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sábado, 12 de mayo de 2018

Israel y el Sionismo: La Culpa es de Moisés

La clase política israelí destaca, no sólo por la férrea defensa del sionismo, el mantener la ocupación de Palestina e incluso anexar dichos territorios, la enemistad contra sus vecinos y la alianza tejida con Washington, para servir de punta de lanza de los intereses de ese régimen y sus socios occidentales en Oriente Medio.
Sobresale también por una visión del mundo rayana en el delirio. Uno de esos trastornados, es Avigdor Lieberman, ministro de asuntos militares. Un político de origen  moldavo que reside en el asentamiento de Nokdim —al sur de Bethlehem— en la Cisjordania ocupada y que sobresale por sus llamados a asesinar a todo aquel que combata al régimen ocupante israelí bajo la acusación de ser terroristas. Este ex portero de una discoteca en su ciudad natal de Chisináu, aspirante a poeta, perito hidraulico; suele  aparecer en los medios de comunicación con declaraciones polémicas, violentas, descalificadoras, pero también surrealistas, que van desde la ofensa a todo aquel que no mire el mundo como lo ve un sionista, las amenazas de muerte al pueblo palestino o simplemente asignar la culpa de la actual situación de su sociedad a Moisés.
Lieberman aspira a un barrio europeo
¡Sí! Para este político considerado dentro del top five de los ministros más extremistas del gabinete de Benjamin Netanyahu, uno de los más importantes profetas de las tres principales religiones monoteístas como es Moisés, resulta ser el culpable de los actuales “males” que aquejan a Israel. Efectivamente el día 3 de mayo del 2018 Lieberman expresó lo que  suele  sostener, en forma crónica, un representante de una ideología y un pueblo que se ha tragado el cuento de considerarse “elegido” y superior a otros pueblos. Avigdor Lieberman sostuvo, en una entrevista ante el medio rusoKommensant, que la responsabilidad del poco éxito de la entidad sionista en sus relaciones vecinales era producto de su situación geográfica y en ese plano había que asignarle entonces, la culpa de todo lo que tal condición conlleva, al profeta Moisés. Lieberman apunta, lea bien, al error estratégico que habría cometido Mosiés al haber llevado al pueblo judío desde Egipto a Palestina, en lugar de haber tomado la ruta norte y haber dirigido su paso a las fronteras de la actual Italia y Suiza.
Lieberman desea tener vecinos occidentales, tal vez porque añora una cercanía geográfica la Europa Oriental y las tierras del kaganato Jázaro, origen de aquellos que ocupan hoy la Palestina histórica y pretenden hacerle creer al mundo que  tienen una génesis semita. Lieberman, como aquellos racistas que desprecian a quienes son diferentes, declara que Oriente Medio no sólo es un error estratégico, sino que es una tierra que no los merece. Ahora bien, en estricto rigor Lieberman estaría cometiendo una herejía, que merecería la condena del Consejo Rabínico, pues al asignar la responsabilidad de llegar a Palestina y no a Suiza a un error estratégico de Moisés lo que está diciendo de fondo es que el autor de este traspié mayúsculo fue su dios Jehová y las indicaciones geográficas erróneas, que le habría dado a este profeta.
Para Lieberman el exculpar a Israel y el sionismo de las decisiones tomadas y responsabilizar de todo a un Profeta raya en una patología delirante. Implica no asumir la responsabilidad ante los crímenes cometidos contra el pueblo palestino, la destrucción de aldeas y cultivos, la demolición  de viviendas. La construcción de un muro de segregación, la instalación de un sistema de apartheid, el asesinato selectivo, la represión a toda manifestación palestina por su autodeterminación. La construcción de asentamientos  en territorio ocupado instalando allí a colonos judíos extremistas traídos de diversas partes del mundo. Ello representa una cobardía en  grado sumo pues reivindica mitos que avalan una política de ocupación.
“No escogimos a nuestros vecinos, pero en general, no tenemos ninguna suerte con ellos. Creo que el error estratégico de Moisés fue el haber guiado a los israelíes —descendientes del profeta Jacob— hacia Oriente Medio y no a las fronteras de Italia y Suiza”. Las palabras de Liberman si Moisés no hubiera cometido tal “error estratégico” hubiesen generado, posiblemente, una situación de alivio en Oriente Medio. Esto, pues no sería realidad la presencia de una entidad, que desde el comienzo del proceso de colonización de Palestina, desde fines del siglo XIX hasta el año 1948 cuando se instaura el régimen sionista y desde ese año hasta nuestros días, no ha hecho otra cosa que generar inestabilidad, muerte y dolor en tierras del Levante Mediterráneo.
En la política ficción surge la interrogante ¿Cuál habría sido la opinión de italianos y suizos ante la posibilidad de haber tenido el sionismo en el límite de sus fronteras. Tal vez, como latinos y  germanos (base racial de estos países europeos) tampoco son parte del “pueblo elegido” encontraríamos  un ambiente cargado de racismo, segregación, construcción de un muro  paralelo a los Alpes e incluso la posibilidad de ocupar tierras que tendrían el sello mítico de “tierras prometidas”. Pues, todo vale para ese objetivo ilusorio que se ha vendido al mundo de “un pueblo sin tierra”. Anhelando, hipotéticamente por cierto,  un territorio que abarcara desde el Lago Constanza hasta Lampedusa quedando por resolver qué país debería haber sido parte de un proceso de partición mediante una resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tras la Segunda Guerra Mundial que les permitiera tener fronteras con Italia y Suiza: ¿Austria, Francia, Alemania?
En el delirio de Lieberman no resultaría extraño que el día de mañana nombre a Charles Darwin y su responsabilidad en no haber  dado una buena opinión sobre la Patagonia para haber trasladado allí a los colonos judíos europeos, que en lugar de instalarse en tierras australes e incluso en Uganda – ambas zonas tomadas en consideración por la Organización  Sionista Mundial a  fines del Siglo XIX en su Primer Congreso Mundial Sionista celebrado en Basilea, Suiza-   y posteriormente la Declaración Balfour, para generar un proceso de colonización – terminaron viajando en oleadas invasoras a Palestina, con todo el resultado que tal política colonial ha generado.
En un artículo anterior sostuve que “resulta indiscutible, por más que la hasbara (propaganda sionista) lo presente como un documento jurídico, que Gran Bretaña y la Declaración Balfour no tenía autoridad política, legal ni moral para hacer promesas de entrega o compartir objetivos coloniales de una ideología que no conocía Palestina más que por mapas, como lo demuestra el hecho que las discusiones para encontrar “un hogar nacional judío” dividían las opciones entre la Patagonia sudamericana, Uganda y el levante mediterráneo. Cuestión que obligó a los ideólogos del sionismo a buscar las razones, líneas centrales y ejes discursivos que le permitieran sostener con algo de solidez que Palestina era el destino final”.
El Lobo con piel de cordero
Para el sionismo y la cobardía esencial que compone esta ideología, son los otros los culpables de las conductas llevadas a cabo para defender la usurpación de tierras y su política colonialista, racista y criminal. Si hay muertos en la Franja de Gaza es porque los manifestantes palestinos se acercaron a la frontera artificial construida por el ocupante sionista. Disparan a matar porque piedras y gritos pueden afectar la seguridad de soldados armados hasta los dientes y dotados de armas, tanques, drones, aviones  y un bloqueo total contra el pueblo gazetí. Si construyen un Muro de segregación, su hasbara los denomina “valla de seguridad” construido más allá de la línea verde establecida el año 1967, atravesando aldeas, pueblos y campos de cultivo palestinos, aislando familias, robando palmo a palmo las tierras de palestina. Sometiéndolos al abuso permanente, al tratamiento como animales, a la violación diaria de sus derechos como seres humanos.  
Las declaraciones de Lieberman, generalmente extremistas y salidas de tono son la muestra elocuente de lo peligroso que es el sionismo y sobre todo el gabinete de Benjamin Netanyahu, que ha reunido en el seno de su gobierno a lo más granado del extremismo. A Lieberman hay que sumar a Ayelet Shaked, ministra israelí de asuntos judiciales y que se destaca por sus llamados a asesinar a los hijos de las mujeres palestinas, en apologías criminales, que suele generar elogios en una sociedad mayoritariamente perversa “Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podría atentar. Ahora todos son combatientes enemigos, y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos” sobre las mujeres palestinas, esta mujer sionista declaró  "Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes".
O personajes peculiares como el ministro de energía, Yuval Steinizt, que fuera de cualquier ámbito de sus competencias amenaza con asesinar al presidente Sirio, Bashar al-Asad y poner fin al gobierno de ese país si este no pone fin a sus relaciones con Irán. Resulta extraño, en el resto del planeta leer este tipo de declaraciones de personajes que deberían estar inmersos en realizar una  buena labor dentro del ámbito tecnócrata, en lugar de hacer llamado al magnicidios pero…la culpa parece estar más allá de ellos. Tal vez el mismo Moisés o surja algún otro Profeta al ruedo.
Sumemos al ministro de educación Naftali Bennett quien como comandante del ejército israelí orientó el bombardeo, en abril del año 1996, en el marco de la operación militar “Uvas de la ira” de un Campo de refugiados en el sur de El Líbano a cargo de la ONU y  que generó cientos de víctimas: La denominada Masacre de Qana. Bennett es considerado uno de los  ministros más extremistas en el gabinete de los lobos sionistas. “Yo quiero una paz derechista que no se consiga mediante concesiones territoriales sino quiero una paz que se consiga mediante la fuerza” son ideas frecuentes en sus alocuciones. Del mismo modo ha reiterado su apoyo a las políticas de Israel y alabado la construcción de más asentamientos en los territorios palestinos ocupados. Haciendo llamados, igualmente, a la eliminación física de cualquier palestino que se exprese contra esta ocupación. “Nuestra estrategia contra la escalada de violencia en Cisjordania y Al-Quds (Jerusalén) se asienta en dos pilares fundamentales: primero, matar a los atacantes palestinos y, segundo, destruir sus viviendas", declaró Bennett en una entrevista concedida a la televisión israelí
Cada declaración de estos políticos sionistas, con diarias, crónicas y violentas exaltaciones efectuadas en torno a su política en Oriente Medio, demuestran que el delirio, la perversidad y los llamados enloquecidos para asesinar al pueblo palestino, desestabilizar gobiernos vecinos, usurpar todo lo que se pueda en aras de sus mitos fundacionales, no tiene nada que ver con errores estratégicos asignados a un profeta. Son lisa y llanamente el ideario político, ideológico y conductual de un régimen genocida.
Sus aparentes llamados al respeto al derecho internacional o derramar lágrimas cuando alguien se atreve a cuestionar los hechos de la Segunda Guerra Mundial como sucedió con el presidente palestino, que finalmente tuvo que disculparse, muestra a un régimen de lobos vestidos con piel de cordero y no precisamente camino al sacrificio. No puede haber disculpas con quien se ha convertido en el victimario del pueblo palestino. Las disculpas, la reparación ante tanto crimen, el abandono de las tierras usurpadas, deben venir desde aquellos que se han convertido en una de las entidades más criminales de la historia de la humanidad, comparable al nacionalsocialismo. Más aún cuando este próximo 14 de mayo se conmemora la Nakba (Catástrofe) que desencadenó un proceso de crímenes, violencia, usurpación y  violación de los derechos humanos de millones de palestinos.
Debemos tener muy presente, respecto al sionismo, que no se trata de haber efectuado una travesía conquistadora de la mano del Profeta Moisés, a un hipotético territorio que limitara con la actual Suiza e Italia. E incluso haber pensado en trasladar sus bártulos a Uganda o la Patagonia, es simplemente  una ideología criminal que busca argumentos, excusas, apoyos y alianza para seguir usurpando territorios, sometiendo a la población palestina, agrediendo a Siria, El Líbano y servir a los intereses hegemónicos de sus aliados occidentales, signados por el lobby sionista allí donde su nefasta influencia se deja sentir.
Pablo Jofré Leal
Fuente: Hispantv

jueves, 25 de mayo de 2017

Trump reúne al imperialismo, el wahabismo y el sionismo


Trump en su viaje a Arabia Saudí e Israel, reúne la triada de ideologías como el imperialismo, el wahabismo y el sionismo, y a partir de sus coincidencias e intereses, intensificarán las agresiones contra los pueblos de Oriente Medio.

Tras un periodo de cortísimo y relativo alejamiento, bajo la administración del ex presidente Barack Obama, entre Washington y sus socios de la Casa Al Saud y la entidad sionista, el nuevo mandatario estadounidense ha decidido insuflar nuevos alientos a la relación con sus hijos putativos en Oriente Medio y de pasada incrementar la venta de armas en una región, que es el principal cliente del complejo militar industrial estadounidense. Sólo el año 2016 Arabia saudí gastó 67 mil millones de dólares en armas, presionando, igualmente, para que sus aliados del denominado Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, integrado por países árabes ribereños del Golfo Pérsico) inviertan cifras multimillonarias en la compra de armas a Estados Unidos y países aliados como Gran Bretaña y Francia.

El presidente estadounidense, en la ampulosamente denominada Cumbre Árabe-Islámica Americana, ante representantes de 50 naciones musulmanas, con Jefes de Estado o de gobierno de 37 de ellas llamó a combatir al terrorismo. "Expúlsenles. Expúlsenles de sus lugares de culto. Expúlsenles de la tierra santa” sostuvo en dicho encuentro en Riad. A lo que faltó agregar que esos intentos de expulsión debe hacerse con armas, fundamentalmente, Made in USA pero, además, declarar aquello sin rubor alguno frente al papel desempeñado por Washington y precisamente Arabia Saudí en el nacimiento y desarrollo de gran parte de los movimientos terroristas que actúan en el Magreb, Oriente Medio y Asia Central.

Imperialismo y Wahabismo Más Unidos que Nunca

Donald Trump comenzó así, el día 21 de mayo, por tierras sujetas al dominio de la Monarquía Wahabita, un periplo “evangelizador”. Acompañado por sus “apóstoles” : la primera dama, Melania Trump; su hija mayor, Ivanka; su yerno, Jared Kushner; el jefe de gabinete, Reince Priebus, el principal asesor económico de la Casa Blanca, Gary Cohn; su asesor estratégico, Steve Bannon; su asesor de seguridad nacional, Herbert McMaster y el secretario de Estado, Rex Tillerson, entre otros. Un viaje en lo que este mandatario considera implícito un objetivo, que debe ser el eje de la política exterior mundial: simples instrumentos para la gloria y beneficio estadounidense. Un viaje acompañado de declaraciones tan surrealistas, ridículas como también peligrosas como aquella en la cual Trump apeló “a las personas decentes de todas las confesiones a dar batalla a los salvajes criminales que buscan aniquilar la vida”.

Indudablemente tal apelación no era una autocrítica a la labor desempeñada por los gobiernos estadounidenses y sus aliados de Oriente Medio, que son los verdaderos salvajes y criminales contra gran parte de las sociedades del mundo magrebí, de Oriente Medio y Asia Central, donde radica gran parte del mundo islámico. La apelación de Trump tampoco iba dirigida a sus aliados, como la propia Arabia Saudí e Israel que llevan décadas aniquilando vidas humanas, ocupando territorios que no les pertenecen, construyendo muros, asesinado niños, reprimiendo las aspiraciones de libertad de los pueblos como Yemen, Baréin y Palestina. Difundiendo doctrinas terroristas como el wahabismo y el sionismo, asociadas en el crimen y la violación de los derechos humanos de millones de seres humanos.

En un discurso tan hipócrita como falso, Trump, bajo el beneplácito de Monarquías reaccionarias como la Casa Al Saud, los Al Jalifa que gobiernan en Baréin, Qatar, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, entre otros puso la guinda a la torta del surrealismo al acusar a Irán de “avivar las llamas de los conflictos sectarios y del terror en Líbano, Irak y Yemen y de apoyar los indescriptibles crímenes de Bashar al-Asad en Siria”. Esto, porque según Estados Unidos “Irán financia, rearma y adiestra a terroristas, milicias y grupos extremistas que esparcen el caos por la región”.

Una confusión tan execrable como interesada, pues no es posible confundir a quien apoya los esfuerzos del Eje de la Resistencia frente a las agresiones del Wahabismo y el sionismo, que aquellos, que como Estados Unidos y sus aliados, en función de sus intereses geoestratégicos se han dedicado a agredir a países como Irak, Siria, Afganistán, Yemen, Baréin, Libia entre otros generando, desde el año 2001 a la fecha 2.5 millones de muertos, 30 millones de desplazados internos y 15 millones de refugiados, que han ido a incrementar las cifras de hombres y mujeres que buscan, allende su patria, mejores perspectivas de vida.

Paralelo a los encuentros entre la delegación estadounidense y la casta gobernante saudí, el surrealismo y los enredos interesados a las que hago mención se consolidó con la celebración de un Foro Para la Lucha Contra el Terrorismo y el Extremismo patrocinado por la coalición militar islámica antiterrorista, creada en 2015. De los resultados de este inusual encuentro nada se concluyo respecto a exigir que precisamente estas Monarquías cesen el suministro de dinero, armas y milicianos destinado a expandir el terrorismo wahabita.

La prensa occidental, en general, ha signado sin apenas un esbozo de crítica lo que indudablemente representa una falsedad en materia de lo que cotidianamente sufren los pueblos del Magreb, Oriente Medio y Asia Central que es, precisamente, la agresión de fuerzas militares extranjeras donde Estados Unidos participa activamente junto a sus socios de la OTAN. La creación, financiamiento y dotación de armas a grupos terroristas como Daesh, Fath al-Sham, Boko Haram, Ansar al-Dine, Al Shabat, Ahrar al-Sham, que nacen, precisamente bajo el amparo del régimen wahabita y sus aliados. Esto es el uso de la estrategia nacionalsocialista al estilo Goebbels y la propaganda sionista bajo el marco de la Hasbara “miente, miente que siempre algo queda”. Estados Unidos con ayuda de sus medios de comunicación miente descaradamente, sin asumir, en modo alguno, su responsabilidad en la inestabilidad en que vastas regiones del mundo viven hoy sumergidas.

La travesía de Trump por Arabia Saudí y posteriormente por Israel ha mostrado la verdadera dimensión de los objetivos extramuros de Washington bajo la presidencia de este multimillonario. Devenido en el líder de una nación que transita de la política del leading from behind del anterior mandatario estadounidense Barack Obama, a una policía decidida a comprometerse activamente, junto a sus socios sionistas y wahabitas, en la agresión contra los pueblos de Oriente Medio. Pero también, sobre todo aquel que ose enfrentarse a una política imperialista que persigue, fundamentalmente, destruir a Siria, fragmentar Irak, cercar a la República Islámica de Irán e impedir el afianzamiento del avance a occidente por parte de la Federación Rusa.

Para el cumplimiento de estos objetivos la administración estadounidense no escatima esfuerzos y está dispuesta a involucrarse de lleno en las guerras de agresión que la Casa al Saud y el sionismo encabezan, como punta de lanza contra los pueblos de Libia, Siria, Irak, Baréin, Yemen y Palestina. Contando para ello con el apoyo de las monarquías Feudales del Golfo Pérsico, Jordania, Egipto y organizaciones como la OTAN con la activa participación de Francia e Inglaterra.

Al mismo tiempo que Trump sostenía ante representantes de 50 naciones en la denominada Cumbre Islámica-Árabe-Estadounidense “Vengo con un mensaje de amistad, esperanza y amor” el ejecutivo estadounidense, como todo viaje que se precie de tener fines beneficiosos, llevaba consigo el mandato del complejo militar industrial, Así, bajo el escudo de las palabras de buena crianza, llamados a la paz, a combatir el terrorismo, entre otras frases altisonantes, se firmaron acuerdos militares con la Casa al Saud que involucran 110 mil millones de dólares en equipos y pertrechos militares para las fuerzas armadas saudí que sobrepasan los 230 mil efectivos, a lo que se sumarían proyectos por otros 200 mil millones de dólares en obras que beneficiarán a empresas occidentales y de aliados europeos que se comprometan a cerrar los ojos frente a los atropellos a los derechos humanos llevados a cabo por la Casa al Saud.

La multimillonaria venta comprende 84 aviones F 15 SA, 150 helicópteros Black Hawk Apache, navíos de guerra, blindados, tanques, bombas guiadas de alta precisión y un sistema de radar diseñado para derribar misiles balísticos. El paquete incluye armas ligeras, mantenimiento de 115 tanques M1A2, cuatro buques de guerra, sistema de defensa antimisiles THAAD, seguridad marítima, radares y comunicaciones y tecnología de la seguridad cibernética. Como excusa para esta compra, nuevamente irán ha salido al ruedo, tras la declaración de un portavoz de la Casa Blanca frente a esta venta "El contrato de material y servicios de defensa refrenda nuestro tradicional apoyo a la seguridad de Arabia Saudí y del Golfo ante las amenazas iraníes, y contribuye a incrementar la lucha antiterrorista en la región para liberar la carga que recae sobre las tropas de EE UU”

Las armas compradas por la Monarquía wahabita servirán para seguir masacrando a la población de Yemen, reprimir al pueblo de Bahréin, traspasar parte de ellas a las fuerzas terroristas como Daesh, Fath al-Sham, Ahrar al Sham al amparo de lo que el propio Ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudí, Adel al-Yubeir sostuvo “la administración estadounidense tiene una visión que encaja con la visión del reino sobre el papel de Estados unidos en el mundo; la erradicación del terrorismo, al confrontación con irán, la reconstrucción de las relaciones con aliados tradicionales, el comercio y las inversiones”. He aquí, sin tanto eufemismo los objetivos de compras multimillonarias en una monarquía con alto desempleo juvenil – donde la población del país menor a los 30 años constituye el 65% del total - con un déficit fiscal derivado de la baja del precio del petróleo pero empeñada a seguir actuando en su papel del gendarme del mundo árabe en la región.

Medios estadounidenses señalaron, que además de la venta de armas, la empresa petrolera nacional Saudí Aramco firmó acuerdos por 50 mil millones de dólares con empresas estadounidenses. El ministro de Energía, Khalid al-Falih dijo que los convenios que incluyen a todas las empresas ascendieron a más de 200 mil millones de dólares EE.UU. Otro convenio, entre Saudi Basic Industries Corporation y la estadounidense Exxon Mobil, una empresa dirigida hasta hace poco por el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, fue firmado para construir un complejo químico por 20 mil millones de dólares. Ello en una conducta que ha sido clásica en la dirigencia estadounidense: firmar contratos multimillonarios donde alguna vez tuvieron intereses y lo tendrán en el futuro cuando dejen sus cargos públicos.

A pesar de los lazos, cada día más estrechos entre Riad y Tel Aviv, algunas voces del sionismo alertaron sobre la compra de armas saudí. El Ministro de Infraestructura, Energía y Recursos de Aguas, Yuval Steinitz, expresó su preocupación por el acuerdo de armas entre Riad y Washington “Cientos de millones de dólares en acuerdo de armas es algo por lo cual necesitamos recibir una explicación. Sobre todo porque la Monarquía saudí es un país hostil y debemos asegurar que se mantenga la ventaja militar cualitativa de Israel. Este no es país con el que tenemos relaciones diplomáticas y nadie sabe qué es lo que depara el futuro. Espero que recibamos pronto respuestas. Esto es algo que definitivamente debería preocuparnos”. El ministro Ayoob Kara – de origen druso - también expuso el tema durante una reunión de ministros del Likud, preguntándole al primer ministro, Benyamin Netanyahu, si no estaba preocupado por el hecho de que Riad se está convirtiendo en “una potencia mundial superior a nosotros”. Netanyahu dijo que discutiría el asunto en el Gabinete.

Tras el viaje a Arabia Saudí, como primera etapa para la consolidación de una alianza con fines de dominio – donde Washington exige a Riad que se mantengan los niveles de cooperación con el sionismo – Donald Trump dirigió su Air Force One a los territorios palestinos ocupados. Aterrizó el día lunes 22 de mayo en el Aeropuerto de Tel Aviv donde fue recibido por la dirigencia sionista en pleno. En un acto claramente de mayor acogida y beneplácito que aquella que se otorgó a una Barack Obama en fines del año 2016, en que a pesar de otorgarle 38 mil millones de dólares en ayuda militar por la próxima década, fue intensamente criticado por sus tibias opiniones respecto a la política colonial sionista en Palestina. Israel quiere incondicionalidad y lo ha encontrado en este Donald Trump cuya propia familia tiene fuertes vínculos con el sionismo.

Los alcances del viaje a la entidad sionista y los territorios ocupados serán parte de un próximo análisis. Por ahora la imagen de un Donald Trump agasajado por el Wahabismo es más que suficiente para preocuparnos por el futuro de una región que ve con temor esta triada entre Washington-Riad-Tel Aviv. En principio la hipocresía encabeza la carrera por definir de mejor forma este periplo del mandatario estadounidense.