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domingo, 22 de marzo de 2020

Ejército de EEUU se prepara para afrontar disturbios por COVID-19




Las Fuerzas Armadas de EE.UU. están preparándose para hacer frente a disturbios ante la rápida propagación del nuevo coronavirus en el país.

El Gobierno estadounidense se ha visto obligado a elaborar planes militares para calmar la situación en el país debido a la propagación de la pandemia del nuevo coronavirus, conocido como COVID-19, ha informado la revista de noticias de tirada semanal Newsweek en un reporte publicado este sábado.

Según precisa el medio, el Ejército de EE.UU. ha estado preparando a sus fuerzas para desempeñar un papel activo en las respuestas a las crisis que pueda provocar el letal virus, incluida la represión de posibles disturbios civiles y el establecimiento del orden en el país.

Para tal tarea, las Fuerzas Armadas estadounidenses están considerando utilizar guardias estatales o las fuerzas federales, agrega el informe.

El jefe de la Guardia Nacional de EEUU, el general Joseph Lengyel, ha señalado, a su vez, que hasta el momento han sido convocados unos 2000 soldados, a los que se sumarán en breve 2000 más, en 27 estados del país, incluidos Nueva York y California.

EE.UU. es uno de los países con mayor número de casos positivos de COVID-19. Los medios locales han reportado este sábado más de 21 000 infectados, mientras que las muertes han aumentado a 267. New York, Washington y California siguen manteniéndose como los estados que más casos han presentado.

Incluso dentro del Ejército, la enfermedad está pasando factura. El Departamento de Defensa de EE.UU. (el Pentágono) anunció el miércoles pasado que las Fuerzas Armadas contabilizan 89 casos confirmados del coronavirus entre sus efectivos.

Tras semanas de minimizar la gravedad del nuevo coronavirus y burlarse de las preocupaciones surgidas al respecto, el presidente de EEUU, Donald Trump, declaró el viernes de la semana pasada el estado de emergencia mientras la pandemia se propagaba por el país y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) daban la señal de alarma.

https://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/452112/ejercito-militares-coronavirus
FUENTE: VISIONES LUCIDAS

jueves, 19 de marzo de 2020

EEUU liberó su arma biológica, el COVID-19, para dominar al mundo

Mientras muchos indagan por la fuente de la pandemia del COVID-19, hay quienes sostienen que esta plaga es un arma biológica de EE.UU. para dominar el mundo.
Es natural que a cada nueva crisis que aparece en el mundo le surja diferentes hipótesis, opiniones e interpretaciones por los motivos que le originaron y no hay duda de que la crisis del nuevo coronavirus, denominado COVID-19, y su prevalencia en el mundo no es una excepción y, es por eso que, ha llegado a suscitar entre una gran parte de la población mundial diversas conjeturas y conclusiones sobre las verdaderas causas de la creación y propagación de esta letal enfermedad, que dio la cara por primera vez en un mercado de mariscos de la ciudad china de Wuhan a fines de diciembre.
Una de las teorías que más se está barajando sobre las posibles razones de la aparición de este mortal patógeno es de una guerra biológica que alguna superpotencia mundial, como EE.UU. o China podrían haber estado detrás de la creación de su cepa y su posterior propagación con el único objetivo de materializar sus objetivos geoestratégicos y económicos a nivel mundial.
El investigador estadounidense experto en armas biológicas Francis Paul asegura que este coronavirus es un subconjunto de los virus llamados “agentes biológicos” que su ADN —ácido desoxirribonucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos— es manipulado en los laboratorios científicos para mutar su estructura nociva en una más agresiva para los seres vivos y destinarlo así a actividades de guerras biológicas.
Entre los virus que se engendran mediante manipulación humana, este experto señala que el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) surgido en 2002 también en China y el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS, por sus siglas en inglés) aparecido en 2012 en Arabia Saudí al igual que el carbunco, más conocido como ántrax, todos se han producido en laboratorios de la Universidad de Carolina del Norte.
En tal sentido, Paul sostiene que los experimentos e investigaciones sobre estos virus o armas biológicas se llevan a cabo en laboratorios llamados “niveles biológicos de salud” y en particular se desarrollan en los de Nivel 4. Cabe destacar que Estados Unidos cuenta con 12 laboratorios de este Nivel 4 en toda su red de laboratorios de este tipo.
Con estos datos conocidos, se puede decir con cierta certeza que el término de guerra biológica se refiere en gran medida al COVID-19, y, desde luego, esta afirmación no se basa en el resultado de varios análisis y artículos en concreto, sino que se fundamenta a partir de las declaraciones oficiales hechas por funcionarios chinos, incluido el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Jiao Lee-jan, en los últimos días.
Las autoridades chinas acusan a sus homólogos estadounidenses de haber creado este nuevo coronavirus en sus laboratorios pertinentes y, posteriormente, con el pretexto de la participación del equipo deportivo de las Fuerzas Armadas de EE.UU. en los Juegos Mundiales Militares de 2019 que se celebró en Wuhan entre los días 18 y 27 de octubre, habrían trasladado una cepa del letal patógeno a la referida urbe para libéralo allí con el fin de contagiar a una gran parte de los 13 millones de residentes en esta ciudad.

Algunos expertos dicen que China culpó a Estados Unidos de la propagación de la enfermedad por su incapacidad para contener el virus desde su inicio, pero si eso fuera cierto, los estadounidenses podrían haber argumentado fácilmente valiéndose de sus potentes centros de investigación científica para aclarar que el origen del germen era por causas naturales.
De hecho, en un primer momento se decía que este virus que contagio al ser humano provenía de los murciélagos, cuya carne de este mamífero pertenece a la cadena alimentaria de los humanos, pero con el paso del tiempo tomó fuerza la teoría de que este patógeno se habría creado en un laboratorio.
Los expertos y científicos coinciden en que este coronavirus, que pertenece a la generación del virus del SARS, puede considerarse un arma biológica, y concluyen que si el murciélago es la fuente del virus coronario, ¿por qué en los países donde la sopa de murciélago es una de las comidas principales, no se ha extendido el brote del COVID-19?
Son muchos los que opinan que estos coronavirus se han estado produciéndo desde los años sesenta en el contexto de la guerra biológica que los estadounidenses iniciaron con fines políticos, sociales y económicos, y, en este preciso momento, la dimensión económica de la teoría de la guerra biológica del COVID-19, emprendida por Washington es bastante prominente.
Desde antes de que el actual presidente de EE.UU., Donald Trump, ocupara la Casa Blanca, allá en enero de 2017, ya venía avisando durante sus campañas electorales de que si él llegaba al poder no dudaría en promover medidas drásticas para contrarrestar el poderío económico, tecnológico y militar de los chinos, ya que, según él, estos están a un paso de sobrepasar a los estadounidenses en los campos que estos últimos son una referencia vanguardista a nivel mundial.
Es por ello que Trump comenzó nada más pisar la Casa Blanca una lucha sin cuartel de ámbito económico-comercial contra el gigante asiático y de cuyos efectos también sufrieron otros actores internacionales.
Es muy probable que Washington para llevar la delantera en el marco de su disputa comercial con los chinos decidiera debilitar a la potente economía del gigante asiático ante los ojos del mundo planteando introducir este nuevo coronavirus dentro del territorio chino con esperanza de que una vez que el brote hiciera mella entre la población local y se hiciera público sus resultados mortales, la maquinaria propagandística de los medios de comunicación estadounidense entrarían en juego para lanzar una campaña de desinformación en contra de Pekín haciendo creer a la opinión pública global que este patógeno se habría originado en el ya citado mercado de Wuhan, y el resto se iría sobre ruedas, porque todos los demás países rebajarían al mínimo posible sus contactos comerciales con China por temor a que sus conciudadanos se contagiaran de la letal afección.

A este primer paso dado por Washington contra Pekín, le seguiría los esfuerzos de Estados Unidos por monopolizar los resultados de todas las investigaciones en cursos de las grandes corporaciones farmacéuticas del país norteamericano para desarrollar la vacuna contra el nuevo coronavirus, si es que ya no está producida desde antes de que esta plaga se liberara en Wuhan, con el objetivo de enarbolar ante el mundo entero el poderío tecnológico de EE.UU., y de este modo, demostrar a la comunidad internacional que ellos todavía son la primera potencia mundial.
De hecho, si los laboratorios estadounidenses llegaran a desarrollar la vacuna efectiva para contener el COVID-19 antes de que los chinos lo consigan, es muy probable que la Casa Blanca use el antídoto como una medida de presión contra todos aquellos países que no se encuentran en su ámbito de influencia al tener en su mano el destino de cientos de millones de personas contagiadas que necesitarían de esta vacuna para currase.
Estados Unidos y China han pisado el acelerador esta semana en la búsqueda de una vacuna para combatir el nuevo coronavirus, que ha causado una pandemia global, según declaró recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta la fecha, la cifra de contagios confirmados por todo el mundo es de 208 349 personas, incluyendo 8272 fallecidos.
En las últimas horas, han llegado noticias desde ambos países de pasos importantes de cara a la consecución de una vacuna y que estarían realizando ensayos clínicos con humanos.
Entonces, según la teoría del atentado biológico descrita por Paul cuyas armas se fabricaron produciéndose en los laboratorios estadounidenses bajo la atenta mirada de los oficiales médicos del Ejército de EE.UU. con la colaboración de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) del país norteamericano, se puede sugerir que la actual situación creada por la crisis del nuevo coronavirus es a toda vista una guerra biológica emprendida por Washington.

Un guerra biológica con dimensiones económicas-políticas que se rige bajo una política para beneficiar a las grandes empresas armamentísticas, ya sean militares o biológicas, y farmacéuticas de Estados Unidos, y sin importales ni siquiera la seguridad de la propia población estadounidense expuesta al contagiocomo el resto del mundo.

FUENTE:HISPANT

El mundo después de la pandemia

por Thierry Meyssan

Las reacciones políticas ante la pandemia de coronavirus se han caracterizado por una ‎serie de sorprendentes carencias de las democracias occidentales, desde la existencia de ‎graves prejuicios hasta la más flagrante ignorancia. Mientras tanto, China y Cuba ‎se han visto mucho mejor preparadas y capaces para enfrentar el futuro. ‎

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El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, recibe al presidente de Cuba, Miguel ‎Díaz-Canel, en noviembre de 2018. Cuba facilitó a China la instalación del laboratorio ‎ChangHeber, en la ciudad china de Jilin, para producir Interferón Alfa 2B (IFNrec), un medicamento cubano utilizado con ‎éxito en la lucha contra el coronavirus. El hecho es que los presidentes de China y Cuba, ‎clasificados como “dictadores comunistas” protegen a sus conciudadanos mucho mejor que los ‎dirigentes de las “democracias liberales”.‎
El brusco cierre de las fronteras y, en muchos países, el cierre también de las escuelas, las ‎universidades, las empresas y los servicios públicos, así como la prohibición de festividades, ‎conmemoraciones y otras actividades colectivas, modifican profundamente las sociedades, que, ‎en unos meses, ya no serán lo que fueron antes de la pandemia. ‎
Esta realidad modifica, en primer lugar, nuestra concepción de la Libertad, concepto alrededor del ‎cual se centró la fundación de Estados Unidos. Según la visión estadounidense –visión defendida ‎sólo por Estados Unidos– la Libertad no puede tolerar límites. Todos los demás Estados admiten –‎por el contrario– que no hay Libertad sin Responsabilidad, y estiman por ende que ‎no es posible ejercer las libertades sin definir sus límites. Hoy en día, la cultura estadounidense ‎ejerce una influencia determinante a través de casi todo el mundo. Pero la pandemia acaba de ‎contradecir su visión de la libertad. ‎
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El fin de la sociedad totalmente abierta

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Para el filósofo Karl Popper (1902-1994), en una sociedad la libertad se mide en términos de ‎apertura. Supuestamente, la libre circulación de personas, mercancías y capitales es característica ‎de la modernidad. Esta manera de ver las cosas prevaleció durante la crisis de los migrantes ‎registrada en 2015. Por supuesto, algunos han subrayado desde hace tiempo que ese discurso ‎permite a especuladores como George Soros explotar a los trabajadores de los países ‎más pobres. Soros predica la desaparición de las fronteras y por ende de los Estados, ‎desde ahora y para favorecer la instauración futura de un gobierno supranacional. ‎
La lucha contra la pandemia de coronavirus vino a recordarnos abruptamente que los Estados ‎están ahí para proteger a sus ciudadanos. En el mundo postcoronavirus, las «ONGs sin fronteras» ‎tendrían por ende que ir desapareciendo y los partidarios del liberalismo político tendrían que recordar que ‎sin Estado «el hombre es el lobo del hombre», según la fórmula del filósofo británico Thomas ‎Hobbes (1588-1679). Por ejemplo, la Corte Penal Internacional (CJI) acabaría siendo algo absurdo ‎a la luz del Derecho Internacional. ‎
El giro de 180 grados del presidente francés Emmanuel Macron es una muestra de esa toma de ‎conciencia. Hasta hace poco, el presidente Macron denunciaba la «lepra nacionalista» ‎asociándola a los «horrores del populismo», pero ahora canta loas a la Nación, único marco ‎legítimo de movilización colectiva. ‎
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El interés general

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La noción de «interés general», cuestionada por la cultura anglosajona desde la traumatizante ‎experiencia de Oliver Cromwell, se hace indispensable cuando se trata de protegerse de una ‎pandemia. ‎
En el Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson, está teniendo dificultades para imponer las ‎medidas que se hacen necesarias ante la situación sanitaria, medidas de carácter “autoritario” ‎que los británicos sólo admiten en caso de guerra. En Estados Unidos, el presidente Donald ‎Trump, no puede decretar el confinamiento de la población para todo el territorio nacional ‎por ser esta una prerrogativa exclusiva de los diferentes Estados que conforman la Unión. ‎Así que el presidente de los Estados Unidos de América se ve obligado a “torcer” los textos de ‎leyes anteriores, como la famosa Stafford Disaster Relief and Emergency Assistance Act. ‎
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El fin de la libertad sin límites para el sector empresarial

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En el plano económico, después de haber decretado el cierre de todo tipo de negocios, desde los ‎restaurantes hasta los estadios de fútbol, ya no será posible seguir imponiendo la teoría de Adam ‎Smith sobre la necesidad supuestamente imperiosa de dejar que el mercado sea el rector de la ‎actividad económica. Habrá que reconocer por fin límites a la sacrosanta libre empresa. ‎
La lucha contra la pandemia ha venido a recordarnos que el interés general puede justificar la ‎imposición de límites a cualquier actividad humana. ‎
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Las carencias

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La crisis del coronavirus tambíen ha puesto de relieve las carencias y fallos de nuestras ‎sociedades. Por ejemplo, el mundo entero sabe que China fue la primera nación en ‎sufrir los efectos de la pandemia… y sabe también que acabó controlándola y levantando las ‎medidas autoritarias que había tenido que adoptar para lograrlo. Pero pocos saben cómo ‎lograron los chinos derrotar el coronavirus. ‎
La prensa internacional ha optado por ignorar los agradecimientos que el presidente chino Xi ‎Jinping expresó, el 28 de febrero, al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. La prensa ‎internacional también ha preferido no hablar de la importancia que tuvo para China el uso del ‎medicamento cubano denominado Interferón Alfa 2B (IFNrec). Por supuesto, esa prensa sí ‎ha hablado del uso de la cloroquina, que ya se utilizaba contra el paludismo. Pero ‎ha guardado silencio sobre las investigaciones destinadas a encontrar una vacuna contra el ‎coronavirus: China ya está en condiciones de realizar los primeros ensayos con humanos a finales ‎de abril y el laboratorio del Instituto de Investigación sobre Vacunas y Sueros de San Petersburgo ‎ya tiene preparados 5 prototipos de vacunas contra el coronavirus. ‎
Esos “olvidos” denotan la “selectividad informativa” que practican las grandes agencias ‎de prensa. Nos repiten constantemente que vivimos en una «aldea planetaria» (Marshall ‎McLuhan), pero sólo nos informan sobre el microcosmo occidental. ‎
Esa ignorancia resulta muy útil a los grandes laboratorios occidentales, entregados a una ‎competencia desenfrenada en el sector de las vacunas y las ventas de medicamentos. Sucede ‎exactamente lo mismo que en los años 1980. En aquella época, una epidemia de «neumonía de ‎los gays», identificada como SIDA en 1983, provocaba una hecatombe entre los homosexuales ‎de San Francisco y Nueva York. Cuando la enfermedad llegó a Europa, el entonces ‎primer ministro de Francia, Laurent Fabius, retrasó el uso del test de diagnóstico elaborado en ‎Estados Unidos para que el Instituto Pasteur tuviera tiempo de elaborar y patentar un test ‎francés. Estaban en juego ganancias ascendentes a miles de millones de dólares… que costaron ‎miles de fallecimientos innecesarios. ‎
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La geopolítica después de la pandemia

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La epidemia de histeria que acompaña la expansión del coronavirus está desviando la atención de ‎la actualidad política. Cuando esta se termine y los pueblos recuperen el sosiego, el mundo será ‎quizás muy diferente. La semana pasada dedicábamos este espacio a la amenaza que ‎el Pentágono hace pesar actualmente sobre la existencia de Arabia Saudita y de Turquía, ‎dos países que se hallan en la mira de Estados Unidos [1]. ‎Las respuestas, por separado, de Arabia Saudita y de Turquía fueron dos apuestas ‎muy peligrosas: Arabia Saudita inició un ataque contra la industria estadounidense del petróleo de ‎esquistos mientras que Turquía amenazó con implicar a Estados Unidos en una guerra ‎contra Rusia. Son dos amenazas tan graves que habrán de tener respuestas muy rápidamente, ‎el mundo no podrá darse el lujo de esperar tres meses para enfrentarlas. ‎
[1] «Después de Siria, ¿quién será el nuevo objetivo?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de marzo de 2020.

FUENTE: RED VOLTAIRE