente lo que sucede en el G7, la OTAN y la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el geógrafo italiano Manlio Dinucci muestra la dirección que han escogido las potencias occidentales.
Reunidos en Bruselas, el 8 de junio de 2018, los miembros de la OTAN se dotaban de nuevos medios para contrarrestar el desarrollo de Rusia. Mientras el general francés Denis Mercier y el secretario de Defensa estadounidense James Mattis (en la foto) se saludaban en Bruselas con este apretón de manos, en Quebec los líderes del G7 protagonizaban una riña sobre aranceles.
Mientras el G7 parece a punto de estallar por cuestiones de derechos de aduana, las mismas potencias occidentales que reñían en Quebec cerraban filas en Bruselas reforzando la OTAN y su red de asociados.
La proposición táctica de Donald Trump de reinstaurar el G8 –incorporando a Rusia en un G7+1… y separándola de China– fue rechazada por los líderes europeos y por la propia Unión Europea, que temen verse traicionados más tarde por algún tipo de arreglo de Washington con Moscú. El único que aprobó inicialmente la proposición fue el nuevo primer ministro italiano, a quien Trump calificó enseguida de «buen muchacho», antes de invitarlo a la Casa Blanca.
No obstanto, se mantiene una estrategia común. Así lo confirman las últimas decisiones de la OTAN, cuyos principales miembros son precisamente Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia, además de tener al Japón como «asociado», o sea que cuenta con todas las potencias del G7.
La reunión de los 29 ministros de Defensa de la OTAN (Italia estuvo representada por Elisabetta Trenta, del Movimiento 5 Estrellas) decidió por unimidad, el 7 de junio, reforzar la estructura de mando, en función anti-rusa, aumentando su personal en más de 1 200 unidades; constituir un nuevo Mando Conjunto para el Atlántico, en Norfolk (Estados Unidos), contra «los submarinos rusos que amenazan las líneas marítimas de comunicación entre Estados Unidos y Europa»; crear un nuevo Mando Logístico, en Ulm (Alemania), como «disuasión» contra Rusia, con la misión de «desplazar más rápidamente las tropas a través de Europa ante cualquier conflicto».
La «movilidad militar» es tema central de la cooperación entre la OTAN y la Unión Europea y se verá fortalecida en julio por un nuevo acuerdo. De aquí al 2020, la OTAN dispondrá en Europa de 30 batallones mecanizados, 30 escuadrillas aéreas y 30 navíos de combate, que podrán desplegarse contra Rusia en 30 días o menos. Es para eso que, a pedido de Estados Unidos, los miembros europeos de la OTAN y Canadá han incrementado sus gastos militares en 87 000 millones de dólares desde 2014 y se comprometen a seguir elevándolos. Alemania los elevará en 2019 a un promedio de 114 millones de euros diarios y prevé aumentarlos en un 80% de aquí al 2024.
Mientras riñen sobre derechos de aduana con Estados Unidos en la cumbre del G7, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Canadá e Italia participan en Europa –bajo las órdenes de Estados Unidos y del 3 al 15 de junio– en el ejercicio militar Saber Strike, que se desarrolla con el despliegue de 18 soldados de 19 países en Polonia y en el Báltico, peligrosamente cerca del territorio ruso. Esos mismos países y Japón, entre ellos los otros seis miembros del G7, participarán además en el Pacífico, también bajo las órdenes de Estados Unidos en el ejercicio naval más grande del mundo, RIMPAC 2018, que apunta directamente a China.
Por primera vez participan en esos ensayos de guerra, desde Europa hasta el Pacífico, fuerzas militares israelíes. Las potencias occidentales, incluso divididas por conflictos de intereses, constituyen un frente común para conservar a cualquier precio –aunque ese precio sea la guerra, lo cual parece cada vez más probable– el dominio imperial sobre el mundo, dominio actualmente en peligro debido al ascenso de nuevos actores.
Y mientras que los países del G7 reñían en Canadá sobre la cuestión de los derechos de aduana, en Pekín, China y Rusia se planteaban nuevos acuerdos económicos. China es el primer socio comercial de Rusia, que es a su vez el más importante proveedor energético de China. Los intercambios entre esos dos países aumentarán hasta unos 100 000 millones de dólares. China y Rusia cooperan para desarrollar la «Nueva Ruta de la Seda» a través de 70 países de Asia, Europa y África. Ese proyecto –que, para el presidente chino Xi Jinping contribuye a «un orden mundial multipolar y a relaciones internacionales más democráticas»– encuentra la oposición común de Estados Unidos y la Unión Europea: 27 de los 28 embajadores de la Unión Europea afirman que ese proyecto viola el libre comercio y trata de dividir Europa.
No es el G7 el que está crisis sino el orden mundial unipolar impuesto por Occidente.