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martes, 21 de abril de 2020

Los franceses aceptan la suspensión de ‎su Libertad



Francia es un extraño país que históricamente ha colaborado con quienes lo invadían, ‎antes de que su pueblo acabara rebelándose con honor; un país inicialmente cobarde ‎cuyo pueblo siempre acaba mostrando bravura. Sin reflexionar, como siempre, Francia ‎acaba de abandonar la divisa de sus ancestros, a la que seguramente pronto regresará. ‎

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Durante la Revolución Francesa, mucho antes de que “Libertad, Igualdad, Fraternidad” ‎se convirtiera en la divisa de la República, este cartel agregaba “o la Muerte”, proclamando así ‎que esos tres ideales valían más que la vida.‎
Independientemente de la ideología, todos los regímenes políticos tienen como presunto objetivo ‎la protección de sus súbditos o ciudadanos de agresiones frente las cuales nadie puede ‎protegerse de forma individual. Sin embargo, los regímenes políticos pueden afirmar que, ‎en aras de garantizar tal protección, es necesario limitar las libertades de la ciudadanía, cosa ‎que algunos regímenes se creen obligados a hacer con más frecuencia que otros. ‎
El filósofo inglés Thomas Hobbes era capaz de admitir que el Estado llegara a cometer crímenes ‎con total de proteger a sus súbditos de los horrores de la guerra civil, de la que el propio ‎Hobbes había sido testigo. Rompiendo con la lógica de Thomas Hobbes, el filósofo francés ‎Montesquieu concibió los mecanismos de control necesarios ante la Raison d’Etat (la «razón ‎de Estado»). Con Montesquieu, todos los constructores de los regímenes modernos clasificaron ‎las libertades como el objetivo final de las democracias. ‎
En tiempos de epidemias mortíferas, algunos regímenes estimaron que era necesario limitar la ‎libertad de una parte de su ciudadanía, y hasta privarla de ella. Incluso se aceptaba que ‎las democracias pudiesen limitar, de manera excepcional, los derechos de las personas ‎contagiadas, o sospechosas de haberse contagiado, para proteger a las personas sanas. Ahora, ‎con la epidemia de Covid-19, se ha llegado a admitir que se limiten también las libertades de las ‎personas sanas, incluso confinando en sus domicilios a prácticamente toda la población. ‎
Esta nueva norma no fue objeto de un debate democrático. Los gobernantes decidieron ‎imponerla como un imperativo de emergencia y sus conciudadanos la han aceptado como un mal ‎menor. Con ello se ha aceptado un cambio temporal de régimen político ya que, en una ‎democracia, las decisiones políticas son legítimas sólo después de haber sido objeto de debate ‎en el seno de las asambleas que representan a la ciudadanía. Dejándose llevar por sus impulsos, ‎los mismos regímenes de excepción que hace poco prohibían el uso de la burka, ahora se dan a ‎la tarea de imponer elementos de protección de uso obligatorio y la incorporación a los teléfonos ‎celulares de aplicaciones móviles para alertar a los usuarios de la cercanía de alguna persona ‎contagiada con el virus. ‎
No estamos hablando de una ficción apocalíptica sino de la realidad que estamos viviendo. Esta ‎‎“evolución” está basada únicamente en las afirmaciones de dos individuos. Según dicen ‎el profesor británico Neil Ferguson –en la Unión Europea y Reino Unido– y el profesor ‎estadounidense Anthony Fauci –en Estados Unidos–, la epidemia de Covid-19 matará al menos ‎‎55 millones de personas en todo el mundo. Actualmente se cuentan 170 000 decesos, o sea ‎‎300 veces menos que la hecatombe que predicen esos personajes. ‎
El miedo a las epidemias está inscrito en nosotros. Sabemos que en ciertas épocas, en ciertos ‎lugares, ciertas epidemias han acabado con civilizaciones. También sabemos que los progresos de ‎la medicina no nos protegen de nuevos virus, precisamente porque todavía no han sido ‎estudiados. ‎
Pero también sabemos que las peores epidemias causadas por virus –como la viruela– ‎no destruyeron civilizaciones. Los imperios precolombinos de América desaparecieron sólo ‎porque a los estragos causados por la viruela se unió la acción destructora de ‎los conquistadores. Los diferentes tipos de peste, como las que provocaron la llamada «Plaga ‎de Justiniano» en el siglo VI y la epidemia de «peste negra» del siglo XIV, son enfermedades ‎bacterianas que pueden combatirse mediante la higiene y hoy podemos vencerlas con el uso de ‎antibióticos. ‎
Desde el inicio de las democracias modernas, Benjamin Franklin, uno de los ‎‎«Padres Fundadores» de Estados Unidos y «hermano» del filósofo francés Voltaire, planteó ‎que: ‎
«Quienes renuncian a la Libertad esencial para comprar un poco de Seguridad temporal, ‎no merecen la Libertad ni tampoco la Seguridad.» ‎
(“Those who would give up essential Liberty, to purchase a little temporary Safety, ‎deserve neither Liberty nor Safety”.
Por supuesto, esa máxima se aplica también a las epidemias. ‎
Hay que reconocer que el confinamiento generalizado de poblaciones sanas «por su propio bien» ‎es incompatible con el ideal democrático. No se trata aquí de lamentarse sobre ciertos ‎retrocesos de la democracia, decretados –por ejemplo– bajo la justificación de la lucha contra el ‎terrorismo, retrocesos que supuestamente sólo afectaban a una parte de la ciudadanía ‎sin aplicarse a otra parte de ella. Ahora se trata de comprobar que acabamos –al menos ‎de forma temporal– de poner fin a la democracia en muchos países a la vez. Es una decisión ‎que nos concierne a todos y nos encarcela a domicilio por tiempo indeterminado. ‎
Establecer una oposición –como está haciéndose actualmente– entre la actitud del “buen” ‎presidente francés Emmanuel Macron, quien supuestamente protege la salud de sus ‎conciudadanos, y la del “malo”, el presidente estadounidense Donald Trump, quien da más ‎importancia a la economía, es sólo una cortina de humo. La triste realidad es que se acaba de ‎abandonar primero el uso de la Libertad, para abandonar después el ideal mismo de Libertad. ‎
Este cambio trascendental no es resultado de una crisis económica ni de una guerra. ‎La epidemia de Covid-19 ha sido mucho menos mortífera que muchas otras epidemias ‎anteriores. Entre 1968 y 1970, la gripe de Hong Kong segó más de un millón de vidas; en unos ‎‎40 años, el SIDA ha matado más de 32 millones de personas. Pero esos virus no modificaron ‎nada en el plano político. Es por consiguiente altamente probable que la actual reacción política ‎ante la epidemia de Covid-19 haya estado determinada por una evolución previa a la realidad ‎misma de la epidemia. ‎
El confinamiento generalizado de la población se ha justificado en los países que lo aplican como ‎una respuesta a la fragilidad del sistema hospitalario. Aunque es falso, ese argumento ‎quiere decir que valoramos más nuestra salud que nuestra Libertad, a pesar de que nuestros ‎ancestros siempre proclamaron que sus vidas eran menos importantes que su Libertad. ‎
Al suspender la democracia hasta nueva orden, los franceses han renunciado a seguir los pasos ‎de sus propios héroes. ‎
FUENTE: RED VOLTAIRE

sábado, 31 de marzo de 2018

Ankara lanza advertencia a París por apoyo de Francia a terroristas


En un duro discurso pronunciado el 30 marzo de 2018, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan lanzó una advertencia a Francia luego del encuentro del presidente francés Emmanuel Macron con una delegación del PYD, el partido de los kurdos en Siria.
Según la presidencia de la República Francesa, el presidente Emmanuel Macron habría recibido una delegación de las FDS (Fuerzas Democráticas Sirias) [1], denominación tras la que se esconde el PYD, partido creado en Siria por los kurdos del PKK –organización de los kurdos de Turquía– que huían de la represión turca buscando refugio en Siria.
Según el general Ilker Basbug, ex jefe del estado mayor turco, el PKK y el PYD, que en el pasado fueron organizaciones marxista-leninistas prosoviéticas y prosirias, se han convertido en grupos anarquistas al servicio de la OTAN [2].
En su discurso de este viernes, el presidente Erdogan subrayó que Francia tolera la apertura en París de oficinas del PKK y del PYD a pesar de tratarse de dos organizaciones responsables de múltiples atentados que han costado la vida a 40 000 turcos. Seguidamente subrayó que Turquía no necesita mediadores para tratar con grupos terroristas.
El presidente Erdogan declaró incluso que si Francia no renuncia a esa política, acabará sufriendo las consecuencias en su propio suelo, amenaza que recuerda la que lanzó el propio Erdogan antes de los atentados registrados en París y Bruselas, en 2015 y 2016.
Por su parte, el ministro turco de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, se entrevistó telefónicamente con su homólogo francés, Jean-Yves Le Drian, para expresarle su estupor ante la actitud de Francia.
Los servicios de la presidencia de la República Francesa precisaron que, contrariamente a lo declarado por el «embajador» de «Rojava» en París, Francia no prevé la realización en Siria de operaciones militares al margen de la coalición internacional –encabezada por Estados Unidos. Pero esas explicaciones no cambian absolutamente nada ya que fue precisamente esa coalición quien creó las FDS como nueva etiqueta para seguir utilizando a los elementos armados del PKK-PYD contra el gobierno de la República Árabe Siria.

martes, 13 de marzo de 2018

La política exterior del presidente de Francia Emmanuel Macron


Según el presidente francés Emmanuel Macron, «France is back». Lo proclama exactamente así… en inglés. Dice que Francia pretende desempeñar nuevamente un papel a escala internacional, luego de 10 años de confusión. Pero este presidente nunca ha explicado qué política pretende aplicar. Retomando elementos que ya ha mencionado desde Voltairenet, y situándolos de nuevo tanto en el contexto europeo como en la Historia de Francia, Thierry Meyssan analiza el viraje que acaba de iniciarse.
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Cuando Emmanuel Macron se presentó como candidato a la presidencia de la República Francesa, no sabía absolutamente nada en materia de relaciones internacionales. Su mentor, Jean-Pierre Jouyet, jefe de la Inspección General de Finanzas –un órgano de 300 altos funcionarios–, hizo que le impartieran una formación acelerada en la materia.
El prestigio de Francia se había debilitado considerablemente a causa de sus dos presidentes anteriores, Nicolas Sarkozy y Francois Hollande. Debido a su falta de prioridades y sus innumerables bandazos, la posición de Francia se veía «inconsistente». Así que Emmanuel Macron inició su mandato presidencial reuniéndose con la mayor cantidad posible de jefes de Estado y/o de gobierno, para mostrar que Francia estaba reposicionándose como potencia mediadora, capaz de conversar con todos.
Después de estrechar muchas manos y de asistir a numerosas cenas, Emmanuel Macron tenía que dar algún contenido a su política. Jean-Pierre Jouyet [1] propuso mantenerse del lado de los atlantistas, apostando por los demócratas estadounidenses que –según Jouyet– deberían acabar por retornar a la Casa Blanca, quizás incluso antes de las elecciones de 2020. O sea, mientras que los británicos salen de la Unión Europea, Francia fortalece estrechamente su alianza con Londres y conserva a la vez sus vínculos con Berlín. Habría que reenfocar la Unión Europea hacia la gobernanza del euro, poner fin al libre intercambio con los socios que no lo respeten y crear grandes empresas de internet capaces de rivalizar con las llamadas GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon). Habría que dotarse también de une defensa común contra el terrorismo y, junto a sus aliados, implicarse en la lucha contra la influencia rusa. Francia proseguiría además su acción militar en el Sahel y el Levante.
En septiembre de 2017, Jean-Pierre Jouyet fue nombrado embajador de Francia en Londres. En enero de 2018, Francia y el Reino Unido reactivaban su cooperación diplomática y militar [2]. También en enero, el Reino Unido y Francia formaban una instancia secreta, el «Pequeño Grupo», para reactivar la colonización franco-británica del Levante [3].
Esta política, que nunca se ha debatido públicamente, pasa por alto tanto la Historia de Francia como el reclamo alemán de desempeñar un papel político internacional más importante. La cuarta economía del mundo sigue viéndose relegada –70 años después de su derrota militar– a un papel secundario [4].
En cuanto al mundo árabe, el presidente Emmanuel Macron –graduado de la Escuela Nacional de Administración (ENA) y ex asalariado de Rothschild & Cie– adoptó el enfoque de sus dos consultantes en la materia: el franco-tunecino Hakim El-Karoui –otro ex asalariado de Rothschild & Cie– sobre lo concerniente al Magreb y el ex embajador de Francia en Damasco Michel Duclos –otro graduado de la ENA– en lo tocante al Levante. El-Karoui no es un producto de la integración republicana sino de la alta burguesía transnacional. Es un hombre que exhibe un discurso republicano en el plano internacional mientras que plantea un discurso diferente –comunitario– en el plano interno. Duclos es un auténtico neoconservador, formado en Estados Unidos –en tiempos de la administración de Bush Jr.– por Jean-David Levitte [5].
Pero El-Karoui todavía no ha entendido que la Hermandad Musulmana es un instrumento del MI6 británico y Duclos aún no comprende que Londres sigue sin digerir los acuerdos Sykes-Picot-Sazonov, que le costaron la mitad de su imperio en el Medio Oriente [6]. Al ignorar esos factores, El-Karoui y Duclos no ven problema alguno en la nueva «Entente Cordiale» de Macron con Theresa May.
Ya se perciben ciertas incoherencias en esta política. En aplicación de las decisiones del «Pequeño Grupo», Francia ha vuelto a la costumbre que tenía el equipo del hoy ex presidente Hollande y que consiste en prestar su voz en la ONU a las posiciones de sus empleados de la oposición siria (los que se identifican con la bandera del mandato francés sobre Siria [7]).
Pero la situación ha cambiado mucho. La carta del actual presidente de la «comisión siria de negociación», Nasr al-Hariri, carta que Francia presentó en su propio nombre en el Consejo de Seguridad de la ONU, injuria no sólo a Siria sino también a Rusia [8]. O sea, al hacerse portadora de esa carta, Francia acusa a una de las dos principales potencias del mundo [9] de cometer crímenes contra la humanidad, contradiciendo con ello la posición «mediadora» que supuestamente Francia tendría que mantener como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Si bien Moscú optó por ignorar esa torpeza diplomática de París, la respuesta de Damasco, en cambio, fue tajante [10].
En definitiva, la política de Emmanuel Macron no difiere de las que aplicaron Nicolas Sarkozy y Francois Hollande, aunque, debido a la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca, esta política de Macron se apoya más en el Reino Unido que en Estados Unidos. El nuevo presidente de Francia da continuación a la idea de proporcionar a sus transnacionales una reactivación económica, pero no en Francia sino en su antiguo imperio colonial. Es la misma opción que adoptó en otros tiempos el socialista Guy Mollet, uno de los fundadores del Grupo de Bilderberg [11].
En 1956, como primer ministro de Francia, Guy Mollet se alió con Londres y Tel Aviv para conservar el control sobre el Canal de Suez, nacionalizado por el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser. Guy Mollet llegó a proponer a su homólogo británico, Anthony Eden, que Francia se convirtiera en miembro del Commonwealth, jurando fidelidad a la Corona británica, y que los franceses adoptaran el mismo tipo de ciudadanía que los irlandeses del norte [12]. Ese proyecto de renuncia a la República e integración de Francia al Reino Unido, bajo la autoridad de la reina Isabel II, nunca se discutió públicamente.
¿Qué importa el ideal de igualdad de derechos que la Revolución Francesa proclamara en 1789? ¿Qué importa la condena del colonialismo expresada por el Pueblo francés ante el golpe de Estado abortado en 1961 [13]? Para el Poder, la política exterior no es una cuestión de democracia.
[1] «De la Fondation Saint-Simon a Emmanuel Macron», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de abril de 2017.
[2] «La “Entente cordiale” franco-británica», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire, 30 de enero de 2018.
[3] «Syrieleaks: un câble diplomatique britannique dévoile la “stratégie occidentale”», por Richard Labévière, Observatoire géostratégique, Proche&Moyen-Orient.ch, 17 de febrero de 2018.
[4] Lo mismo le sucede a Japón.
[5] Jean-David Levitte, alias «Diplomator», fue representante permanente de Francia ante la ONU, en Nueva York, desde el 2000 hasta 2002, y luego embajador en Washington, de 2002 a 2007.
[6] Desde el punto de vista británico, los acuerdos Sykes-Picot-Sazonov de 1916 no son una repartición equitativa del mundo entre los tres grandes imperios de la época (el británico, el francés y el ruso) sino una concesión del Reino Unido, que necesitaba a toda costa el apoyo de Francia y de Rusia (la Triple Entente) contra el Reich alemán, el Imperio austro-húngaro e Italia (la Triple Alianza).
[7] «Pretende Francia recuperar su antiguo mandato sobre Siria», por Sarkis Tsaturyan, Oriental Review (Rusia), Red Voltaire, 8 de octubre de 2015. En 1932, Francia impone una nueva bandera a Siria, que se halla bajo mandato francés. Esa bandera se compone de tres franjas horizontales: una franja verde, que representa la dinastía Fatimida; otra blanca, que representa la dinastía de los Omeyas; y la negra, que representa la dinastía de los Abasidas. La dinastía Fatimida representa a los musulmanes chiitas y las otras dos representan a los musulmanes sunnitas. Esa bandera incluye además tres estrellas rojas que representan las minorías cristiana, drusa y alauita. Al proclamarse la independencia de Siria, esa bandera se mantiene en vigor por un tiempo antes de ser reemplazada por la actual enseña de la República Árabe Siria. La bandera del mandato francés no reaparece hasta 2011, en manos del llamado Ejército Libre Sirio.
[8] «Acusación contra Siria y Rusia por parte de Francia», por Francois Delattre, Red Voltaire, 9 de febrero de 2018.
[9] «El nuevo arsenal nuclear ruso restaura la bipolaridad del mundo», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 6 de marzo de 2018.
[10] «La respuesta de Siria a Francia», por Bachar Jaafari, Red Voltaire, 28 de febrero de 2018.
[11] «Lo que usted no sabe sobre el Grupo de Bilderberg», por Thierry Meyssan, Komsomolskaya Pravda (Rusia), Red Voltaire, 15 de abril de 2011.
[12] “When Britain and France nearly married”, Mike Thomson, BBC, 15 de enero de 2007. «Frangland? UK documents say France proposed a union with Britain in 1950s: LONDON: Would France have been better off under Queen Elizabeth II?», Associated Press, 15 de enero de 2007. Guy Mollet no retomaba la proposición de Unión Franco-Británica que Winston Churchill y Anthony Eden habían formulado en 1940 y que era una fusión con carácter provisional, luego de la derrota de Francia, para luchar contra el Reich nazi. Mollet se inspiraba en realidad, en el contexto de la crisis de Suez y con la esperanza de salvar el imperio colonial francés, en la propuesta que Ernest Bevin había enunciado 11 años antes y que consistía en crear un tercer bloque, ante Estados Unidos y la Unión Soviética, reuniendo el imperio británico, el imperio francés y el neerlandés en una Unión Occidental. Aquel proyecto fue abandonado por Londres, que prefirió la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA, antecesora de la actual Unión Europea) en el plano económico y la OTAN en el plano militar.
[13] En 1961, un golpe de Estado, organizado en secreto por debajo de la mesa por la OTAN, trató de derrocar al presidente francés Charles De Gaulle y de preservar la política colonial francesa. Los franceses rechazaron masivamente sumarse a aquella asonada. «Cuando el stay-behind quiso derrocar a De Gaulle», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 28 de agosto de 2009.

domingo, 29 de octubre de 2017

Entrevista a Thierry Meyssan

Tras los escándalos de Sarkozy y Lafarge

Aunque la prensa ha dejado de mencionar el Medio Oriente desde la caída de Raqqa, hecho que interpreta erróneamente como la derrota final del yihadismo, los magistrados franceses trabajan ahora sobre dos escándalos vinculados a esa parte del mundo: el presunto financiamiento de la campaña electoral del ex presidente francés Nicolas Sarkozy con dinero proveniente del Guía libio Muammar el-Kadhafi y la supuesta compra de petróleo a Daesh por parte de la transnacional francesa Lafarge, dos casos que no han abordado –al menos hasta ahora– la verdadera sustancia de los hechos.
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Serge Marchand: Dos de los escándalos que usted menciona en su libro Sous nos yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump son actualmente objeto de acciones judiciales en Francia. ¿Puede usted hablarnos de ellos? Comencemos por el presunto financiamiento de la campaña electoral del presidente Sarkozy por parte de la Yamahiriya Árabe Libia.
Thierry Meyssan: Durante la agresión contra Libia, Estado soberano y miembro pleno de la ONU, por parte del Reino Unido, yo creé en Trípoli un grupo gubernamental de trabajo para reunir los temas que podían mencionarse para llamar a París a la reflexión. Reunimos pruebas sobre varios casos –libios, tunecinos y argelinos–, entre los que se hallaba el financiamiento de la campaña electoral con vista a la elección presidencial [francesa] de 2007. En el grupo estaba incluso el funcionario [libio] que entregó personalmente el dinero a los emisarios de Nicolas Sarkozy.
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Fabrice Arfi y Karl Laske [autores del libro [1] que acaba de publicarse en Francia] prosiguieron esa investigación. Como no tuvieron acceso a las pruebas de ese pacto, reconstruyeron en detalle los circuitos de transmisión de esos fondos.
Al contrario de lo que se ha publicado en la prensa, nunca hubo pruebas escritas de ese arreglo, pero existen grabaciones de audio como prueba. Actualmente están en manos de un colaborador del Guía Muammar el-Kadhafi, que logró escapar así a las represalias de la OTAN y que hoy está refugiado en otro Estado africano. Pero sí existen rastros de algunas transferencias de fondos que la justicia podrá verificar fácilmente a partir de las informaciones [que publican] Fabrice Arfi y Karl Laske.
En este caso son legítimas las acciones penales contra Nicolas Sarkozy ya que es cierto que financió ilegalmente su campaña electoral violando el tope de gastos que impone la ley, financiándola con fondos extranjeros y en detrimento de sus competidores. Pero son injustas ya que sólo apuntan contra él y no tienen en cuenta a otro candidato que también recibió fondos de la misma procedencia, aunque sólo recibió la mitad de lo que recibió Sarkozy. Si se aplica la ley, debe aplicarse a todos por igual, en la medida en que existen los elementos que permitirían hacerlo, o dejar tranquilo al señor Sarkozy.
Como ya he declarado públicamente e incluso escrito, Segolene Royal [la candidata del Partido Socialista a aquella misma elección presidencial] cometió la misma infracción, con ayuda del ex presidente del Consejo Constitucional, Roland Dumas…
Serge Marchand: Usted menciona en su libro a Segolene Royal pero no menciona el nombre de Roland Dumas… [2]
Thierry Meyssan: Bueno, pues ya lo estoy haciendo. Después de llegar a un acuerdo sobre eso, el editor de la edición francesa y yo ocultamos los nombres de algunas personalidades francesas para evitar acciones judiciales por difamación. Pero esos nombres aparecen en las ediciones extranjeras. Yo voy a publicarlos en nuestro sitio web [3], lo cual no compromete la responsabilidad jurídica de mi editor. Lo importante es que no se han puesto en tela de juicio los hechos que describí.
En todo caso, yo establezco una diferencia entre Roland Dumas –el militante antiimperialista por quien siento un profundo respeto– y el Roland Dumas aventurero que tenemos que cargar como el preso que arrastrar su bola de hierro.
Vuelvo al tema. No sólo no considero que, en la actual situación, sean justas las acciones legales contra Nicolas Sarkozy sino que, sabiendo que casi todos los demás candidatos también trataron de obtener dinero de otros gobiernos extranjeros –y que se trata de una práctica común desde hace varios lustros–, pienso que fue simplemente más hábil que sus competidores y logró obtener más que ellos. Desgraciadamente, ese sistema es consecuencia de nuestro concepción errónea de la democracia.
Otro aspecto del que nadie habla, y que a mí me choca mucho más, es que, según todos los colaboradores de Kadhafi, el presidente Sarkozy y la señora Royal se comprometieron –los dos– a que después de electos harían que se «anulara» la condena contra Abdullah Senussi en el caso del vuelo 772 de la UTA.
Abdullah Senussi es cuñado de Muammar el-Kadhafi y era el jefe de los servicios secretos internos. Durante la guerra en Chad, en 1989, Senussi ordenó ese atentado, que costó la vida a 170 personas. Trípoli lo consideraba un acto de guerra que no debía por tanto dar lugar a una condena penal. Personalmente, yo pienso, como los magistrados franceses, que si bien fue un acto durante la guerra, no era un acto de guerra ya que estuvo dirigido deliberadamente contra civiles. En todo caso, todos saben que Senussi y yo no nos entendíamos en nada.
Comprometerse a «anular» aquella condena sólo podía significar amnistiar al condenado –lo cual es posible en el plano constitucional, pero no políticamente– o, peor todavía, manipular la justicia francesa –lo cual va en contra de la responsabilidad constitucional del presidente de la República Francesa. Al contraer ese compromiso, Nicolas Sarkozy y Segolene Royal demostraron que ninguno de los dos era digno de ejercer esa función.
Serge Marchand: El segundo escándalo es el de Lafarge [4]. Esa empresa está siendo objeto de acciones legales de parte de varios ex empleados que la acusan de no haberles pagado con regularidad y de haber comprado petróleo al Emirato Islámico (Daesh) [5]. Laurent Fabius [ministro francés de Relaciones Exteriores bajo el presidente Hollande] podría ser llamado a comparecer durante el proceso de instrucción.
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Thierry Meyssan: Ese es otro caso en que nos vemos confrontados a una gran hipocresía. No sé si es la fiscalía quien ha limitado así la instrucción o si son los jueces de instrucción quienes se han recortado las alas, a no ser que todo eso esté manipulado por los acusadores. El problema es completamente diferente.
La fábrica [de cemento] de Yalabiya (cerca de la frontera turca, al norte de Alepo) no funcionaba con petróleo sino con carbón. Durante 2 años, los servicios secretos de Turquía, el MIT, fletaron trenes para abastecerla con carbón.
El diario Le Monde reconoció que, durante 2 años, la fábrica funcionó a toda máquina. Sin embargo, no era posible transportar la mercancía [cemento] a través de aquella zona hacia la zona bajo control de Damasco, se habían paralizado todas las construcciones de tipo civil en la zona bajo control de los yihadistas y no hay exportación hacia Turquía. Entonces, ¿para qué se mantenía la producción y qué pasó con ese cemento?
La respuesta es muy sencilla. Lo utilizaban los yihadistas para construir fortificaciones [6]. Se pasó entonces a una guerra de posiciones, pero no con trincheras sino con bunkers subterráneos. Es una estrategia que describe Abu Mussab al-Suri [«El Sirio»] en su libro de 2004, Management of Savagery [Administración de la barbarie] [7].
La cantidad de cemento que Lafarge produjo en Yalabiya y que entregó a los yihadistas es equivalente a todo el cemento utilizado por el Reich alemán en la construcción de la Línea Sigfrido. Son esos los bunkers que la aviación rusa vino a destruir en Siria con bombas penetrantes.
En 2013, el Emirato Islámico (Daesh) aún no existía bajo su forma de Estado no reconocido. Los yihadistas estaban divididos en múltiples grupos, pero sus operaciones militares las coordinaba de facto el Centro de Mando de las Fuerzas Terrestres de la OTAN (LandCom), con sede en Esmirna (Izmir), en Turquía. Así contaron con los consejos de los ingenieros de la OTAN para la construcción de esos bunkers subterráneos.
Por supuesto, Laurent Fabius fue un actor de esa operación…
Serge Marchand: ¿También está implicado Nicolas Sarkozy?
Thierry Meyssan: No, en lo absoluto. El caso Lafarge comenzó bajo la presidencia de Francois Mitterrand, ex compañero sentimental de Segolene Royal. El presidente Sarkozy había concluido un acuerdo de paz con Siria después de la liberación Baba Amro, donde los yihadistas ya habían proclamado un emirato islámico.
En aquella época, Laurent Fabius y el general Benoit Puga pensaban que Francia y sus aliados derrocarían la República Árabe Siria y pondrían en el poder al general Manaf Tlass [8]. Y el hermano de Manaf Tlass, Firas, era administrador de la fábrica de cemento de Yalabiya.
Serge Marchand: Los dos [Manaf y Firas] son hijos del ex ministro sirio de Defensa, el general Mustafá Tlass.
Thierry Meyssan: En efecto, pero Mustafá Tlass nunca estuvo en contra de la República, ni apoyó a los yihadistas.
Es importante saber que Hillary Clinton fue abogada y posteriormente miembro del consejo de administración de Lafarge y que, en tiempos de Saddam Hussein, esa empresa trabajó con la CIA para transportar ilegalmente armas en Irak y preparar la guerra.
Por supuesto, si los jueces instructores mostraran interés en esos hechos, se estrellarían inmediatamente contra la cláusula de protección de los secretos militares de Francia, única manera de proteger al gobierno de Hollande para que no tenga que rendir cuentas por la guerra que coorganizó en Siria y por sus relaciones con los yihadistas.
Todos esos elementos y muchos más están incluidos en mi libro. Me sorprende que ningún magistrado haya tenido la curiosidad de leerlo.
Serge Marchand: Muchas gracias.
Y si es usted amante del humor involuntario debería leer:
Mediapart : le complotisme au petit pied, Étienne Gernelle, Le Point, 19 de octubre de 2017.
Dicho sea de paso, Étienne Gernelle le debe toda su carrera a Franz-Olivier Giesbert, sucesor de Roland Dumas en la cama de la hermana de Manaf y Firas Tlass. ¡Que pequeño es el mundo!
[1] Avec les compliments du guide, Fabrice Arfi y Karl Laske, Fayard, 2017.
[2] Ver Sous nos yeux, Thierry Meyssan, Demi-Lune, 2017, p. 26.
[3] Red Voltaire
[4] Ibid, pp. 88-90 para ver el punto de vista francés, p. 95 para el punto de vista ruso y p. 250 para el de Estados Unidos.
[5] Los correos electrónicos del Emirato Islámico fueron publicados inicialmente por el sitio web Zaman Al-Wasl y posteriormente retirados de ese sitio antes de la publicación del artículo del diario francés Le Monde sobre el escándalo de Lafarge. Pero se mantienen disponibles para su consulta en el nuestro sitio de la Red VoltaireLafarge-Holcim e-mails”.
[6] «Revelaciones: la yihad de Lafarge-Holcim», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 24 de marzo de 2017.
[7] Management of Savagery lleva la firma de Abu Bakr Naji, que sería al parecer un seudónimo. Los especialistas no logran ponerse de acuerdo sobre la verdadera identidad del autor. Según los expertos de la televisión pública saudita, el autor sería el responsable de Propaganda de al-Qaeda, Abu Jihad al-Masri. Por el contrario, según otros especialistas, como Thierry Meyssan, no se trata de un libro de propaganda sino de arte militar y su autor sería Abu Mussab al-Suri, también autor del libro de 1 600 páginas Llamado a la resistencia islámica global. Este yihadista obtuvo asilo político en Francia bajo la presidencia de Francois Mitterrand y es conocido por haber adaptado la «estrategia de la tensión» a la yihad. Dirigió en Madrid y en Londres el Islamic Conflict Studies Bureau, estructura idéntica a lo que fue Aginter Press (implicada el atentado de la Piazza Fontana, en Italia) en los años 1970. Ibid, p. 118.
[8] Hoy en día, Laurent Fabius es presidente del Consejo Constitucional y el general Puga es Gran Canciller de la Legión de Honor. Ocupan respectivamente los lugares 8 y 17 en el orden protocolar de la República Francesa.

viernes, 2 de junio de 2017

Francia y Bélgica subcontratan eliminación física de sus ciudadanos


Según el Wall Street Journal, Francia y Bélgica están utilizando a terceros, desde hace al menos 7 meses, para asesinar a algunos de sus ciudadanos enrolados en el Emirato Islámico (Daesh).
Según el diario estadounidense, París y Bruselas han entregado a Bagdad una lista de “blancos” prioritarios. Si sobreviven a los combates y llegan a caer en manos del ejército iraquí, las personas que aparecen en esa lista son condenadas a muerte y ejecutadas.
Al igual que los demás países miembros de la Unión Europea, Francia y Bélgica renunciaron hace años a la pena de muerte… oficialmente.
En Irak, miembros de las fuerzas especiales francesas actúan, por cuenta de los gobiernos de Francia y Bélgica, disfrazados de militares iraquíes y utilizando vehículos con las insignias del ejército de Bagdad. Escondiendo así su verdadera identidad, esos miembros de las fuerzas especiales francesas se presentan en hospitales y morgues para recoger muestras del ADN de los posibles ciudadanos franceses o belgas eliminados y compararlos con los que tienen en su base de datos, para mantener actualizada la lista de personas por liquidar.
“France Directs Kills of French Fighters in ISIS”, Tamer El-Ghobashy, Maria Abi-Habib y Benoit Faucon, The Wall Street Journal, 30 de mayo de 2017.

sábado, 13 de mayo de 2017

Elección presidencial en Francia Kadima! En Marche!

por Thierry Meyssan
Luego de haber puesto en la presidencia de la República sucesivamente un agente de la CIA y un lacayo de Qatar, los franceses vuelven a dejarse engañar –por tercera vez–, y en esta ocasión el engaño viene de un producto de la influencia israelí. Aún creen haber ahuyentado el espectro del fascismo votando por un candidato que goza del respaldo de la OTAN, de los Rothschild, de todas las grandes empresas de la Bolsa de París y de los grandes medios de prensa. Lejos de darse cuenta de su error, todavía se hallan bajo los efectos de una hipnosis, de la que probablemente no saldrán hasta el fin de las próximas elecciones legislativas.
Inmediatamente después del anuncio de su victoria electoral, el presidente democráticamente electo de la República Francesa pone distancia entre el pueblo y él. Rechazando todo baño de multitudes, Emmanuel Macron cruza, ostentosamente solo, la explanada del Louvre bajo la mirada de sus partidarios.
El equipo del ahora presidente electo de Francia, Emmanuel Macron, logró poner a los franceses en estado de hipnosis. Con ello impuso la elección –con dos tercios de los votos válidos– de un hombre de sólo 39 años, cuyo partido fue creado en internet hace casi exactamente un año, y que nunca antes se había presentado a ninguna otra elección.
Esta “hazaña” es fruto del equipo de Steele & Holt, una misteriosa firma cuyo nombre hace referencia a la serie de televisión Remington Steele [1], en la que la directora de una agencia de detectives contrata a un ladrón –interpretado por el actor Pierce Brosnan– para que se presente a los clientes como si fuese él el jefe de la agencia.
Ni se moleste usted en buscar quién se esconde detrás de la firma Steele & Holt. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que sus dos principales clientes son la transnacional francesa AXA y la familia Rothschild. Todo el mundo sabe que Emmanuel Macron trabajó para los Rothschild, pero la contribución de estos a la organización de su partido político es un secreto bien guardado. En cuanto al gigante de los seguros AXA, se trata de una gran transnacional presidida por Henri de La Croix, quinto duque de Castries, quien preside también el think tank de la OTAN (el Grupo de Bilderberg), el Instituto del Bósforo (que es el think tank de Turquía) y, en Francia, el Instituto Montaigne (un think tank de derecha).
Por cierto, no está de más recordar aquí que el influyente Henry Kissinger invitó a Macron a la reunión anual del Grupo de Bilderberg realizada en 2014, junto a los también franceses Francois Baroin y Christine Lagarde, directora del FMI.
A través del Instituto del Bósforo se hizo posible detectar y sobornar a diferentes personalidades de derecha y de izquierda que han aportado su respaldo a Macron.
Fue en los locales del Instituto Montaigne donde tuvieron lugar las primeras reuniones de la nueva formación política creada para Macron, que incluso está domiciliada oficialmente en la dirección personal del director de ese instituto.
El nuevo partido francés debe su nombre, En Marche! [“¡En Marcha!”], al hecho que esas dos palabras corresponden a las iniciales de Emmanuel Macron. Si no se habría llamado En Avant! [“¡Adelante!”], que en hebreo sería Kadima!, nombre del partido israelí fundado por el general Ariel Sharon en 2005. Cuando alguien le señaló al viejo general israelí que el nombre de su nuevo partido recordaba el del partido de Mussolini –Avanti!–, Sharon replicó que esa era la orden con la que él mismo solía iniciar cada una de las operaciones que emprendía por iniciativa propia, como cuando invadió Beirut contradiciendo a su estado mayor.
Tanto Kadima! como En Marche! son partidos que se dicen centristas y en cuyo seno se reúnen personalidades tanto de derecha como de izquierda… y todos sabemos cuán “centrista” fue Ariel Sharon, general israelí que creó su propio partido para separarse de Benyamin Netanyahu. Ariel Sharon fue de hecho un colonialista que quería crear un Estado palestino que siguiese el modelo de los bantustanes sudafricanos. El apartheid era para Ariel Sharon la única vía que podía permitir la preservación de Israel. Netanyahu, por el contrario, un talmudista que se niega a aceptar la idea de compartir Palestina con los goyim [2]. Para Netanyahu los goyim deben ser expulsados de Palestina, si no es posible exterminarlos.
Volviendo a la situación política en Francia, seguramente nos enteraremos con el tiempo de por qué Macron quiso romper con el primer ministro socialista Manuel Valls. Por el momento, es notoria la insistencia que Valls está poniendo en tratar de unirse a En Marche!, sólo comparable al poco tacto que ha tenido Macron para rechazarlo observando que un grave conflicto los separa.

El fascismo en marcha

Para impulsar al candidato Macron, la firma Steele & Holt –léase la OTAN y los Rothschild– se apoyaron en las antiguas redes pro-estadounidenses de la Fondation Saint-Simon. Juntas orquestaron todo el show sobre «la amenaza Le Pen», logrando así que muchos electores resueltamente contrarios a Macron acabaron votando por él por temor a un resurgimiento del «nazismo» en Francia. Al no tener gran cosa que reprocharle a Marine Le Pen, le atribuyeron los crímenes de su padre y unas cuantas cosas más.
Esta manipulación demuestra que, en la «sociedad del espectáculo», la forma es más importante que el fondo. Reflexionemos juntos. ¿Cuáles son las características del fascismo? Decreta el fin de la lucha de clases recurriendo al corporativismo que reúne a patronos y obreros en el seno de las mismas organizaciones, decreta el fin de la dialéctica derecha-izquierda gracias a la creación de un partido único y, por consiguiente, decreta el fin de toda forma de oposición, garantizado por el uso de la fuerza.
Si bien la primera de esas características hubiese podido aplicarse a la visión de las cosas que tenía Jean-Marie Le Pen, no es menos cierto que ya no es aplicable a la visión de la sociedad que plantea su hija Marine.
En cambio, la dos primeras características del fascismo anteriormente citadas –fin de la lucha de clases mediante el corporativismo y fin de la dialéctica derecha-izquierda mediante la creación de una formación política– corresponden a la perfección con lo que plantea Macron, respaldado en la elección presidencial por todos los jefes de las grandes empresas de la bolsa de París… así como por la dirección de la CGT, el sindicato más representativo de la clase obrera francesa. El propio Macron no cuestiona la capacidad de los partidos de derecha y de izquierda para defender los valores que consideran suyos… pero llama a los líderes de esos partidos a que se unan al partido que él creó en aras de la defensa de «intereses comunes». De hecho, si la próxima cita electoral prevista en Francia –las elecciones legislativas– se desarrollan conforme a los deseos de Macron, eso será el inicio de la destrucción de la oposición. En todo caso, el unanimismo de la prensa escrita de ambas tendencias a favor del candidato Macron y la campaña desatada contra los sitios web que contradicen ese coro de uniformidad mediática sirven para darnos una idea clara de lo que ya está en preparación.
La Historia se repite. En 1940, los franceses apoyaron al mariscal Philippe Petain creyendo protegerse con ello del nazismo… y fue Petain quien instauró el fascismo. En 2017, acaban de votar por Macron por temor a la «extrema derecha»… y será Macron quien acabe instaurando el fascismo.

Una campaña lastrada por los “escándalos”

Es cierto que algunos electores deben haberse sentido incómodos ante las personalidades –bastante sui generis– de los candidatos y el uso, por una de las partes, de métodos de propaganda nunca vistos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Cuando tenía sólo 15 años, Emmanuel Macron tuvo una relación sexual con su profesora de teatro –23 años mayor que él–, no tardó en vivir con ella y se casaron 15 años después. Marine Le Pen heredó de su padre la presidencia del partido creado por él. Comenzó por limpiar esa formación política, llegando incluso a excluir a su propio padre. Si recurrimos a los términos que utilizan los psicoanalistas, Macron se casó con su madre y Marine Le Pen “mató” a su padre.
Pero lo más importante es que el equipo de Macron no vaciló en acusar a sus rivales de las peores traiciones, y sin la menor lógica pero teniendo la garantía de que los diarios regionales y nacionales –que ya controla en su totalidad– no se atreverían a emitir absolutamente ninguna crítica contra esas acusaciones, a pesar de todo lo absurdas que fueron. El candidato de la derecha, Francois Fillon, se ha visto así convertido a ojos de todos en un ladrón, a pesar de que no se ha comprobado ninguna de las acusaciones de las que fue objeto. Igualmente, Marine Le Pen es vista como la personificación misma del fascismo, aunque no ha defendido nunca las posiciones que se le atribuyen.

Una victoria solitaria

En cuanto se anunció que había sido electo, el futuro presidente Macron pronunció una breve alocución desde su cuartel general de campaña. Dijo unas cuantas banalidades, pero con el aire de gravedad del hombre que siente bruscamente el peso de las responsabilidades que acaban de caer sobre sus débiles hombros. Y luego se regaló a sí mismo un nuevo instante teatral con sus partidarios en la explanada del Louvre. Atravesó París en un cortejo de autos con cristales negros. Luego atravesó a pie, solo e inaccesible, la explanada del Louvre para subir al escenario allí instalado en su honor. Y desde ese lugar, al pie de la pirámide de cristal del museo del Louvre, como Napoleón Bonaparte, pronunció otro discurso, también lleno de lugares comunes pero con un tono encendidamente marcial, cuando él nunca ha combatido con armas. Para terminar, se rodeó de su familia y de unos cuantos militantes para entonar La Marsellesa.
Contrariamente a lo que siempre hicieron todos sus predecesores, Emmanuel Macron no estrechó ni una sola mano en toda esa velada triunfal. Nadie pudo acercársele. Macron no permitió que ninguna de las personalidades políticas que lo apoyaron apareciese junto a él y compartiese su victoria. Para cobrar el premio por haber traicionado sus partidos respectivos, esas personalidades tendrán que incurrir en nuevo acto de traición… aportando nuevamente su apoyo a los partidarios de Macron en las elecciones legislativas de junio.
Sólo entonces, ya con todas las riendas del poder en sus manos, el presidente Macron permitirá que los franceses salgan de la hipnosis. Cuando sea ya demasiado tarde.
¡Adelante, en marcha!
[1] Transmitida en Latinoamérica bajo el título “Con temple de acero”. Nota del Traductor.
[2] Goy, en plural goyim, es el término, peyorativo, que utilizan los judíos para referirse a todo el que no es judío. Nota de la Red Voltaire.

jueves, 4 de mayo de 2017

Elección presidencial en Francia Un debate muy revelador


por Thierry Meyssan
Si hacemos el esfuerzo de ver el debate previo al voto de la segunda vuelta de la elección presidencial francesa en función de lo que supuestamente tenía que haber mostrado –o sea, no los programas sino las personalidades de los dos candidatos–, el debate de este 3 de mayo resultó muy revelador: los franceses se disponen a elegir como presidente para los próximos 5 años a un brillante actor que ni siquiera se interesa en ellos.

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En los debates previos a la segunda vuelta de la elección presidencial francesa, los dos candidatos tradicionalmente renunciaban a la retórica de campaña y asumían una postura de posible presidente. Su objetivo no era tanto explicar una vez más su visión de Francia sino más bien mostrar sus capacidades personales para conformar un equipo, mantener la sangre fría y defender el interés general.
No fue eso lo que sucedió este 3 de mayo de 2017. Marine Le Pen y Emmanuel Macron se enzarzaron en una riña apenas digna de dos vendedores ambulantes, prolongando así ante las cámaras la lucha que ya había marcado sus respectivas campañas.
Esta incontrolable violencia verbal demuestra, a mi memoria de elector, que existe en este momento una fractura sin precedente en la sociedad francesa. Este diálogo de sordos entre sus líderes sólo puede terminar con los electores yéndose a las manos. Se hace cada vez más evidente que Francia será en los próximos años teatro de graves enfrentamientos callejeros, de una revolución o, incluso, hasta de una guerra civil.
Todos conocemos bien el diagnóstico: de un lado, gente acomodada, que trabaja en el sector terciario –o sea, en el sector de los servicios (comercio, hotelería, administración y servicio públicos, turismo, finanzas, ocio, etc.)–, que vive en las zonas centrales de los grandes centros urbanos, consumidora de espectáculos y de animaciones culturales; del otro lado, habitantes de los barrios periféricos o de las zonas rurales, carentes de servicios públicos… y carentes también de perspectivas de futuro. Está también, por supuesto, la gran cantidad de gente que se sitúa entre esos dos polos… y que teme caer en el segundo.
Según la señora Le Pen, sus electores son las víctimas de una disolución progresiva de la Nación y de la República en eso que ha dado en llamarse la globalización. Según el señor Macron, sus electores, al enriquecerse, se han convertido en los vencedores de la modernidad y son, por consiguiente, el ejemplo a seguir.
Los telespectadores, aturdidos por la violencia del debate del 3 mayo, no observaron las cualidades que mostró cada uno de los candidatos.
Marine Le Pen se mostró liberada de su educación de extrema derecha, simultáneamente maternal y severa. Como abogada, se mostró preocupada por la justicia social y puso su talento al servicio de la «Francia de abajo». Carece de la agilidad intelectual que le permitiría brillar en los salones parisinos pero sí mostró una gran capacidad para entender con claridad las situaciones, eliminando instantáneamente el falso brillo y las elucubraciones.
Emmanuel Macron es una mente superior, mucho más inteligente que su rival, a menudo encantador, a veces cortante. Es un hombre de teatro, domina el arte de crear la ilusión. Es una personalidad narcisista, a menudo mal intencionado, desprovisto de escrúpulos e incapaz de sentir remordimiento. Se dedicó a burlarse de su adversaria asumiendo la posición del caballero impoluto que se enfrentaba a una especie de hijo travesti de un monstruo nazi.
Al término de esta larga campaña, incluyendo este último debate televisivo, es probable que el señor Macron resulte electo por la coalición que conforman la «Francia de arriba» y los que viven con la esperanza de pasar a ser parte de ella. Pero nada permite anticipar cómo van a desarrollarse las elecciones legislativas de junio. La lógica según la cual los franceses deberían garantizar una mayoría parlamentaria al presidente que acaban de elegir podría estrellarse contra el despertar de las fuerzas derrotadas en la primera vuelta de la elección presidencial. Así que no hay que excluir la posibilidad de que el encanto se rompa mucho más rápido que lo previsto y que Emmanuel Macron –si resulta electo– se vea obligado de inmediato a tratar de negociar con los derrotados.
En todo caso, tanto si un Macron presidente logra mantenerse solo en el poder como si gobierna asociándose a lo que quede de la formación sucesora de la UMP [el actual partido Los Republicanos] y del agonizante Partido Socialista, lo cierto es que el abismo que ya separa las dos Francia –«la Francia de arriba» y «la Francia de abajo»– seguirá haciéndose cada vez más profundo y más ancho. Los ciudadanos que realmente quieran defender el interés general, o sea la República, no tendrán otra solución que organizarse para resistir, probablemente tras la jefa electa de la oposición, Marine Le Pen, y prepararse para ejercer el poder. Tendrán que admitir por fin que ya no es hora de cortesías fuera de lugar y que la cólera también está en marcha.